La base social de Sendero nunca fue campesina
Sebastião Mendonça
Autor del libro ¿Por qué fracasó Sendero?
Para Lampadia
La izquierda ha sido incapaz de superar sus marcjos mentales. Ese fracaso no le ha permitido incorporar enfoques más objetivos para analizar el terrorismo.

Uno de esos enfoques ha sido el de Samuel Huntington, uno de los científicos políticos más importantes del siglo XX, que en 1968 ya había desarrollado un enfoque útil para estudiar el terrorismo.[i]
Analizando los casos de Myanmar y Tailandia, donde hubo movimientos maoístas, Huntington encontró que la expansión acelerada del sistema educativo generaba un número creciente de población joven que no se identificaba con la sociedad de la cual provenía.
Sus nuevas aspiraciones chocaban con la economía y con la institucionalidad existente, generándose un desencuentro cultural con el statu quo.

Huntington explica que, cuando la educación y el acceso a la información avanzan muy rápidamente y las instituciones son débiles, “el resultado es la inestabilidad política y el desorden” (p. 5). Él propone una cadena causal que en forma muy sintética es la siguiente:
Modernización
> incremento acelerado de la población educada
> nuevas expectativas
> mayores demandas y espacios de participación social
> instituciones débiles incapaces de absorber las nuevas demandas
> expansión del radicalismo político.
Si la economía está en crisis o estancada ese fenómeno se potencia.
Huntington había encontrado que la primera generación de jóvenes educados sentía un gran interés por las ideologías radicales. Él decía: “los primeros elementos de la clase media en aparecer son los más revolucionarios…” (p. 289).
Si nos movemos a Ayacucho, encontramos que la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga había reiniciado sus actividades en 1959. Cuando Guzmán fue contratado como profesor, en 1962, encontró a un rector marxista, Efrain Morote, y un ambiente altamente radicalizado entre los profesores y estudiantes.
El fenómeno educativo no era solo local. Todas las regiones andinas estaban viviendo un proceso explosivo de expansión de la educación. Entre 1960 y 1966 la matrícula secundaria nacional pasó de 158,900 mil a 368,565, un incremento anual de 15% (Contreras y Oliart, p. 46)[ii].
Entre 1960 y 1980 la población universitaria pasó de 30.8 mil a 257.2 mil, un crecimiento anual de 11.2%[iii]. El crecimiento de la población estudiantil en las regiones andinas rurales fue aún más notable.
Mientras ocurría ese incremento acelerado de una generación educada emergente, la economía rural estaba estancada.
Entre 1970 y 1990 el crecimiento anual agropecuario fue inferior a 0.1%. La reforma agraria había destruido la economía del agro peruano. En ese ambiente, la nueva generación de jóvenes no encontraba oportunidades correspondientes a las capacidades logradas con la educación.
En el caso de Perú, se requiere dos elementos más para entender el crecimiento de la base social del terrorismo: La difusión de la ideología marxista y la propaganda anticapitalista del gobierno militar.

En las décadas de 60, 70 y 80, las universidades peruanas fueron invadidas por grupos que promovían el marxismo y la violencia para capturar el poder político.
En Cuba y China los comunistas habían tomado el poder usando la violencia.
La izquierda quería hacer lo mismo en Perú.
Esa oleada ideológica ya había generado movimientos violentos en Brasil (ALN, VPR y VAR-Palmares), Uruguay (Tupamaros), Argentina (PRT y Montoneros), Colombia (FARC y M19), Chile (MIR y MR2), etc.
En el Perú había existido dos movimientos violentos en los 60 (ALN y MIR).
En aquellos tiempos, la violencia política no era vista como crimen sino como algo romántico, consecuente, valiente.
En las universidades públicas de todo el país predominaban los movimientos adoctrinados con los textos de Lenin y Mao Zedong, distribuidos por las embajadas de Rusia y China. Además, la nueva generación estudiantil estaba siendo “educada” por profesores del SUTEP, de Patria Roja, o de las universidades públicas que Sendero controlaba. En una reunión de Dirección Central, en 1982, Guzmán comentó que no faltaban jóvenes provincianos abiertos al discurso de Sendero y que la escasez era de cuadros para captarlos y formarlos.
El gobierno militar también brindó condiciones políticas favorables al crecimiento de Sendero. Desde su inicio lanzó un discurso anti-capitalista y buscó destruir los principales partidos políticos democráticos: APRA, Acción Popular, Partido Demócrata Cristiano, el Partido Popular Cristiano, etc.
Según Velasco, todos esos partidos eran enemigos del pueblo.
Por ello, el gobierno militar lanzó el Sistema Nacional de Movilización Social (SINAMOS) para sustituirlos.
Mientras los partidos políticos democráticos eran atacados, la izquierda marxista tenía todos los elementos para fortalecerse y promover un discurso muy similar al de Sendero Luminoso.
La sociedad peruana estaba sin instrumentos políticos ni ideológicos para luchar contra el terrorismo.
Guzmán se enfocó en los jóvenes y atacó de economicistas las propuestas internas de articularse directamente con el campesinado.
El método principal de captación de militantes de Sendero fue el adoctrinamiento de profesores y estudiantes a través del sistema educativo universitario y secundario.
Guzmán aplicó ese método desde que ingresó a la UNSCH en 1962 y lo mantuvo a lo largo de los 70, 80 y 90. Fue la gran cantidad de jóvenes que eran primera generación educada, el discurso ideológico de la izquierda y la propaganda del gobierno militar lo que permitió a Sendero captar a decenas de miles de simpatizantes y militantes entre la juventud provinciana.
Sin embargo, Sendero fracasó. No se hace una revolución social solo con jóvenes radicalizados. Sin la movilización masiva del campesinado, esos movimientos tienden al fracaso. Lo había escrito Mao Zedong en sus libros y lo había detectado Huntington en sus investigaciones.
En vez de estudiar objetivamente el fenómeno terrorista, la izquierda prefirió inventar una interpretación que reafirmaba sus esquemas ideológicos, y fracasó en producir una explicación con base empírica confiable y que fuera útil para que la sociedad peruana pueda protegerse de un fenómeno similar en el futuro.
[i] Huntington, S. P. (2006). Political order in changing societies. Yale University Press. (Originalmente publicado en 1968).
[ii] Contreras, C. & Oliart, P. (2014). Modernidad y Educación en Perú. Ministerio de Cultura.
[iii] Elaboración propia con información de CONUP, ANR y MINEDU.
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