Jaime de Althaus
Para Lampadia
La estrategia para derrotar a la extorsión no es tan distinta a la que se aplicó en los 90 para derrotar al terrorismo: inteligencia y alianza con la población afectada.
Cuando el Estado (Fuerzas Armadas, el presidente Fujimori) entendieron que las comunidades no eran enemigas sino amigas que querían liberarse del yugo senderista, y se acercaron a ellas llevándoles armas y ayuda cívica, las comunidades respondieron y señalaron a los senderistas que integraban los comités locales de gobierno.
Salvando las distancias y diferencias, la misma alianza debe forjarse con las asociaciones de transportistas, bodegueros, mototaxistas y de comerciantes de los mercados.
Ellos tienen la información de los números de WhatsApp que extorsionan y de los números de cuentas donde depositan los montos de la extorsión.
De lo que se trata entonces es de establecer una relación de confianza con esas asociaciones para intercambiar información, brindar mecanismos de denuncia que garanticen anonimato e instalar mecanismos como los botones de pánico.
Con la información de los números de celular y de cuentas de yape o bancarias, la policía puede solicitar a las operadoras el nombre del titular del teléfono y a la UIF la información sobre la cuenta en la que se depositan los cupos.
Un libro recién publicado “Extorsión en áreas comerciales urbanas” de Jaris Mujica, Nicolas Zevallos y Christian Campo, del Instituto de criminología, propone una estrategia territorial basada en una alianza con la municipalidad, las organizaciones vecinales y de empresarios o comerciantes afectados.
Se trata de crear un ecosistema amigable entre esos actores para la defensa mutua y la identificación de los peligros y sus causantes.

Pero se requiere mejorar muchísimo la tecnología de la Policía para interceptar y extraer mensajes, geolocalizar, etc.
Los criminales trabajan hasta con drones.
El ministro de Interior me indicó hace casi un mes que requerían urgentemente 500 millones de soles para comprar tecnología indispensable, y que saldría por decreto de urgencia. No ha salido.
Es que tampoco hay la decisión política de reorganizar el Estado y el presupuesto público reduciendo o eliminado gasto inútil o redundante, para tener los fondos necesarios.
Se está avanzando en cercar los penales con las fuerzas armadas para que no salgan llamadas del interior del penal. Si eso se logra con eficiencia, se habrá resuelto parte significativa del problema. Allí también hay que adquirir e instalar escáneres y otros equipos.
Pero de nada sirve una policía más eficiente si no mejora la articulación entre policía, fiscalía y poder judicial.
El levantamiento del secreto de las comunicaciones y del secreto bancario no puede demorar tanto como demora. Eso debe ser autorizado por el juez en línea, de manera inmediata. De allí la necesidad de avanzar hacia la operación efectiva del subsistema especializado contra las extorsiones que aún no ha sido reglamentado, que junta a policías, fiscales y jueces a dedicación exclusiva para tomar decisiones de manera instantánea.
Pero eso supone resolver antes los impasses entre policía y fiscalía en torno a los roles mutuos en la investigación preliminar, algo que ya está avanzado en un 95% según el ministro de Justicia. Pero hay que culminar. No se puede luchar contra la criminalidad sin una coordinación muy afiatada entre las instituciones responsables y sin fiscales y jueces comprometidos.
En los 90 se recurrió a los jueces sin rostro. Habrá que evaluar si algo así será necesario cuando el Estado pase realmente a la ofensiva.
Está pendiente asimismo institucionalizar el Comando Unificado contra la Criminalidad presidido por la presidenta e integrado por el Premier y los ministros del Interior, Defensa y Justicia y los jefes de la policía y las FFAA, INPE y Dini, que debería reunirse cuando menos dos veces por semana para analizar la situación, los avances y retrocesos y tomar las decisiones pertinentes. Debería abocarse en lo inmediato a limpiar Trujillo.
Sin una conducción permanente al más alto nivel de un estado mayor como ese, no vamos a ganar esta guerra.
Lampadia






