Fausto Salinas Lovón
Para Lampadia
Colombia y Perú se hallan en la cornisa, entre el abismo socialista y la libertad. Una buena parte de sus electores no se dan cuenta de ello y creen que el dilema es únicamente doméstico.

Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori son, respectivamente, las alternativas disponibles para los electores en cada uno de estos países para que no se conviertan en las nuevas Cuba y Venezuela.
En Cuba, como sucedió en la URSS, el comunismo real (no el utópico de universidad, de café o de redes sociales) demostró una vez más su incapacidad de proveer de lo elemental: energía, alimento y luz. Ofreció pan al precio de la libertad. No dio ni uno ni otro. Solo sobrevivió de la caridad de los enemigos de los Estados Unidos.
Por décadas fue el más grande portaviones soviético anclado a 90 millas de Miami. Luego sobrevivió con el petróleo venezolano de Chávez y Maduro. Disminuido el apoyo ruso por la guerra en Ucrania, la caída de Maduro y las negociaciones con China, la familia Castro, dueña de la Isla, negocia a estas horas una salida “decente” en Guantánamo que evite la detención de Raúl Castro en una celda de Brooklyn.
Cuba ya no puede ser vendido como el paraíso socialista y podría dejar de ser refugio de exiliados, guerrilleros y activistas. Ya no habrá espacio allí para Petros o Castillos, ni Cepedas o Cerrones.
La Venezuela de Chávez y Maduro, con 8 millones de refugiados que han salido de ese país para buscar pan, libertad y bienestar, que han debido hundirse socialmente, convertirse en los gitanos de Sudamérica, caer en el delito y prostituirse para sobrevivir, no fue refugio para nadie, pero fue el país desde el cual salían los petrodólares para financiar al Foro de Sao Paulo, la tiranía de Ortega en Nicaragua, la destrucción de Bolivia en manos de Evo Morales, los saqueos en Chile en octubre del 2019, el Kirchnerismo en Argentina, a Humala y Castillo en el Perú, entre tantos otros.
Con la caída de Maduro y su reemplazo por la felona Delcy Rodríguez, se acaba la financiación para el socialismo latinoamericano y el socialismo mundial. Ya no hay plata para el señor Pablo Iglesias y no habrá más dinero para el señor Rodríguez Zapatero, el ex presidente del Partido Socialista Obrero Español, el mayor alcahuete español de la tragedia venezolana.
Por todo eso, no es casual que el socialismo global necesite dos nuevas cabeceras de playa. Dos nuevas naciones a las cuales parasitar.
Dos economías pujantes logradas en base al libre comercio, el capitalismo y las reformas constitucionales de Uribe y Fujimori en Colombia y Perú. No les sirve ya la Bolivia exánime que dejó Evo Morales. Necesitan países prósperos y con recursos para que se refugien allí los Castros, los Diaz Canel, los jerarcas de Gaesa o las Delcys, los Diosdados y los demás jerarcas de la dictadura chavista que Trump no termina de desmontar.
Necesitan un lugar donde esconderse de sus crímenes si caen del todo o por lo menos hasta octubre, cuando las urgencias domésticas norteamericanas hagan que Trump recuerde que Latinoamérica es solo su patio trasero y todo vuelva a la normalidad socialista en esos dos países. Aun así, ya no sirven de sustento al socialismo global, son países que mueren de hambre.
Colombia y Perú son para el socialismo solamente eso. Refugios. Economías a las cuales parasitar para sobrevivir en Latinoamérica.
Necesitan presupuestos estatales para emplear a consultores y ONGs cercanas.
Necesitan cancilleres alcahuetes que los hay hasta cusqueños.
Necesitan asilarse en Miraflores o Chacarilla en Lima o en la Cabrera o Los Rosales en Bogotá porque se puede ser comunista pero no se vive ni en el Chapare, ni en el Darién.
El viraje ideológico en Ecuador, Argentina, Paraguay, Chile, Bolivia convierte a nuestras dos naciones en las “que quedan” para que el socialismo del Siglo XXI siga vivo.
Ese es el verdadero dilema que enfrentan estas naciones en junio de 2026. Por ello, el esquema es el mismo, el embuste es el mismo, el objetivo es uno solo: tomar el poder.
En Colombia Iván Cepeda ya dijo para la segunda vuelta que “no habrá el cambio constitucional” que impulsó en la primera vuelta.
En Perú el títere de Sombrero ya hizo lo mismo, sin desmarcarse de sus aliados que le exigen un cambio constitucional.
Necesitan el voto de centro para llegar, necesitan de colombianos y peruanos que no advierten lo que está en juego. Dos candidatos, el mismo embuste. Asentados en el poder, lo primero que harán es apelar al pueblo para exigir el cambio constitucional y comenzar así con el mismo libro autoritario que ya destruyó Bolivia, Venezuela y Nicaragua.
Peruanos y Colombianos, están a tiempo de salir de la cornisa, de caer en el abismo socialista y convertir sus naciones en las nuevas Cuba y Venezuela.
Los electores venezolanos que llevaron a Chávez al poder aún no salen del abismo.
A los electores bolivianos que se pusieron de costado y dejaron pasar a Evo les costó 20 años librarse de él y todavía no lo logran del todo.
A los nicaragüenses que prefirieron votar nulo o viciado se les irá la vida antes de que vuelvan a ver la libertad en su país.
No seas uno más de ellos.
Lampadia






