Jaime de Althaus
Para Lampadia
Las elecciones subnacionales realizadas el domingo pasado han dejado algunas conclusiones.
La primera es que la izquierda ha reducido su presencia en el territorio en comparación con la elección nacional. Gana solo en 3 regiones: Cusco, Puno y Madre de Dios. Aunque Ahora Nación queda segunda en Apurímac, Tacna y Puno a la espera de la segunda vuelta.
De esos resultados el más notorio es el triunfo de Verónika Mendoza en primera vuelta en Cusco con 31.1%.
Allí puede haber una fuente de problemas para el gobierno de Keiko Fujimori, porque en campaña Mendoza prometió reactivar el gasoducto del sur, gas barato para hogares y empresas cusqueñas y para la industria local, y revisar o renegociar los contratos. Estos son temas que no dependen del gobierno regional sino del nacional, de modo que no podríamos descartar que, por ejemplo, decida organizar movilizaciones para exigir atención a esas demandas.
Lo mismo respecto de sus ofrecimientos en el tema de turismo, tales como mayor capacidad y autonomía regional para administrar el patrimonio cultural, revisar los contratos del tren a Machu Picchu y las concesiones hoteleras.
Sin duda querrá construir a partir de esas acciones su plataforma electoral para el 2031. No va a desaprovechar esas oportunidades.
Otra constatación de estas elecciones es que los partidos políticos que no pasaron la valla electoral en las elecciones generales y que por lo tanto pierden la inscripción a partir de enero del próximo año, han sido los que mejores resultados han obtenido, como podemos ver en el siguiente cuadro sobre cuantos candidatos de cada partido quedaron en primer lugar para gobernador regional o en segundo lugar con opción a segunda vuelta, según el conteo rápido de DATUM:

Somos Perú es el partido más exitoso. Obtuvo el primer lugar en 7 regiones y el segundo lugar en 3 (con opción de ganar en segunda vuelta). Luego vienen Alianza para el Progreso (APP) y Podemos. Son partidos que siempre han logrado colocar gobernadores y alcaldes. En esta ocasión esa tendencia se refuerza porque participó un numero bastante menor de movimientos regionales, desde que hubo la amenaza, que no se concretó al final, de que esos movimientos desaparecerían.
Lo que ocurre con estos partidos es que son en buena cuenta empresas electorales que abren sus puertas quienes quieran candidatear normalmente a cambio de un pago. Es decir, aprovechan su inscripción para vender candidaturas.
De todas maneras, sería conveniente que el Congreso concrete esta vez la decisión de eliminar los movimientos regionales junto con el restablecimiento de la reelección de alcaldes y gobernadores, eliminando una prohibición absurda y populista que ha hecho mucho daño y ha propiciado la modalidad de la reelección encubierta que se ha generalizado.
En cambio, vemos que Fuerza Popular, el partido de gobierno, prácticamente no existe. Presentó el número de candidatos mínimo para no perder la inscripción, pero no ganó en circunscripción regional alguna. No tiene presencia territorial. Esto tampoco es nuevo. En las elecciones anteriores Fuerza Popular presentó menos candidatos que otros partidos y casi no obtuvo resultados. Eso es un déficit que puede afectar la gobernabilidad, porque el partido de gobierno al parecer carece de bases de apoyo en el interior.
La presidenta debería aprovechar los viajes que haga a provincias para ir construyendo el partido que necesita para ayudarla a gobernar.
Lampadia






