Iván Arenas
Perú21, 4 de setiembre del 2026
“No hay una línea argumental, un alineamiento que ordene la actuación política del Gobierno, sobre todo de los ministros”.
Ha sido, la reciente semana para el Gobierno, una ráfaga de días que pueden servir como aprendizaje o simplemente para el olvido. La racha de yerros, indecisiones y falta de coordinación interna en el Gobierno empezó el domingo de madrugada cuando ocurrió otro crimen en el centro de Trujillo, la meca de la minería ilegal y —hasta terminar esta columna— esta racha continúa. Todo lo anterior borra las iniciativas que el Gobierno avanza, por ejemplo, la consecución de una oficina de planeamiento estratégico en el seno del Ejecutivo o de los trabajos que se hacen a todo vapor en el marco de la atención a los lugares críticos posibles afectados por el fenómeno de El Niño.
Si en el Ejecutivo hay lugar para el aprendizaje de todo lo vivido estos días, entonces Keiko Fujimori se dará cuenta de que el poder castiga el vacío y debe recordar bien aquello que dijo Maquiavelo que solo un ministro es bueno si piensa siempre en el Estado y en el Príncipe. Observe todo lo sucedido en estos días y se dará usted cuenta de que el daño a Keiko ha sido gratuito, más cuando la presidenta tiene un incansable estilo de trabajo; sin embargo, no es acompañada por la otra parte de la estructura del poder que son los ministros, comenzando por el propio PCM.
El crimen en Trujillo y la posterior actuación de los jefes policiales y ministros; las idas y venidas en el MEF sobre que los ahorros pagarían impuestos, el tema del LUM, la reducción de ministerios, las declaraciones del ministro Juan Sheput sobre Arriola y la respuesta de Pier Figari felicitando al mismo Arriola. Junte usted todo dentro de un marco general y se dará cuenta de que todo está desconectado porque no hay nadie quien conecte, no hay una línea argumental, un alineamiento que ordene la actuación política del Gobierno, sobre todo de los ministros.
Se empieza a notar entonces cierto nerviosismo en una parte del Gobierno. No en Keiko Fujimori, que ha asumido su trabajo con fuerza desde el primer día, sino en la otra parte de la estructura del poder. Es un nerviosismo a equivocarse y a cometer errores supinos, básicos; nerviosismo que puede llevar a paralizar al Gobierno.
Lo rescatable de todo es que la oposición está peor. Observen al frente y verán que tampoco hay línea política. Esperan los yerros del Gobierno para opinar y lo hacen mal. Juntos Por el Perú pasa por una crisis interna, Obras está a un paso de disolverse y López-Chau y Nieto solo observan porque no quieren cometer dislates que lastimen sus liderazgos en sus respectivos partidos.
Esta semana podría ser de aprendizaje si Keiko Fujimori asi lo desea.






