Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
Se cae de maduro el hecho de que nuestra principal falencia es la falta de educación, o su muy bajo nivel. No se necesita ser de izquierdas o de derechas, para coincidir plenamente en el concepto. Sin embargo, la visión de su solución es absolutamente diferente y debemos analizarla.

Escuchar a Roberto Sánchez en campaña electoral decir, que “debemos dotar a nuestros niños y jóvenes de las mejores herramientas”, para enfrentar el futuro; es un pensamiento con quien nadie podría discrepar. Pero, decir a renglón seguido que, “haremos la revolución educativa con ingreso libre a las universidades”, ya es algo que preocupa. Me parece que la demagogia tiene sus límites.
Debemos ser conscientes de la diferencia entre cantidad y calidad educativa, y eso es algo que nunca debemos olvidar. No se debe mentir a la juventud, haciéndole creer que, lograr la formación académica de excelencia que necesita nuestro país, es fácil.
Tenemos que hacerle ver a los niños y jóvenes en formación, que se deben preparar para vivir y competir globalmente, en la era del conocimiento.
Recordar que hay millones de estudiantes y profesionales de altísima calidad en la India, China, Alemania, USA, Singapur, sólo por mencionar algunos países, que se educan aplicando altos niveles de exigencia y con ellos competirán.
Por eso, debemos tener claro que la alta calidad de las comunicaciones a nivel mundial, permite a profesionales de todo el mundo, trabajar globalmente y ofrecer sus servicios compitiendo en calidad, oportunidad y precios, sin importar en qué latitud se encuentren.
Le recordaría al señor Sánchez, el mensaje que se fijó en la puerta de una universidad en Sudáfrica:
“Destruir cualquier nación no requiere el uso de bombas atómicas o el uso de misiles de largo alcance, sólo se requiere de un bajo nivel educativo, ignorancia de su historia y que sus estudiantes hagan trampas en los exámenes y ante cualquier barrera que encuentren en la vida.
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- Los pacientes mueren a manos de esos médicos.
- Los edificios se derrumban a manos de esos ingenieros.
- El dinero se pierde a manos de esos economistas y contadores.
- La humanidad muere a manos de esos eruditos religiosos.
- La justicia se pierde a manos de esos jueces.
El colapso de la educación es el colapso de la nación”.
Por eso, pretender que una oferta electoral se puede reducir a abrir las puertas de las universidades a jóvenes sin preparación, es extremadamente preocupante. Invitaría al señor Sánchez a que, en su próxima cirugía, se someta a las manos de uno de los médicos producto de su sistema. Aunque en estos momentos, ya podemos apreciar el nivel de nuestra educación, por los resultados de nuestros gobiernos nacional, regionales y locales, hospitales y colegios.
Las campañas electorales abren espacios para ofertas exageradas, pero no se debe llegar a la irresponsabilidad de ofrecer lo indebido.
Propongo, más bien, seguir el ejemplo que ha funcionado por décadas en Alemania y con extraordinarios resultados; así:
- Para tener la expectativa de ingresar a la universidad, el alumno debe demostrar, durante toda su vida escolar, un nivel superior de inteligencia y de rendimiento académico. Bajo esas condiciones, tiene garantizado el ingreso a la universidad;
- Quienes no llegan a obtener las calificaciones exigidas, como promedio superior, durante la etapa escolar, jamás ingresarán a la universidad alemana; sin importar lo que pueda estar dispuesto a pagar. La educación universitaria está reservada para una élite intelectual.
- El camino para quienes no tienen acceso a la universidad, es una educación técnica de alta calidad; que los hará altamente demandados por los diferentes sectores económicos, con altas remuneraciones y reconocimiento social.
Hace muy mal el señor Sánchez, ofreciendo que los profesores escolares no tengan que someterse a evaluación académica para lograr ascensos en sus categorías y aumento de remuneraciones.
Hace muy mal, en limitar el acceso de profesionales liberales y miembros de las FFAA y PNP, al derecho de enseñar en los colegios; pues tenemos en ellos un contingente profesional mejor calificado en ciencias, matemáticas, física, química, biología, anatomía y tecnología, que la mayoría de los miembros del magisterio.
Y, peor hace, ofreciendo ingreso automático a las universidades, a tantos egresados que no serán capaces de aprobar un riguroso examen de admisión.
En cambio, debemos abrir las puertas de ingreso automático, a institutos tecnológicos que preparen a los jóvenes para las labores relacionadas a construcción, mecánica, electricidad, electrónica, procesos de fabricación, mantenimiento, sistemas de información y comunicaciones, que tanto requerimos.
Por su lado, debemos tener un claro manejo centralizado de la demanda de cada una de las profesiones y oficios, de modo que no generemos sobreoferta de profesiones no requeridas, quienes terminarían de taxistas frustrados.
Nuestros jóvenes, tienen el derecho de prepararse en profesiones y técnicas que el mercado requiere; y el Estado, tiene la obligación de fomentar y atraer las inversiones que demandarán ese contingente.
No debemos multiplicar el número de universidades de baja calidad, ni abrir las puertas de estas a quienes no estarán en condiciones de competir globalmente.
Esa valla, es “el elefante de la educación que tenemos en el salón”.
Lampadia






