EDITORIAL DE LAMPADIA
El JNE ni siquiera pudo empezar el debate a tiempo. Se demoró 17 minutos por “problemas técnicos”, y luego los conductores agregaron un prolegómeno de 7 u 8 minutos.

Simplificando, fue un debate en el que Keiko Fujimori enumeró propuestas concretas en todos los temas y su oponente, Roberto Sánchez, priorizó ataques usando para ello todos los mitos de la narrativa antifujimorista que se han ido construyendo en los últimos años, justamente para cosechar el voto antifujimorista.
Hay indecisos que no quieren votar por Roberto Sánchez pero que han sido o son relativamente receptivos al relato de que Keiko Fujimori es genéticamente autoritaria, pese a que ella, a diferencia de su padre, formó un partido político e impulsó una reforma como la bicameralidad que eleva la calidad de la democracia.
Sánchez, sin embargo, llamó a “recuperar la democracia acabando con la dictadura congresal dirigida por usted que ha tomado el sistema de justicia en los últimos diez años”, cuando en realidad ella ha sido víctima de una justicia politizada que la encarceló casi dos años por algo que no era delito, y que fue lo que la estigmatizó como corrupta sin haber manejado un sol del Estado.
La narrativa de las leyes procrimen no tuvo prácticamente respuesta pese a que en general esas leyes repararon extremos legales que permitieron muchos abusos en la colaboración eficaz, en la incautación de activos, etc.
Sobre esta muletilla, Keiko ofreció formar una comisión de instituciones representativas y de personajes notables, para revisar la calidad de ese paquete de leyes.
La única ley realmente procrimen es la que prorrogó el Reinfo que, por supuesto, fue entusiastamente promovida por Roberto Sánchez.
Sánchez si reiteró sus amenazas al sector productivo, habló de una ‘democratización de las concesiones mineras’ y de una ‘nueva minería social’, que fue la manera de encubrir la propuesta de revisar concesiones mineras, algo que está claramente expresado en un proyecto de ley impulsado por él en este congreso.
Así mismo, Sánchez habló de agregar valor a la producción minera (“exportamos piedras”) y a las agroexportaciones, demostrando no solo un gran desconocimiento, sino, con otros términos, amenazar con desbaratar su aporte productivo y llevarse de encuentro millones de empleos y la mayoría de los recursos de las regiones. Atacó a los agroexportadores.
En el tema económico quizá Keiko Fujimori no aprovechó para hacer notar la contradicción entre el discurso actual de Sánchez y su plan de gobierno.
Pero, pese al aparente cambio de discurso, quedó claro que Sánchez subirá impuestos y atacará a lo que llamó monopolios y oligopolios, fuera de que no sabemos hasta dónde llegara lo que llamó la segunda reforma agraria.
Repitió falsedades tales como que este Congreso le ha quitado el derecho al referéndum al pueblo peruano. La Constitución es muy clara: el referéndum solo procede luego de ser aprobado por el Congreso. Pero Sánchez quiere el referéndum directo para convocar a una asamblea constituyente, algo de lo que no se ha desdicho y que Keiko no se lo recordó. Y ya sabemos para qué sirven las asambleas constituyentes.
Repitió el argumento de Castillo de que la Constitución debe ser modificada para que la salud sea un derecho y no solo un servicio, cuando el artículo 7° de la Carta Magna dice claramente: “Todos tienen derecho a la protección de su salud, la del medio familiar y la de la comunidad…”.
Rompiendo con la organización del Estado, Sánchez afirmó que para combatir la inseguridad, llamará a las rondas y a la “población civil organizada. Eso no es ‘seguridad ciudadana’, eso es ‘poder popular’, la herramienta política con la que Chávez controló a la población en Venezuela.
Ante el pedido de Keiko, Sánchez no quiso deslindar con Antauro Humala, lo que hace temer su dependencia con el asesino de policías.
El hecho de que Keiko Fujimori haya sido menos agresiva que Sanchez -sin dejar de lanzar dardos muy eficaces- y se haya concentrado en propuestas para mejorar la vida de los ciudadanos, la ha mostrado en un nivel de estadista mucho mayor que su oponente. Ha podido dar una imagen de serenidad y de capacidad de diálogo y apertura reforzada por el anuncio de incorporaciones como la de Rafael Belaunde Llosa a su equipo.
Quizá lo mejor de su participación fue el cierre, con un tono personal y efectivamente convocante para sacar adelante el país.
Lampadia






