Andrés Balta
Perú21, 27 de agosto del 2026
«Singapur no esperó a que las empresas privadas resolvieran su fragmentación y construyeran su ecosistema».
Asistí al desayuno “El caso de las inversiones realizadas en el Puerto de Chancay y el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez” de Bullard Falla Ezcurra +. Lo disfruté. Había escuchado una conversación de personas inteligentes y comprometidas con el Perú.
Entre los estímulos del conversatorio conecté con el rol del Estado ante la fragmentación de las inversiones privadas y frente a su labor de conexión de las personas del Estado con los particulares para desarrollar concesiones e inversiones en infraestructuras.
¿Quién y qué explican bien esto? Lo hacen Singapur y su “milagro petroquímico”. El tigre asiático no ganó porque tuviera petróleo o gas barato. Lo hizo porque convirtió su ubicación, infraestructura, Estado y capacidad logística en una ventaja industrial integrada. La genialidad de Singapur no fue crear fábricas aisladas, sino un ecosistema.
Singapur tomó siete pequeñas islas y las convirtió en una plataforma industrial de unas 3,000 hectáreas. Allí concentró refinerías, crackers, petroquímicas, fabricantes de químicos especializados, almacenamiento, utilities, terminales portuarios y logística.
Hoy Jurong Island alberga más de 100 empresas internacionales y ha atraído más de 50 mil millones de dólares de inversión.
La clave económica es la integración vertical y horizontal: petróleo/gas → refinería → nafta/etileno/propileno → petroquímicos → polímeros → químicos especializados. Los subproductos de una empresa se convirtieron en materia prima de la otra.
Eso redujo simultáneamente: transporte, almacenamiento, inventarios, consumo energético, tiempos de producción y costos de servicios auxiliares y desarrolló conjuntamente uno de los grandes puertos del mundo, almacenamientos de petróleo y productos químicos, terminales especializados y una relación de servicios de todo tipo.
El complejo tiene más de 100 kilómetros de tuberías, lo que permite que las empresas estén físicamente conectadas.
Singapur se dijo: “Si no puedo controlar el costo de la molécula, voy a controlar el costo total y la confiabilidad de convertirla, moverla y venderla”.
Singapur no esperó a que las empresas privadas resolvieran su fragmentación y construyeran su ecosistema. El Estado de Singapur: adquirió y transformó terrenos; creó Jurong Island; construyó carreteras, muelles y tuberías; proporcionó utilities; creó condiciones regulatorias estables; salió agresivamente a buscar multinacionales; coordinó inversiones de empresas diferentes; y desarrolló talento especializado.
La frase “Primero fue el verbo y el verbo se hizo carne” resume cómo Dios se convirtió en un ser humano a través de Jesucristo. Los verbos del título de este artículo se hicieron carne en Singapur, reafirmando el reino de Dios en la tierra, que Él es amor y que fuimos y somos creados a su imagen y semejanza.






