Uri Landman
Para Lampadia
Uno de los primeros científicos de la historia en estudiar el movimiento del péndulo fue el italiano Galileo Galilei. Galileo descubrió que la propiedad que hace al péndulo útil para medir el tiempo se denomina isocronismo. Esto significa en términos sencillos, que el periodo del péndulo es aproximadamente independiente de la amplitud o el desplazamiento del balanceo.
El péndulo de la política mundial y en particular en la realidad de Latinoamérica, ha dado una oscilación completa desde la izquierda de principios del siglo XXI hasta lo que vivimos en nuestros días.
Haciendo un breve recuento de los últimos diez años, vemos como uno a uno los países en nuestro lado del mundo han girado hacia la derecha, después de vivir experiencias comunistas y socialistas que han destruido la economía en todos ellos.
Por mencionar solamente algunos ejemplos, tenemos el caso de Argentina que ha girado desde los gobiernos corruptos y empobrecedores de Néstor y Cristina Kirchner al gobierno promercado y libertario de Javier Milei.
En Chile, el socialismo encubierto de Piñeira y el comunismo de Boric, han dado paso al gobierno de José Antonio Kast, quien ha prometido mano dura contra el crimen y reducción del gasto gubernamental.
Los peruanos no hemos sido ajenos a este cambio en el péndulo político, pasando de los últimos gobiernos izquierdistas de Vizcarra, Sagasti, Castillo, Boluarte y Balcázar a elegir una candidata de centro derecha como Keiko Fujimori que promete poner orden al país, incentivar la inversión privada y reducir al estado.
El fin de semana pasado le llegó el turno del cambio a Colombia, en donde salió elegido el candidato de derecha Abelardo de la Espriella, a pesar de todas las maniobras en su contra por parte del gobierno del ex terrorista Gustavo Petro.
En mi opinión, este giro en la política de nuestro continente no hubiera sido posible sin la presencia de Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos.
Sin embargo, Trump no ha significado la presencia de tropas norteamericanas en los países antes mencionados. Hasta donde sabemos no hay marines en Argentina, en Chile o en Perú.
Tampoco hemos visto al ejército de los Estados Unidos invadiendo nuestros países y derrocando a sus presidentes legítimamente elegidos.
El caso de Venezuela, en donde el ejército norteamericano ejecutó una operación impecable para detener a un narcotraficante que hacía las veces de dictador, no se puede usar como ejemplo de intervencionismo americano.
La importancia de la política exterior para Latinoamérica del presidente Trump, radica en la eliminación de Cuba y su proxi Venezuela, como fuentes de financiamiento para los movimientos izquierdistas de la región.
Para aquellos que creen que exagero, basta con recordarles que Chávez, el dictador venezolano le enviaba maletas con dinero a Ollanta Humala para que pueda hacer su campaña política en Perú. Un ejemplo de la intervención cubana en nuestro país fue la presencia del espía cubano Carlos Zamora, “El Gallo Zamora”, quien se desempeñó como embajador cubano en Perú desde diciembre del 2021 hasta noviembre del 2025.
Con el desmantelamiento de USAID, principal canal encubierto de financiación para las ONG de izquierda, el cerco al gobierno comunista de Cuba, la remoción del dictador venezolano y la nueva política de la lucha contra el narcotráfico que emprendió el gobierno norteamericano, los comunistas se han quedado sin dinero para solventar su intento de desestabilizar a los gobiernos de nuestro hemisferio.
En el ámbito local podemos ver claramente cómo se materializa esta falta de recursos. En diciembre del año 2022, luego del fallido golpe del corrupto Castillo y de su vacancia, las marchas convocadas por la izquierda contaron con grandes recursos para financiar las movilizaciones a lo largo del país buscando destruir nuestro estado de derecho. La semana pasada, ahora que ya no cuentan con el dinero de Venezuela, Cuba, Colombia ni Bolivia, la gran marcha de Roberto Sánchez no contó con más de dos mil personas siendo optimista.
Nuevos vientos están soplando en nuestra región. Estos traen libertad, respeto a la propiedad privada, inversión, oportunidades de trabajo y muchas cosas buenas más. No podemos permitir que algunos pocos saboteen esta gran oportunidad que se presenta para salir de décadas de estancamiento económico.
Por nuestro lado debemos exigir a las autoridades que trabajen por el bien del país y no en beneficio de sus intereses personales. No se trata de darles un cheque en blanco por los próximos cinco años. Tenemos que ser parte del cambio y estar siempre vigilantes.
Recordemos la frase del presidente Lincoln: “Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todos el tiempo. Pero no puedes engañar a todos, todo el tiempo”.
No nos dejemos engañar por los cantos de sirena de la izquierda.
Lampadia






