Pablo Bustamante Pardo
Expresidente de IPAE
Director/Fundador de Lampadia
El gobierno de Kast en Chile empieza la reconstrucción de la economía chilena, después de más de una década sin crecimiento, opresión regulatoria y como en el Perú desde el 2011, un derrotista divorcio del Estado y el sector privado.
Ver en Lampadia dos notas al respecto:
Chile avanza – Mientras nosotros tropezamos
Paquete económico – La reforma chilena
Líneas abajo compartimos una esclarecedora entrevista a Susana Jiménez, líder de la Confiep-Plus chilena y premio al mejor economista del 2025, sobre la importancia del crecimiento económico, la rebaja de los impuestos corporativos, la desregulación y sobre la importancia de restituir los ‘contratos-ley’ para atraer inversiones de largo plazo.

Mientras que ahora, nosotros tenemos que revisitar y combatir las políticas económicas cavernarias que propone el candidato de izquierda radical y sus colegas, Chile, al igual que Argentina, Ecuador y Bolivia, se encaminan a acercarse a la políticas desarrollistas de la OECD, el grupo de 38 países más desarrollados del mundo, que ya incluye a Chile, Colombia y Costa Rica, y al que el Perú está postulando.
Jiménez, como buena economista, destaca especialmente la necesidad de crecer. Campaña cuasi solitaria de Lampadia en el Perú.
Veamos:
Susana Jiménez
“El crecimiento económico es la única forma de que exista una convergencia fiscal duradera en el tiempo»
Entrevista a Susana Jiménez
Presidenta de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) de Chile
Por Julio Nahuelhual
Publicada en «Pulso Domingo» – La Tercera de Chile
Glosada por Lampadia
La CPC es el principal gremio empresarial de Chile (un CONFIEP plus).
Su gestión se enfoca en proponer medidas pro-crecimiento, la rebaja de impuestos corporativos y la agilización de permisos para proyectos de inversión.
Susana Jiménez fue reconocida como la Economista del Año 2025 por El Mercurio.
La presidenta de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) respalda la megarreforma enviada por el gobierno esta semana y minimiza los riesgos fiscales de corto plazo. «El estrés fiscal que se puede generar más que se compensa con las perspectivas de mediano y largo plazo», dice. Apuesta por los beneficios que traerá el crecimiento económico y propone un esquema alternativo para la baja de las contribuciones.

¿Cuál es su evaluación sobre el proyecto de reconstrucción? ¿Va en el camino indicado? Es un proyecto que se hace cargo de un diagnóstico compartido y que está reflejado en los datos. Llevamos 10 años creciendo 2%. En la última década, la inversión prácticamente no ha crecido en términos reales y ese es el motor del crecimiento. Lo que refleja ese estancamiento es que si no se hace algo distinto, las perspectivas de crecimiento económico no van a cambiar. Se hace cargo también de un sentir ciudadano que ha priorizado en los últimos años el crecimiento, la creación de empleo. Llevamos más de tres años con tasas de desempleo importantes sobre el 8% y con una situación fiscal muy frágil.
El proyecto pone un peso importante en la necesidad de reglas más claras, más estables, y en la necesidad de crear más empleo formal.
¿Cuál es la medida más relevante de todo este paquete y cuál es aquella que le merece dudas? Desde hace tiempo hemos venido proponiendo una rebaja de impuestos corporativos. En los 2000 teníamos tasas de impuestos corporativos de 17% y subieron hasta 27%. En ese mismo periodo, la OCDE pasó de 32% a 23%. Hemos ido perdiendo competitividad tributaria.
Entonces, es una medida muy importante para volver a atraer inversión, generar más crecimiento, tener mayor financiamiento propio para reinvertir en las empresas.
El proyecto es deficitario fiscalmente durante, al menos, todo el gobierno de Kast. ¿Le preocupa el impacto fiscal del proyecto en el corto plazo? El proyecto lo que busca es reactivación económica y ahí no hay que confundir lo que es generar condiciones que habiliten un mayor crecimiento económico con la necesidad de compensar en el corto plazo. En régimen, esto no genera una merma para el fisco, siendo incluso conservadores en las perspectivas del crecimiento económico que esto va a generar.
Acá el problema que se quiere resolver es el bajo crecimiento económico, la baja creación de empleo. Eso requiere de un cambio en la competitividad tributaria, entre otras medidas.
El compromiso que ha tomado el gobierno es converger hacia ese equilibrio a través de una reducción del gasto. Si se genera este crecimiento económico de un punto más y, además, se implementa la reducción de gasto que ya se ha anunciado, hay un equilibrio fiscal en el mediano plazo. Hay una responsabilidad del fisco de converger hacia ese equilibrio fiscal.
