Jaime de Althaus
Para Lampadia
El artículo recientemente publicado por Sebastiao Mendonça en El Comercio titulado “Los 10 pecados capitales de la CVR” ha sufrido toda clase de ataques. Pero quienes atacan deberían comenzar por leer el reciente libro del propio Mendonça (“¿Por qué Fracasó Sendero?”) en el que se sustenta el artículo.

Imagen solicitada a Grok
Se trata del primer libro serio y bien documentado sobre la naturaleza de Sendero Luminoso, las condiciones que facilitaron su surgimiento y expansión, el papel de la izquierda, la estrategia que llevó a cabo, y la estrategia que finalmente lo derrotó.
La causa de la violencia política no fue la pobreza o la desigualdad prevalecientes en Ayacucho, sino una ideología -la ideología marxista-leninista-maoísta-pensamiento Gonzalo- que predicaba la lucha armada para conquistar el poder e implantar la dictadura del proletariado (del partido en realidad).
Sebastião Mendonça sostiene que detrás de esa ideología había una ambición de poder desmedida que llevó a Abimael Guzmán a encontrar en el maoísmo el instrumento ideológico que le permitía realizar esa voluntad de poder.
Y la demostración de ello sería la manera en que Guzmán tomó lo que le convenía de maoísmo sin tomar en cuenta que la realidad peruana era distinta a la china.
Caracterizó a la sociedad peruana como semifeudal, como lo era la China cuando Mao insurge, pese a que ya no lo era sobre todo después de la reforma agraria.
El libro explica con mucho detalle el peso que tuvo el contexto ideológico de la época en el nacimiento y crecimiento de Sendero, que coincidieron con la divulgación masiva de ideas marxistas en las universidades. En las décadas de 1960 y 1970, la necesidad de la lucha armada para tomar el poder político era una «verdad» indiscutible y ampliamente mayoritaria en la izquierda.
Compartían esa verdad Vanguardia Revolucionaria -luego el PUM-, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), los grupos trotskistas (PRT y otros) y los partidos comunistas alineados con la China, como Patria Roja. “Sendero Luminoso era visto por la izquierda como un grupo radical, pero como parte del campo popular”, anota.
Como describe Mendonça, Sendero Luminoso hacía de la violencia el núcleo de su acción política y de su filosofía. “Sus asesinatos y actos terroristas no eran crímenes espantosos sino expresiones de grandeza histórica”, realizados por profetas de un nuevo destino histórico, salvadores de la humanidad.
La “cuota de sangre” era el combustible de la revolución. Fue un verdadero delirio ideológico-religioso que glorificaba la violencia y la muerte.
Mendonça hace notar que Sendero Luminoso no apreció ni explotó para sus fines la fractura entre el mundo andino y el criollo. No tuvo una predica milenarista, ni etno nacionalista. Los dirigentes de Sendero Luminoso no eran proletarios ni campesinos, sino que procedían de las capas altas de la aristocracia cultural de provincia, de una elite regional que había perdido poder y posición relativa en la economía nacional en las décadas anteriores anidando un resentimiento que fue bien canalizado por las izquierdas y Sendero.
Mendonça explica que la pretensión totalitaria de imponer a sangre y fuego modos de producción autárquicos para sostener bases de apoyo solo podía provenir del “elitismo y arrogancia social de la cúpula dirigente” de Sendero. Y eso fue la semilla de su derrota.
La incapacidad para establecer zonas liberadas en el campo debido precisamente a la resistencia campesina lo llevó a trasladar la dirección y los sistemas logísticos a la capital, generando una vulnerabilidad que se hizo patente cuando el Perú por fin logró crear un sistema de inteligencia eficaz, el GEIN.
Pero el Estado peruano se demoró demasiado en gestar la estrategia que derrotó a Sendero.
Recién en 1989 los militares entendieron que tenían que aliarse con una población que ya desde hacía años rechazaba a Sendero Luminoso.
Parte de la explicación de esa demora fue, nuevamente, la posición ambigua cuando no favorable de la izquierda frente a Sendero Luminoso.
Mendonça critica precisamente el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) porque no reconoce que la izquierda, “enfocada en un discurso de Derechos Humanos, se puso en una postura «neutral» ni con Sendero Luminoso ni con las Fuerzas del Orden, confundiendo a la población acerca de quienes eran sus verdaderos enemigos, frenando el giro político de la población y dificultando el esfuerzo de las fuerzas del orden por aproximarse a la población”.
Y resume la estrategia victoriosa así: “En forma muy sintética se puede decir que Sendero Luminoso fue destruido por un movimiento de tenaza de dos grandes fuerzas:
- La alianza del Ejército con las comunidades campesinas en los sectores rurales, y
- La acción de inteligencia del GEIN en el espacio urbano, especialmente Lima”.
Mendonça hace notar precisamente que “La CVR no hace justicia a la gesta sacrificada de la población que forzó Sendero Luminoso a ponerse a la defensiva en las zonas rurales de la sierra. La CVR no ha reconocido méritos significativos de ninguna fuerza o actor social en la derrota del terrorismo…Ese ha sido un error grave y ha dejado a la CVR en deuda con el país”.
Para la CVR -apunta Mendonça-, el conflicto se “militarizó” en los 90, pese al papel decisivo de los comités de autodefensa y de las rondas campesinas (apoyadas por el Estado), al rol clave de la inteligencia policial para capturar las cúpulas y al rol conductor del presidente de la República, algo que había sido reclamado por la crítica de izquierda en los ochenta.
Allí residió el déficit principal del informe de la CVR: no ayudó al país a capitalizar para el orgullo nacional, para la democracia y para las políticas públicas una estrategia inteligente que permitió lograr un resultado que parecía imposible y que ningún país de la región con movimientos subversivos menos crueles había logrado.
Pero Mendonça va más allá y sostiene que la premisa de su libro es que Sendero Luminoso fue derrotado en lo militar y lo político, “pero no en el terreno de las ideas, de las narrativas.
Muchas de las ideas que permitieron el surgimiento y crecimiento de Sendero Luminoso siguen siendo parte del sistema cognitivo de la política nacional.
Sin una victoria completa en el sistema de creencias de la sociedad, las victorias políticas serán siempre parciales y vulnerables”.
La batalla cultural está por darse.
Lampadia






