Fausto Salinas Lovón
Para Lampadia
El turismo no genera debates o enconos de la magnitud que se advierten en la minería o la agroexportación, respecto de las cuales hay enfoques y visiones contrapuestas en la política nacional. Hay un relativo consenso acerca de su importancia y rol en nuestra economía. No debiera ser por lo tanto uno de los escenarios de confrontación política nacional en esta segunda parte del proceso electoral.
Visto su potencial, hay aún más razones para no convertirlo en un escenario de batalla.
- El turismo global, el año 2025 llegó a superar la cifra de 1,520 millones de llegadas internacionales, 4% más que el 2019, el año anterior al COVID 2019.

- En Europa representa en promedio el 4% de su PBI (En España llega hasta el 5.4% y en Italia el 5.7%).
- En América el promedio es de 2.5% del PBI (aunque en México representa el 6.7% y en Uruguay el 7%).
- En el África representa el 3% de su PBI ( donde Marruecos lidera con más del 7.1%).
En el Perú, el año 2019 representaba el 3.9% de nuestro PBI. Llegaban 4.3 millones de turistas al año.
Luego de la pandemia su aporte al PBI se ha reducido a cerca del 3% y el año 2025, apenas hemos superado los 3.4 millones de turistas, estamos a menos del 80% del año 2019, antes del COVID – 2019.
Como se puede ver de las cifras globales, el turismo tiene potencial y dinamismo y el mundo ya se recuperó y está por encima de las cifras del año 2019. ¿Qué hicimos mal en el Perú para que nos hayamos quedado muy debajo del mundo?
Hicimos varias cosas mal, pero lo más grave tiene que ver con la gestión de nuestro principal activo turístico: MachuPicchu. Allí hay tres grandes problemas:
- Se cedió a la presión de mafias de carrousel de boletos enquistadas en el propio Ministerio de Cultura y se retrocedió en la digitalización y venta virtual de boletos. Se impuso un sistema gestionado por la propia burocracia, cuya confiabilidad es como la de la ONPE.
- Se cedió al chantaje de los intereses locales de los grupos de presión en MachuPicchu pueblo y se reservó 1,000 ingresos a MachuPicchu, cerca del 20%, para ventas en persona en esa localidad, obligando a los visitantes a que lleguen, pernocten, se alimenten en el pueblo sin saber si podrán ingresar o no a MachuPicchu luego de hacer inmensas colas que deterioran totalmente la experiencia del visitante.
- Se aceptó, como dogma de fe, la cifra de visitantes de 4,500 a 5,600 diarios que la pereza institucional del Ministerio de Cultura ha establecido, sin exigirle a este sector medidas para ampliar la cantidad de visitantes en base a nuevos accesos, el establecimiento de rutas internas que solo redujo la duración de la visita sin ampliar el número de visitantes o medidas de gestión adecuadas. La cantidad de visitantes debe llegar a 7,000 por día, por lo menos. Hay que hacerlo técnicamente posible, sin dañar el destino.
Si le sumamos a todo lo anterior aeropuertos vergonzosos como el de Cusco, gestionado por la empresa estatal CORPAC, que no tiene aire acondicionado, sala de llegada internacional apropiada, internet, ni suficientes baños, la situación se explica aún mejor.
Si le agregamos carreteras en estado lamentable por la inepcia de Gobernadores Regionales y Alcaldes o el sitio a las estaciones ferroviarias por vendedores de choclos, artesanías, menús o transportistas informales, completamos un panorama totalmente desfavorable para el desarrollo del sector.
Corregir todo lo que se ha hecho mal es posible. Es perfectamente factible.
Requiere pensar en el destino turístico en su conjunto y no en el interés menor de una población, un grupo de interés o un sector de comerciantes.
Llevar el turismo a todo su potencial, recuperar las cifras del año 2019, superarlas e incrementar su aporte al PBI traerá consigo más divisas y empleos.
Un pacto para superar los 5 millones de turistas y elevar el aporte del turismo al 5% de nuestro PBI no debe ser una quimera.
Debe ser un objetivo común, el punto de encuentro de un PACTO POR EL TURISMO, donde todos apuntemos en la misma dirección.
Lampadia






