Juan Carlos Llosa Pazos
Expreso, 9 de junio del 2026
Recientemente, escuchaba en redes a un CEO de una importante cadena de hoteles comentar la desastrosa gestión de Roberto Sánchez al frente del Mincetur. Por la contundencia de los argumentos y por la ideología nefasta del camarada Sánchez, no tengo duda de la certeza de cada palabra. Sin embargo, en un país donde la sensatez no suele ser una característica y donde priman la frivolidad y la ignorancia —en todos los estratos—, tal vez sus palabras sesudas y sus advertencias caigan en saco roto.
El odio al fujimorismo es transversal a nuestra sociedad. En los niveles medios y bajos, gracias a un discurso que la izquierda cosmopolita ha sabido inocular, principalmente a los jóvenes, desde hace 26 años, haciéndonos tanto daño. ¡Primero los chilenos que Piérola! ¡Primero Abimael que el chino nazi!
En los niveles medios altos y altos, esto también se replica por ignorancia, esnobismo e idiotez, regularmente con farfulladas infantiles; y, cuando rara vez es con argumentos, estos son muy fáciles de rebatir. Pero aquí la razón no importa: lo que prevalece es el odio irracional. Hay que odiar a la bruja porque así dice el cuento. No importa si el país se va al abismo; vendrán Batman y Robin y nos salvarán, o la Caperucita Roja, quién sabe. De lo que se trata es de que Keiko no sea presidenta. Qué importa si nos hundimos; total, tengo plata en bancos de afuera y me voy a Miami o a Madrid.
Por otra parte, hay que resaltar que los gremios empresariales no se hayan pronunciado ante el peligro del grupo político de fachada caviar, que oculta sus verdaderas intenciones estatistas, dirigistas y antidemocráticas, cuya naturaleza perversa ya conocemos.
¿Cuál es la razón? ¿Tal vez porque el país les vale un céntimo? ¿O tal vez porque aplican la máxima de Deng Xiaoping: no importa de qué color sea el gato, lo que importa es que no se meta con mi plata? ¿O hay tanta ingenuidad como para creerse los tangos de Francke, “el moderado”; del oportunista de Rodríguez Cuadros; o de mi profesor, don Sinesio López? Ya pues.
Ojalá no sea así, porque es una vergüenza que no se escuchen sus voces, que son necesarias en este momento crítico para el futuro del Perú. Algunos líderes empresariales deberían seguir el ejemplo del CEO de Casa Andina. Existen muchas maneras. Menos Fenicia y más patriotismo. No hace mal, no cuesta dinero.
Queda poco tiempo. Después será muy tarde porque tal vez, y ojalá no sea así, los camaradas del Movadef pongan la música a partir del 28 de julio que viene.






