Uri Landman
Para Lampadia
Durante la campaña presidencial en Argentina hace dos años, se hizo famosa la motosierra que exhibía el entonces candidato, hoy presidente, Javier Milei en sus mítines. Una de sus promesas de campaña, cumplida al momento de salir elegido, fue la eliminación de ministerios y burocracia estatal en Argentina.
El presidente Milei eliminó 13 de los 22 ministerios, despidió más de 30,000 empleados públicos que no tenían ninguna justificación para sus contrataciones y redujo en 30% el gasto del gobierno central. Con la ayuda de estas medidas de ajuste fiscal y otras más, logró reducir la inflación del 300% a menos del 25% anual y bajar el déficit fiscal del 15% del PBI a cero.
Estos logros macroeconómicos han demandado un gran sacrificio en todos los niveles de la sociedad argentina. Por supuesto que no ha sido fácil y todavía falta mucho por hacer, pero el camino de la disciplina fiscal es el único que sacará a ese gran país, de la miseria producida por años de gobiernos corruptos y populistas de Nestor y Cristina Kirchner.
En nuestro país, sufrimos los ajustes de un plan similar durante el primer gobierno de Alberto Fujimori.
Gracias a las duras, pero necesarias medidas tomadas por Fujimori, se redujo la inflación de la astronómica cifra de 7,650% en 1990 a 3.7% en el año 2000. El déficit fiscal se redujo del 15% del PBI hasta casi 0%.
Parte de las medidas que tuvo que tomar Alberto Fujimori fue cerrar o vender cientos de empresas públicas deficitarias que eran un lastre para el país. La burocracia estatal se redujo de manera significativa y se flexibilizaron las leyes laborales para aumentar la productividad y volver al país más competitivo a nivel global.
Lamentablemente los siguientes gobiernos, primero de centro como el de Toledo y García y luego de izquierda como Vizcarra, Sagasti, Castillo, Boluarte, etc, han socavado los principios de libertad económica de los noventas, para llevar al país a los últimos puestos del Ranking de Competitividad Global y al número 56 del índice de Libertad Económica.
Los sucesivos gobiernos apoyados por jueces ideologizados, han convertido nuestra legislación laboral en la más inflexible del planeta, llegando a tal extremo que es imposible despedir a un trabajador que se presenta en estado de ebriedad a su puesto.
Por otro lado, el número de personas que trabaja en el estado ha crecido de una manera obscena. En los últimos 10 años el gasto en la planilla estatal creció de 35,000 millones de soles a la astronómica cifra de 73,300 millones de soles. La cantidad de empleados públicos pasó de 1.3 a casi 2 millones de trabajadores.
Desde esta columna les pregunto: ¿Ustedes sienten que reciben un trato más rápido o mejor servicio cuando van a una municipalidad, ministerio, hospital o a alguna otra dependencia del estado? La respuesta es obvia. Cada vez que tenemos que lidiar con alguna institución del estado solamente recibimos malos tratos, demoras, corrupción y una indiferencia por parte de los “servidores públicos”, que de servidores no tienen nada.
Durante la última campaña electoral, el único candidato que prometió hacer algo al respecto fue López Aliaga. Su plan de gobierno planteó la reducción de los actuales 19 ministerios a 6. Además, ofreció implementar una reestructuración estatal que le ahorraría a las arcas fiscales la suma de 85,000 millones de soles anuales. Esperamos que la presidenta electa, Keiko Fujimori, tome como suya esta reforma estatal, dura pero necesaria, para ponernos en la senda del crecimiento económico.
Urge dar señales claras e inequívocas que todas las entidades del estado tienen que ponerse en línea con el nuevo plan de ajuste fiscal y el primero en hacerlo tiene que ser el Congreso.
En los últimos años, el Congreso de la república se ha convertido en una agencia de empleos para los partidos que tenían congresistas. Para muestra un botón: es vulgar que el área de comunicaciones del Congreso tenga una planilla de casi 130 personas, cuando el trabajo lo pueden hacer 10. Es ridículo que cada congresista tenga 10 ó 15 asesores, que son cargos de confianza elegidos a dedo y peor aún que el congreso tenga un presidente y 3 vicepresidentes con el aumento de más burocracia que ello trae. ¿Acaso no es suficiente tener un presidente y un vicepresidente en el Congreso? ¿para qué se necesitan 2 vicepresidentes más? La respuesta es simple: para tener justificación de más asesores y más puestos de trabajo para los amigos y familiares.
El presupuesto del Congreso de la república se incrementó de 879 millones a 1,768 millones de soles en solo 5 años. El número de trabajadores aumentó de 1,000 a 4,000 personas en las diversas modalidades de contratación. Pregunto: ¿acaso tenemos mejores leyes? A pesar que no es una medida popular bien vista por muchos, es necesario una drástica reducción de la burocracia estatal.
Ya lo decía la Dama de Hierro, Margareth Thatcher: “El Socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero de los demás”.
Lampadia