¿Le parece correcto que las compensaciones del proyecto descansen específicamente en crecimiento económico? El crecimiento económico es la única forma de que exista una convergencia fiscal duradera en el tiempo, porque genera más recaudación en el tiempo.
Acá hay dos posibilidades: se mantiene la torta como está o se hace que crezca en el tiempo. Y cuando crece en el tiempo, crece para todos. Crece la proporción que va al fisco a través de los tributos y crece la que queda en las personas. Eso no tiene nombre ni apellido, no es para chicos ni para grandes, no es para un color político o el otro. Es simplemente hacer que las oportunidades de todos mejoren.
Pero el crecimiento también es algo que no controlamos y que queda expuesto a los shocks de la economía mundial que ha estado bien volátil… Los shocks internacionales por supuesto ponen una condición de inestabilidad, de riesgos, pero eso no lo podemos controlar.
Lo que sí podemos controlar son las condiciones internas, las que requieren competitividad tributaria, un manejo de política monetaria y fiscal responsable, y certezas jurídicas. Nunca vas a poder controlar lo que pasa en el mundo: guerras, batallas arancelarias, aumentos de precios de productos importados. Pero se pueden generar las mejores condiciones posibles para que internamente se pueda generar mayor atracción de inversiones, tanto nacionales como extranjeras.
En resumen, ¿no tiene preocupación por el estrés fiscal que pueda generar este proyecto en el corto plazo? No. El estrés fiscal que se puede generar más que se compensa con las perspectivas de mediano y largo plazo.
La oposición e incluso sectores del oficialismo están pidiendo compensaciones adicionales para este proyecto. El propio exministro de Hacienda, Ignacio Briones, hablaba de explorar la renta presunta y el impuesto al diésel… Esas son materias largamente discutidas y son perfectamente posibles de evaluarlas.
Sin embargo, eso es distinto a la discusión que lo que algunos plantean, que es que para enfrentar este exceso de gasto del fisco se quiere insistir en compensar aumentando tributos.
Lo que se necesita acá es justamente reducir la carga tributaria, darle más espacio a la actividad productiva, de poder desarrollarse, de tener acceso a financiamiento y a capital de trabajo. La solución no pasa por compensar la carga tributaria. Hay una necesidad de revisar las cuentas fiscales.
Para la izquierda el proyecto revive la política del «chorreo». ¿Qué le parece ese relato que ha adoptado parte de la oposición? Me parece que son consignas que no tienen un fundamento técnico. Se ha dicho mucho de que la rebaja de impuestos corporativos beneficia al 1% más rico, y lo cierto es que el 1% más rico va a seguir pagando las mismas tasas de impuestos de global complementario que paga hoy; no se han tocado las tasas marginales.
Es una frase muy vendedora, aunque sin contenido, y eso me preocupa. Cuando había un consenso de que tenemos que reactivar el crecimiento, generar más empleo y mejorar condiciones para las personas, y nos negamos a evaluar las medidas en base a evidencia técnica y nos quedamos solo con titulares vendedores, le hacemos mucho daño a la política y a la capacidad de diálogo constructivo.
¿Le parece necesario aprobar el megaproyecto con una mayoría amplia o basta con una mayoría estrecha? Es una discusión muy política. Siempre preferiría que, a través de un buen diálogo, con fundamentos técnicos y con evidencia, se logre una mayoría importante basada en la convicción de que esto es lo que hay que hacer. Cuando hay convicción de que esto es lo que hay que hacer, también se le da una mayor proyección en el tiempo. Ahora, las leyes se aprueban de acuerdo a los quórums que las leyes requieren y, por lo tanto, siendo deseable que sea por una amplia mayoría, lo importante es que se avancen en aquellas medidas que apuntan al objetivo buscado.
¿Cómo evalúa la medida que le da invariabilidad tributaria a proyectos chilenos y extranjeros por 25 años? Haber eliminado el DL 600 no fue una buena decisión. De lo contrario, estaríamos en otro país, con inversión boyante.
Hemos demostrado que los sucesivos cambios en las reglas del juego que pueden mermar la confianza de inversionistas, los que requieren reglas claras de largo plazo. Creo que es muy positivo que se amplíe no solo inversionistas extranjeros, sino que también nacionales, porque las inestabilidades que hemos vivido en los últimos 10 años son mucho más que tasas de impuestos. Hubo dos borradores constitucionales, hubo un estallido. Hay que destacar que esto no es algo tan distinto a decisiones que se tomaron, por ejemplo, en la administración anterior. En el proyecto de ley de permisos sectoriales también se estableció una suerte de invariabilidad de la normativa sectorial para los proyectos que ingresaban al proceso de permisos ambientales.
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