Domingo García Belaunde
Perú21, 26 de agosto del 2026
«En la Constitución de 1933 solo se aceptó el voto de la mujer en las elecciones municipales. Pero estas elecciones no existían y solo votaron en 1956».
En estos tiempos, entiendo que es bueno recalcar el papel de la mujer, sobre todo en este país de tradición machista, y recordar fechas para tener una idea clara de que la mujer, además, es compañera y no sierva, como dice el ritual litúrgico. Con los años hemos visto la irrupción de la mujer en el mundo político —desde 1956— y también en el empresarial y generalmente con éxito. Pero no siempre fue así. Quiero recordar por eso un debate constituyente en enero de 1932,cuando se discutía la introducción en la futura Carta de 1933 del voto a la mujer, que curiosamente solo se dio décadas después, durante el gobierno de Odría.
En esos predios constituyentes hubo un interesante debate sobre el tema. El presidente Sánchez Cerro estaba a favor del voto a la mujer, pero sin éxito. Una postura interesante es la del Apra, que se pronunció a favor del voto únicamente de la mujer trabajadora, con lo cual el ama de casa, típica de la clase media y alta, estaba fuera. Por el lado contrario, el gran defensor del voto a la mujer sin restricciones era Víctor Andrés Belaunde. Esto motivó un interesante debate entre este y algunos destacados miembros del Apra, que defendiendo el voto a la mujer trabajadora, señalaban que las demás, o sea las que no eran trabajadoras, eran “muñequitas”. Esto provocó una respuesta de Belaunde, que es la siguiente:
“Oí, entre asombrado y dolido, que las que trata de excluir del voto son las que llama el señor Heysen “muñequitas”. Descubro no sé qué complejo de su partido respecto de ellas (risas). Pero yo sé que son estas “muñequitas” las que acompañaron a la señora Juana Alarco de Dammert en su magnífica obra de la cuna maternal. Estas “muñequitas” mantuvieron la industria femenil; ellas sostienen las sociedades de San Vicente de Paul; y ellas enseñan a la gente desvalida y pobre el catecismo fundado en el Evangelio eterno. (Aplausos)”.
Los tiempos han cambiado, pero conviene recordar lo que pasó. En la Constitución de 1933 solo se aceptó el voto de la mujer en las elecciones municipales. Pero estas elecciones no existían y solo votaron en 1956. Lo que demuestra que la batalla por los derechos de la mujer ha sido larga, y diría que continúa.






