Cecilia Blume
Perú21, 18 de junio del 2026
«Los cambios culturales no empiezan con leyes, sino con gestos que se repiten hasta volverse costumbre», manifestó Cecilia Blume.
No hace falta una gran reforma para cambiar el Perú. A veces alcanza con hacer bien cosas simples.
Primera idea: un pin. Propongo que todos los funcionarios públicos —desde la presidenta hasta el último funcionario— usen un pin visible que diga: “Soy funcionario público y estoy a tu servicio”.
Parece un gesto menor. No lo es. En el Perú, el funcionario raramente se siente servidor; se siente autoridad. Y el ciudadano tampoco sabe que tiene derecho a exigir resultados. Cuando el funcionario no recuerda para quién trabaja, decide a su arbitrio, demora sin culpa, ignora sin consecuencias. Los cambios culturales no empiezan con leyes, sino con gestos que se repiten hasta volverse costumbre.
Segunda idea: un sectorista para cada región. Los gobiernos subnacionales tienen un problema crónico: cuando necesitan algo del gobierno central, no saben a quién acudir. El alcalde de una provincia remota llega a Lima, rebota de oficina en oficina, y regresa con las manos vacías.
La solución: que cada ministerio designe a un funcionario de nivel, con capacidad real de decisión, como referente permanente para determinadas regiones, que conozca sus proyectos y autoridades. Que no espere que vengan a buscarlo, sino que los llame. No se trata de crear más burocracia, sino de ordenar la que ya existe para que el Estado llegue al territorio, y no al revés.
Tercera idea: dos o tres prioridades reales, y cumplirlas. El vicio más extendido en la gestión pública peruana es confundir movimiento con avance. Los ministerios producen planes e informes, y al final del año nadie puede decir qué cambió en la vida de alguien concreto.
La propuesta: que cada entidad, empezando por los ministerios, se comprometa con dos o tres objetivos al año, medibles y que de verdad importen. No cuarenta prioridades —que es lo mismo que ninguna—. Dos o tres, y rendir cuentas por ellas. Negociar tratados de libre comercio fue una apuesta así: una decisión sostenida que reorganizó la economía peruana.
Los gobiernos que perduran en la memoria no son los que más actividad generaron, sino los que lograron algo concreto.
Tres ideas. Un pin, un sectorista, dos prioridades reales. No cuestan mucho. Pero requieren algo que en el Perú escasea más que el presupuesto: voluntad para hacer las cosas bien.






