Adriana Tudela
El Comercio, 6 de setiembre del 2026
“Si la Argentina hoy mira al Perú para recuperar el rumbo de la libertad, nosotros debemos mirar nuestra propia historia para recordar que el progreso es posible”.
Esta semana se llevó a cabo en Buenos Aires el evento “Vientos de cambio”, una cumbre internacional que reunió a académicos, empresarios, líderes políticos y líderes de la sociedad civil comprometidos con la libertad en América Latina y Norteamérica, y con darle un nuevo impulso que traiga progreso a la región.
Fue en el marco de la clausura de esta cumbre que el presidente argentino, Javier Milei, señaló que no existe sustituto para las buenas políticas ni para lo moralmente correcto, y que no es posible combatir el populismo con más populismo. Que el camino hacia el progreso es uno solo y que, para continuar con la transformación de la Argentina, es necesario mantenerse en el rumbo hacia la libertad que su gobierno ha trazado.
Este mensaje es muy cierto y lo da en un contexto en el que su gobierno está intentando consolidar muchas de las buenas políticas que implementó mediante reformas legales. Una de ellas es la que busca establecer la autonomía del Banco Central argentino y la prohibición de que este financie al Tesoro Público, lo mismo que se hizo en el Perú durante los 90 y que fue clave para nuestro desarrollo en los últimos 30 años.
De hecho, durante el debate de la medida en la Cámara de Diputados, la izquierda argentina acusó al oficialismo de querer “peruanizar” la política macroeconómica argentina. Por supuesto que para ellos tal afirmación constituye un ataque, pero en realidad, para nosotros, debe ser asumida como un reconocimiento de que en el Perú se hicieron las cosas bien.
Solemos caer en el pesimismo y enfocarnos en todo lo que hemos hecho mal, cuando hay mucho por lo cual sentirnos orgullosos. Nos hemos convertido en un referente, y quizá en el más claro ejemplo a escala regional, de que, efectivamente, no existe fórmula alternativa para lograr la estabilidad y el desarrollo económicos.
Para que un país crezca y se desarrolle de forma sostenible no hay otro camino que el de respetar la libertad de las personas, sus derechos de propiedad, los contratos, tener responsabilidad fiscal y una política monetaria que no dependa de lo político. Y son las políticas e instituciones que respetan estos principios las que mejores resultados dan.
Las reformas que hicieron posible nuestro progreso fueron decisiones políticas concretas que cambiaron las reglas del juego y devolvieron el poder a las personas. Dado nuestro contexto político, es necesario que los peruanos y quienes nos gobiernan seamos conscientes de eso.
Si la Argentina hoy mira al Perú para recuperar el rumbo de la libertad, nosotros debemos mirar nuestra propia historia para recordar que el progreso es posible cuando confiamos en las personas, limitamos el poder del Estado y defendemos las instituciones que garantizan nuestra libertad.






