Sebastian Arcuri
El Comercio, 30 de setiembre del 2026
“El Perú ha demostrado gran capacidad para superar crisis de distinta naturaleza. Esa resiliencia forma parte de nuestra historia reciente. El desafío hacia adelante es convertirla cada vez más en una ventaja competitiva”, escribe Sebastián Arcuri, EVP, Country Head Perú & International Banking Retail Head de Scotiabank.
Cuando hablamos del fenómeno de El Niño, la conversación suele centrarse en infraestructura, logística o producción. Son temas fundamentales. Pero hay una dimensión que recibe menos atención y puede marcar una diferencia en la capacidad de recuperación de empresas y economías: su continuidad operativa frente a una interrupción.
Las economías más resilientes entendieron que gestionar riesgos no consiste solo en prevenir impactos. Implica construir capacidad para recuperarse rápidamente. En mi carrera he trabajado en países expuestos a inundaciones, tifones, terremotos y otros eventos, y he comprobado que la resiliencia no depende de enfrentar menos riesgos, sino de incorporarlos en las decisiones de inversión, financiamiento y planificación.
Singapur y Japón ofrecen buenos ejemplos: desde realidades distintas, han desarrollado por décadas capacidades para seguir operando ante eventos extremos. Su experiencia demuestra que la resiliencia no empieza cuando ocurre la emergencia, sino antes. Esa conversación adquiere más relevancia en un entorno donde las empresas enfrentan simultáneamente riesgos operativos y cambios en las condiciones financieras globales. Un evento climático puede poner a prueba la capacidad productiva y puede generar cambios en las tasas de interés, costos de financiamiento o liquidez y la capacidad de adaptación. La resiliencia exige prepararse para todo.
Durante años hemos asociado la preparación frente a desastres con la capacidad de responder a una crisis. Sin embargo, ante eventos climáticos más frecuentes e intensos, vale la pena ampliar la conversación hacia la capacidad de sostener la actividad económica durante esas interrupciones.
Porque cuando una empresa enfrenta una disrupción prolongada, el desafío no siempre es reconstruir un activo físico. También consiste en preservar su operación mientras ocurre la recuperación: cumplir con trabajadores y proveedores, mantener inventarios, honrar compromisos financieros, conservar clientes y contar con liquidez.
En los últimos meses, más empresas están incorporando estas preguntas en su planificación. La conversación está evolucionando. Ya no se trata solo de financiar expansión, sino de fortalecer la capacidad de adaptación frente a escenarios más complejos e inciertos.
Eso exige nuevas herramientas y una estrecha colaboración entre empresas, sistema financiero y sector público, así como reconocer que la continuidad de una empresa, además de importar a accionistas, impacta en cadenas de suministro, empleo, comunidades y economías regionales.
El Perú ha demostrado gran capacidad para superar crisis de distinta naturaleza. Esa resiliencia forma parte de nuestra historia reciente. El desafío hacia adelante es convertirla cada vez más en una ventaja competitiva.
Porque las economías más exitosas no solo crecen, sino que también desarrollan la capacidad de seguir avanzando cuando enfrentan un shock. Y en un mundo más expuesto a disrupciones, esa puede ser una de las fortalezas menos visibles, pero más valiosas, para construir desarrollo sostenible y confianza de largo plazo.






