Fernando Cillóniz B.
CILLONIZ.PE
Ica, 21 de septiembre de 2026
Para Lampadia
El Producto Bruto Interno (PBI) – o Producción Bruta Interna – de un país crece en la medida que aumenta la inversión. Eso lo sabe cualquiera. A más inversión en carreteras y puertos, más PBI. A más inversión en viviendas, hospitales y escuelas, más PBI. A más inversiones en minería, agricultura, pesca, industria, turismo y servicios, más PBI.

No obstante, lo mejor del crecimiento del PBI viene después de la inversión. Efectivamente, después de todo proceso de inversión vienen las fases de la producción.
La producción de todo tipo de bienes y servicios.
De ahí que la “P” de PBI significa “Producto o Producción”.
Productos que para producirse (valga la redundancia) demandan una variada gama de insumos y servicios.
Sobre todo, servicios de trabajadores: obreros, empleados, técnicos, profesionales, ingenieros, abogados, administradores, financistas, comerciantes, gerentes, directores…
Por eso es bueno que la política promueva las inversiones de todo tipo. Porque – repito – las inversiones generan empleo y desarrollo. Por eso es mala la burocracia estatal engorrosa y corrupta… porque traba las inversiones.
Pero no todo PBI es bueno. Por ejemplo, la inversión en la Refinería de Talara. Un monstruo que demandó una inversión de US$ 6,500 millones (o más) y que quebró a Petroperú.
Además – aunque parezca mentira – las adendas que inflaron los costos de dicho proyecto también aumentaron el PBI… ¡incluidas las coimas y sobornos!
Entonces… seamos sinceros. El PBI de nuestro país está inflado (1) por sobrevaloración de los costos de muchos proyectos estatales, (2) por el pago de coimas y sobornos, (3) por las inversiones en obras inútiles, y (4) por obras inconclusas y abandonadas. Insisto, no todo crecimiento del PBI es bueno.
Pero eso no es todo. A propósito de la clamorosa delincuencia que vivimos los peruanos, todo lo que gastamos en seguridad, también incrementa el PBI de nuestro país: cámaras de video vigilancia, drones, muros perimetrales, torres de vigilancia, armas, empresas de seguridad, etc. todos esos gastos aumentan el PBI.
La pregunta es: ¿cuán productivos son esos gastos en seguridad? Y la respuesta es “cero”. Peor aún: “menos cero”.
En efecto, en cualquier país civilizado, la ciudadanía no incurre en dichos gastos. Ergo, dispone de más recursos para invertir y generar empleo productivo. En cambio, todo lo que los peruanos gastamos en seguridad – léase, una millonada – constituye un gasto prescindible, si tuviéramos el mínimo de seguridad que merecemos los ciudadanos, y que el Estado no nos brinda.
¿Qué hacer frente a tanta inseguridad y podredumbre? Pues corregir – de raíz – la causa de todo este desmadre, el cual ha sido generado por gente corrupta e inepta. ¡No al clientelismo político, porque ahí está la raíz de la corrupción en nuestro país!
Mi diario vivir en el Gobierno Regional de Ica – en el período 2015 / 2018 – fue muy aleccionador. Cuando detectamos un acto de corrupción – cosa que sucedía con frecuencia – el mayor problema estuvo en el mal entendido “espíritu de cuerpo” al interior de la institución.
Resulta que para sancionar a algún funcionario corrupto, tenían que estar alineados (1) la Secretaría Técnica – que es órgano investigador y sancionador de los malos funcionarios – (2) la Jefatura de Recursos Humanos, y (3) la Jefatura inmediata superior del funcionario en cuestión.
Si uno de los tres estamentos administrativos flaqueaba, no había sanción. Aunque eso de flaquear era un decir. Lo que había era corrupción… pura y dura.
No obstante, cuando la trilogía… Secretaría Técnica – Recursos Humanos – Jefatura Administrativa funcionaba como correspondía, la sanción se aplicaba de acuerdo a ley, la disciplina laboral se restablecía con normalidad, y – lo que era mejor – el servicio público mejoraba. Muchos indicadores de servicios y producción regionales – salud, educación, transportes, agricultura, minería, turismo, etc. – pueden dar fe de ello.
Conclusión: Sólo con gente honesta saldremos de este desmadre burocrático y moral. Gente competente, tenemos. Y mucha. No hay que cambiar ninguna Constitución, ni ninguna ley o política pública.
Promovamos las inversiones – sobre todo privadas – en todos los sectores productivos y de servicios.
Incluso, en infraestructura de servicios públicos: carreteras, ferrovías, puertos, reservorios y redes de agua, hospitales, escuelas, y demás.
No creemos más instituciones anticorrupción porque no sirven para nada. Lo único que hay que cambiar es la moral de nuestra gente.
Y rediseñar la estructura funcional del Estado porque lo que tenemos no funciona. Fusionar y reducir el número de instituciones estatales. Sobre todo, ministerios, organismos públicos descentralizados (OPD’s) y municipios distritales. 10 ministerios (o menos), en vez de 19. Ni un OPD. Y 1,000 distritos (o menos), en vez de 1,874. ¡Somos uno de los países con más distritos per cápita del mundo!
Despolitizar al Estado y profesionalizarlo y autonomizarlo… tipo Banco Central de Reserva del Perú (BCRP).
Ningún ministro, gobernador regional o alcalde debe poder designar a ningún funcionario de ningún servicio público especializado: salud, educación, infraestructura, seguridad, etc.
En otras palabras, restablecer la meritocracia en el Estado y respetar la carrera pública…
Lampadia






