David Tuesta
Presidente del Consejo Privado de Competitividad
Para Lampadia
El Informe Global de Riesgos 2026 del Foro Económico Mundial (https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/) deja una conclusión difícil de ignorar:

La incertidumbre ha dejado de ser un episodio transitorio para convertirse en una característica estructural de la economía mundial.
La encuesta, realizada a más de 1,300 expertos, muestra que el 50% espera un escenario “turbulento” o “tormentoso” durante los próximos dos años.
A diez años, esa proporción aumenta al 57%.
Apenas 1% imagina un mundo tranquilo.
Pero quizá lo más revelador sea cómo cambia la naturaleza de los riesgos según el horizonte.
Para los próximos dos años la confrontación geoeconómica aparece como el riesgo de mayor gravedad, seguida por la desinformación, la polarización social, los eventos climáticos extremos y el conflicto armado entre Estados.
Es una fotografía muy distinta a la de diez años: allí los tres primeros lugares son ocupados por eventos climáticos extremos, pérdida de biodiversidad y cambios críticos en los sistemas terrestres.
La inteligencia artificial, mientras tanto, pasa del puesto 30 em dos años al quinto en diez años.

El mensaje es potente. Estamos concentrando nuestra atención inmediata en conflictos geopolíticos, tensiones sociales y amenazas tecnológicas, mientras riesgos de naturaleza más estructural continúan acumulándose.
No significa que el cambio climático haya dejado de importar: significa que las urgencias están desplazando nuestra atención hacia otros frentes. De hecho, a diez años, cinco de los diez principales riesgos son ambientales.
La transformación más importante, sin embargo, puede estar ocurriendo en el propio orden internacional.
Proteccionismo, políticas industriales, restricciones comerciales y competencia por tecnologías y recursos estratégicos están reemplazando gradualmente la lógica de cooperación que predominó durante décadas.
Para economías pequeñas y abiertas, esto importa especialmente: probablemente seguiremos teniendo globalización, pero será una globalización más fragmentada, politizada y condicionada por consideraciones de seguridad nacional.
Desde una perspectiva política global, la encuesta indica que un contundente 68% de los expertos anticipa que durante la próxima década prevalecerá un orden multipolar o fragmentado, donde potencias grandes y medianas disputarán y establecerán reglas regionales.
Otro 14% espera un mundo bipolar dominado por la competencia entre dos superpotencias y
12% un nuevo orden liderado por una potencia alternativa.
Apenas 6% cree que se revitalizará el anterior orden internacional basado en reglas y liderado por Estados Unidos.

Todo ello ocurre, además, cuando vuelven a crecer los riesgos económicos. La recesión sube ocho posiciones en el ranking a dos años, al puesto 11; la inflación también ocho, al 21; y las burbujas de activos siete, al 18. A ello se añade una creciente preocupación por la sostenibilidad de la deuda.
Para el Perú, la conclusión debería ser bastante concreta.
Cuanto más incierto y fragmentado sea el mundo, mayor será el retorno de hacer bien las cosas en casa.
Disciplina fiscal, estabilidad macroeconómica, diversificación comercial, instituciones confiables, infraestructura resiliente y capacidad de adaptación tecnológica dejan de ser solamente componentes de una agenda de crecimiento.
Son también nuestra principal póliza de seguro frente a un mundo en el que habrá cada vez menos espacio para equivocarse.
Lampadia






