Fernando Cillóniz B.
CILLONIZ.PE
Lima, 7 de setiembre de 2026
Para Lampadia
¡Y dale con los fracasos totales! Este – el del Sistema de Justicia – sería el quinto fracaso total publicado por Lampadia en las últimas semanas. Recordemos los cuatro anteriores: (1) Educación Estatal, (2) Salud Pública, (3) Compras y Contrataciones del Estado, y (4) Agua Potable y Alcantarillado.
Como se ve, el Estado tiene vela en todos los entierros antes mencionados.
Los Gobiernos Regionales tienen vela en los entierros de la Educación y la Salud.
El Gobierno Central tiene vela en los entierros de las Compras y Contrataciones del Estado; aunque los Gobiernos Regionales y Locales, también.
La vela en los entierros del Agua Potable y Alcantarillado la tienen los Gobiernos Municipales.
Bueno pues, el Sistema de Justicia Peruano también está metido en la colada.
Me refiero a toda la maraña institucional compuesta por la Policía Nacional del Perú (PNP), el Ministerio Público, el Poder Judicial, el Instituto Nacional Penitenciario (INPE), la Contraloría General de la República (CGR), la Procuraduría General del Estado (PGE), y hasta el propio Congreso de la República; todos tienen vela – ¡y qué vela! – en el entierro de todos los delitos habidos y por haber: Crimen Organizado, Lavado de Activos, Colusión, Peculado, Corrupción, Estafa, Robo, Enriquecimiento Ilícito, Narcotráfico, Minería Ilegal, etc. etc. etc.
El súper cuestionado Sistema de Justicia Peruano está desmoronado por varios frentes. Por un lado, están los casos – de dominio público – de fiscales y jueces corruptos; recontra corruptos. Para muestra un botón: los jueces y fiscales embarrados en el caso Los Cuellos Blancos del Puerto. ¡Un asco!
Pero hay más botones de muestra de la corrupción en el Sistema de Justicia Peruano… muchos más. ¿Qué hacía la Fiscal Elizabeth Peralta pelando papas en la casa de las hijas de Chibolín en California, EEUU? Y así por el estilo, estamos atiborrados de historias de fiscales y jueces corruptos. Todos, miembros del Sistema de Justicia de nuestro país.
Entonces, pasa lo contrario a la justicia: la injusticia. ¿Cuántos ciudadanos inocentes han sido condenados injustamente?
Peor aún, ¿cuántos ciudadanos están presos en nuestras cárceles infames, sin siquiera tener una acusación fiscal? Y al revés, ¿cuántos delincuentes sueltos en plaza tenemos en nuestro país? Corrupción, politización, ideologización, indolencia, crueldad… el Sistema de Justicia Peruano hace agua por todos lados.
Sin embargo – valgan verdades – así como hay corrupción, hay también probidad en el Sistema de Justicia Peruano. Y lo mismo ocurre en los demás poderes del Estado. Incluso, en la sociedad civil. Puede parecer extraño, pero es así… la corrupción convive con la probidad. Tal cual la parábola del trigo y la cizaña.
A ese respecto – también, es verdad – muy poco se habla de probidad en el Estado. Todo el mundo – sobre todo la prensa – se refiere casi únicamente a casos de corrupción. Para el común de la prensa – salvo escasas excepciones – todo es corrupción en el Estado. Para ese periodismo escandaloso, farandulero y maledicente, nada hay bueno en el país. Al dios rating le encantan los escándalos.
No obstante, el Sistema de Justicia Peruano también sufre los embates de ciudadanos corruptos.
Me refiero a aquellos lobos disfrazados de corderos – tremendos corruptos y sinvergüenzas – que recurren a cada rato al Ministerio Público para denunciar a los buenos funcionarios estatales, quienes con su accionar honesto y responsable, impiden a los corruptos realizar sus fechorías.
En realidad, se trata de una táctica muy recurrente en nuestro país. Dicho sea de paso, muchos periodistas corruptos están metidos en esta colada.
La táctica consiste en ahuyentar a los buenos funcionarios públicos, denunciándolos maliciosamente por todo tipo de delitos. Delitos que son propios de bandidos de las más bajas estofas. Claramente, el objetivo es alejar a los buenos funcionarios del Estado, para que ellos – los corruptos – sigan haciendo de las suyas.
A ese respecto va una crítica mía al Sistema de Justicia.
¿Por qué son tan permisivos con aquellos personajes – especialistas en leguleyadas y vericuetos judiciales – que se pasan la vida merodeando por los pasillos de los tribunales de justicia, donde presentan todo tipo de denuncias o querellas maliciosas contra funcionarios probos, las cuales – a la larga – terminan archivándose?
Resulta que para archivar dichas denuncias – por más que no tengan sustento alguno – los jueces y fiscales tienen que esclarecerlas previamente… como si les sobrara el tiempo.
Además ¿cuánto cuestan las toneladas de papel y tinta que se consumen en dichos procesos? ¿Cuánto cuestan las horas de horas de interrogatorios que pierden los magistrados y funcionarios denunciados? ¿Cuánto cuestan los atestados que van y vienen por todos lados? ¿Cuánto cuestan las audiencias, citaciones, objeciones, quejas y demás? Y todo por las puras.
Y lo que es peor. ¡Cuántos casos y procesos delictivos reales – crímenes, robos, estafas, vandalismos, corrupción, etc. – quedan desatendidos porque los jueces y fiscales están ocupados en esclarecer denuncias maliciosas!
Conversando al respecto con una fiscal que archivó una de las numerosas denuncias maliciosas que tuve en mi contra, me dijo que cerca del 70% de la carga procesal del Ministerio Público se debe a este tipo de denuncias. ¡No hay derecho!
Distraer – y pretender confundir – a jueces y fiscales con denuncias maliciosas debería constituir un delito de suma gravedad.
Por todo ello propongo profesionalizar (despolitizar) todas las instituciones del Sistema de Justicia Peruano.

Imagen solicitada a Grok
- Validar títulos académicos y certificados de trabajo de todos sus funcionarios (título o certificado trucho… ¡fuera!).
- Someter a todos los funcionarios del Sistema de Justicia a pruebas de evaluación sicológica y de conocimientos (el que sabe, sabe. El que no, a su casa).
- Reclutar sólo a los mejores estudiantes de las mejores universidades (no se aceptan jueces y fiscales de universidades truchas).
- Imponer la meritocracia a todo nivel (cero tarjetazos).
- Medir el rendimiento de los magistrados a través de indicadores de eficacia y consistencia (juez que tarda más de la cuenta, o que falla así o asá en función del procesado… ¡fuera!) …
Y en el caso de los denunciantes maliciosos; aumentar exponencialmente las penas por cada denuncia archivada.
La idea es limitar las denuncias maliciosas en todo el país, proteger a los buenos funcionarios públicos, y liberar al Sistema de Justicia de tanta carga procesal sin sustento.
Estas son propuestas – sólo propuestas – para reformar el malogrado Sistema de Justicia Peruano, y para cortarle las alas a los denunciantes maliciosos… corruptos, hipócritas y miserables.
Lampadia






