Sebastião Mendonça
Autor del libro ¿Por qué fracasó Sendero?
Para Lampadia
Dedico este artículo a las 117 víctimas de la masacre de Soras,
Ayacucho, cometida por Sendero Luminoso en julio de 1984.
El Perú logró derrotar a Sendero. Esto es un hecho histórico que merece ser muy celebrado.
Sin embargo, esa victoria no está siendo reconocida en todo su significado.
Los jóvenes merecen sentir orgullo por la capacidad del Perú de derrotar al terrorismo.
Los familiares de la víctimas merecen recordar que el monstruo que asesinó a sus seres queridos ha sido derrotado.
Pensemos, por un momento, ¿cómo sería el Perú hoy, si Sendero hubiera triunfado?
La vida en Corea del Norte podría darnos una idea de cómo estaríamos bajo un gobierno de Sendero Luminoso, sin hablar del camino indescriptible de masacres y violaciones de Derechos Humanos que ellos habrían sembrado para tomar el poder.
Con la derrota de Sendero, el Perú recuperó el derecho a vivir en paz, acabó con la violación sistemática de los Derechos Humanos, y recuperó el futuro para las nuevas generaciones.
Muchos creen que esa derrota fue solo militar, pero no es así. La derrota de Sendero fue más que militar. La derrota de Sendero ha tenido tres dimensiones: militar, política e ideológica. Esas tres dimensiones están muy interrelacionadas, pero cada una merece un análisis particular. En algunas, su derrota fue más severa, en otras están inconclusas.
Si queremos que nunca regrese el terrorismo, necesitaremos culminar todas ellas. Voy a tratar las dos primeras en este artículo. Es en el tema ideológico que Sendero fue menos derrotado. En el futuro veremos porqué.
La derrota militar
Para tratar la cuestión militar es necesario aclarar que Sendero ha centrado su accionar en el terrorismo, buscando efectos espectaculares. Ha realizado más de 15 mil atentados obligando al Estado a declarar el estado de emergencia en 12 regiones y en el Callao (ver mapa).

Sin embargo, su capacidad de acción militar era mucho menor que las áreas señaladas en el mapa y Sendero no logró establecer zonas liberadas estables, fuera del VRAE. Guzmán hablaba de 5,788 militantes armados, pero hay quienes creen que eran mucho menos.
Su derrota militar fue gestándose desde el comienzo, pero se desencadenó en 1988, cuando el Ejército estableció una nueva doctrina de guerra contrasubversiva y buscó hacer una alianza con las comunidades.
La Fuerza Armada, en alianza con los campesinos, logró poner a Sendero a la defensiva en las zonas rurales del país donde tradicionalmente dominaba.
Sus acciones terroristas se incrementaron en Lima a inicios de los 90, pero se derrumbaron rápidamente por el trabajo de inteligencia del GEIN.
En 1993, cuando Guzmán solicitó un acuerdo de paz al gobierno de Fujimori. Su derrota militar ya era severa. Su organización estaba destruida, y solo sobraban algunos grupos en zonas de selva y de presencia de narcotráfico, grupos dispersos no representaban una amenaza más allá de zonas localizadas.
La derrota política
Es importante entender esta dimensión de la derrota senderista porque la derrota política fue lo que facilitó la derrota militar. Los primeros dos años de Sendero fueron políticamente exitosos y su influencia sobre la población urbana y rural ayacuchana creció. El entierro masivo de la terrorista Edith Lagos ilustra ese auge.
Su suerte comenzó a cambiar a fines de 1982, cuando Sendero intentó imponer a las comunidades la colectivización de la producción, el fin de la comercialización de sus productos, el control de las comunidades por comités populares y la entrega de los hijos al partido.
Su objetivo era dominar las comunidades para crear zonas liberadas y controlar parte del territorio nacional.
El rechazo de las comunidades fue tajante.
Sendero reaccionó incrementando el asesinato de líderes y pasando a masacres de comunidades enteras. Sin embargo, los campesinos sostuvieron su oposición, y Sendero fracasó en su intento de crear zonas liberadas.

Con su resistencia heroica, los campesinos derrotaron un componente central de la estrategia senderista, manteniéndolos vulnerables en las zonas rurales y forzándolos a instalar el núcleo de su dirección política en Lima, un territorio controlado por sus enemigos. En 1992, este fracaso de Sendero tuvo consecuencias mortales.
En 1991, cuando Guzmán hablaba de empate estratégico, una encuesta de IPSOS, en Lima, mostraba que 83% de la población estaba contra de Sendero y solo 7% estaba a favor. El rechazo a Sendero era un sentimiento hegemónico de los ciudadanos, 11 de cada 12 personas rechazaban a Guzmán, y cada día se incrementaba más ese rechazo.
A pesar de las situaciones difíciles que vivía el Perú, Sendero nunca logró fracturar a la institucionalidad del país ni dividir a la población peruana.
El 12 de septiembre de 1992, cuando Guzmán cayó preso, fue sentido masivamente como un momento de victoria nacional, tanto en Lima como en todos los rincones de los Andes. Hasta hoy esa fecha es considerada el día en que se salvó el Perú.
La creación del delito de apología del terrorismo en 1991 con el D.L. 631, su reforzamiento en 1992 con el D.L. No 25475, y su endurecimiento en 2017 con la Ley No 30610 son expresiones jurídicas de la derrota política de Sendero. El fracaso del intento de Guzmán en crear su partido político legal, el MOVADEF, el 2009, fue también expresión de su derrota política.
Pero, su derrota política no fue total quedaron terroristas libres y muchos otros fueron liberados después del 2001, posibilitando la reconstitución de un núcleo de dirección y de una red de activistas.
Todos esos años Sendero ha buscado resurgir retomando sus estrategias de los 70 y aplicando nuevas.
Una de las más efectivas ha sido la creación de un grupo (CONARE) en el sindicato de profesores SUTEP y la otra fue infiltrar en los partidos de la izquierda radical, logrando este año elegir congresistas a través de Juntos por el Perú. Por primera vez, tenemos senderistas como miembros del congreso nacional.
El próximo artículo será sobre “Quienes derrotaron a Sendero”.
Lampadia






