Sebastião Mendonça
Para Lampadia
Este domingo, Brasil giró a la derecha.
En la votación presidencial, Flávio Bolsonaro del Partido Liberal (PL) obtuvo 47% de los votos y Lula da Silva del Partido de los Trabajadores (PT) obtuvo 45%, una diferencia de 2.2 millones de votos a favor de Flávio. Una cantidad de votos sumamente difícil de superar para el candidato de la izquierda.

Veinte estados ya definieron sus gobernadores correspondientes a 84% de la población de Brasil.
De los gobernadores de esos Estados, la derecha y centroderecha tienen 11, el centro tiene 6 y el PT tiene 3.
De los gobernadores del PT, solo Bahia es poblacionalmente importante, con 14.9 millones de habitantes.
Ceará y Piauí son estados menores.
Los tres estados en que ganó el PT viven una época política más atrasada, parecida a la primera mitad del siglo XX.

En las cámaras federales, tanto en el Senado como en diputados, la derecha tiene números favorables.
En el Senado tiene 60.5%, mientras la izquierda tiene 19.8%, y en los diputados federales la derecha tiene 55.2% y la izquierda tiene 20.3%. Ello significa que, si Flávio gana, él va a tener mayoría para hacer las reformas que desee. Su padre nunca pudo contar con la mayoría en ninguna de las cámaras.

Todavía falta la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, pero Flávio Bolsonaro es el favorito en el mercado de apuestas de Polymarket. Los apostadores giraron en forma radical el domingo, y se han mantenido relativamente estables el lunes.
En los momentos en que escribo este artículo las apuestas están 83.5% favorables a Flávio Bolsonaro y 17% favorables a Lula da Silva.
Las encuestadoras, con pocas excepciones, daban resultados favorables a Lula en la primera vuelta. DataFolha, la más reconocida, le daba 3% a favor de Lula. El lunes en la mañana, Lula declaró que creía que ganaría en la primera vuelta. Su sorpresa y desconcierto, ante los resultados de las urnas, fue total.
Para captar el significado político de estas elecciones vale la pena recordar que Lula gobernó el Brasil de 2002 a 2010, en dos mandatos y terminó su segundo mandato con 80% de aprobación y luego logró elegir a Dilma Rousseff, ex-militante del grupo terrorista VAR-Palmares como presidente.

Dilma Rousseff gobernó Brasil del 2010 a 2016, cuando fue vacada después de provocar la peor crisis económica de este siglo en el Brasil, cuando la economía mundial estaba estable. Michel Temer, un aliado del PT, gobernó del 2016 a 2018. Temer tuvo el acierto de aprobar la independencia del BCRB.
Jair Bolsonaro gobernó el Brasil de 2018 a 2022. Bolsonaro tenía un discurso conservador muy radical y poco sensato, pero su gobierno fue moderado. Él no tenía control del legislativo y la pandemia coincidió con la mitad de su mandato. Su elección fue una manifestación del debilitamiento del PT y de la izquierda, pero en 2022, con la intervención abierta del Supremo Tribunal Federal (STF) y del Tribunal Superior Electoral (STE), Lula regresó a la presidencia de Brasil. Sin embargo, la población siguió girando a la derecha.
Considerando el actual período de Lula, podemos decir que la izquierda gobernó el Brasil durante 20 de los 26 años de este siglo.
Su líder histórico fue Inácio Lula da Silva, un migrante del noreste brasileño y exlíder sindical. Que emergió en la política justo cuando los militares estaban entregando el gobierno a los civiles, 1985.
Lula está terminando su carrera política, y su partido, el PT, no tiene sustitutos viables.
La izquierda, fuera del PT, no evidencia la existencia de líderes jóvenes con potencial electoral. Sin Lula, el PT no tiene un candidato con potencial y fuera del PT tampoco.

Si Lula es derrotado en estas elecciones, como parece ser lo más probable, la izquierda brasileña va a tener grandes dificultades para recomponer sus fuerzas.
Si Flávio Bolsonaro gana las elecciones, él va a tener que encarar los problemas fiscales del país.
La deuda pública brasileña es cerca de 98% del PBI de 2026, según el FMI.
El gobierno estima en 83%, pero las estimaciones brasileñas son poco confiables.
La tasa de interés referencial, del Banco Central (BCRB) es de 13.5%, incrementando enormemente el costo del crédito y de la deuda pública.
El déficit fiscal total a fines de 2026 será de 8.2% del PBI.
La reducción de los gastos es indispensable, pero la normatividad brasileña hace que el 90% del gasto federal sea obligatorio, impidiendo que el ejecutivo recorte los gastos en forma significativa sin realizar cambios legales e incluso constitucionales.
Flávio ha prometido bloquear el aumento de impuestos que Lula ya tenía previsto para el 1º de enero de 2027 y revertir una serie de medidas favorables a la burocracia estatal adoptadas en los últimos meses. Además ha prometido una política fiscal responsable. Esas promesas, si él ingresa al Palacio de la Alvorada, van a impactar en el riesgo país en forma inmediata.
La victoria de Flávio en la primea vuelta con los 2.2 millones de votos de ventaja sobre Lula, ya ha tenido un impacto en la bolsa de valores.
Entre el viernes 2 y el lunes 5 de octubre el índice Bovespa ha subido 12%.
El dólar ha caído de 5.21 reales a 4.97 reales, evidenciando el optimismo que se ha generado en los sectores empresariales del país.
El impacto ideológico también se va a notar. Brasil, por más de dos décadas, ha apoyado las corrientes de izquierda en América Latina. A partir de ahora dejará de exportar su tecnología de marketing electoral [y su intervencionismo político corruptor] como hizo con tantos países de la región incluido el Perú, apoyando a Ollanta Humala y a Susana Villarán.
Lampadia






