Alejandro Deustua
Contexto.org
12 de mayo de 2026
Para Lampadia
Mientras el acuerdo de libre comercio entre el MERCOSUR y la Unión Europea suscrito en enero pasado ha entrado temporalmente en vigencia, el candidato Roberto Sánchez insiste en que, de ser electo, revisará el conjunto de acuerdos de similar naturaleza suscritos por el Perú.

Resulta extraordinario que quien estuvo a cargo del ministerio que sostiene que el 95% del comercio exterior peruano está cubierto por más de 22 acuerdos de libre comercio, desee cuestionar los vínculos contractuales en que se enmarcan nuestros intercambios.
Especialmente cuando la proyección de crecimiento del comercio global ha disminuido de 4.7% (2025) a 2.6% este año (FMI), la resiliencia de la economía internacional se debilita peligrosamente, la vulnerabilidad de las cadenas de suministro se multiplica y la fragmentación geopolítica con impacto económico continúa agravándose.
El incremento de esos riesgos no agota la nociva intención del candidato Sánchez. Ésta también cuestiona el sistema normas que ha sido creado por estos acuerdos en momentos en que la legislación multilateral se desgaja por obra de más influyentes actores.
Y sin tomar nota que el proteccionismo arancelario norteamericano está siendo objetado por los tribunales norteamericanos y que la viabilidad de las políticas industriales que vuelven a ganar sitio se sostiene gracias a la gran capacidad económica de las potencias mayores, el Sr. Sánchez apenas basa su planteamiento proto-estatista en la defensa de un principio de soberanía mal aplicado.
En efecto, consumido por nociones de soberanía absoluta el candidato ni siquiera distingue entre sujetos y contenidos de los diferentes acuerdos.
En relación a lo primero Sánchez prefiere no reconocer que los acuerdos se han pactado mediante la libre expresión de voluntad del Estado peruano. Y tampoco que en condiciones de asimetría, la interdependencia generada puede mejorarse replanteando algunos asuntos (p.e. la gestión de estándares laborales y ambientales) en lugar de erosionar el valor agregado a ciertos sectores (p.e. la agroexportación), el dinamismo de empresas involucradas, el empleo correspondiente o la mayor capacidad de interacción externa.
Por lo demás, el Sr. Sánchez parece entender que el cuestionamiento unilateral de los mecanismos de acceso a grandes mercados no supondrá pérdida o reducción de esos activos intangibles. O que el riesgo implícito es menor. O que el costo arancelario para economías pequeña como la peruana puede ser menor que los daños y perjuicios estructurales que se le causaría a la economía nacional.
Y en relación a los interlocutores involucrados el candidato desconoce que las asimetrías implícitas en los acuerdos con grandes economías han sido relativamente compensadas con fuerte aumento del volumen exportador, cierta innovación y agregación de valor. Y que los acuerdos en cuestión también se han realizado con países de menor desarrollo relativo.
Nadie desconoce que la diversificación económica que los acuerdos deberían producir es todavía menor. Y que si bien la concentración exportadora en el sector minero está ligada a la naturaleza de la demanda externa, existe en el Perú también un problema de oferta nacional que el candidato prefiere no tratar.
Al cabo, el Sr. Sánchez tampoco se ha preguntado por qué países de fuerte tradición proteccionista como Brasil y Argentina (no Uruguay ni Paraguay) han negociado un acuerdo de libre comercio que eliminará el 91% de su universo arancelario. Y que a partir del 1 de mayo, esos países se benefician de una progresiva desgravación europea del 92% de sus importaciones (además de un acceso preferencial para el resto, salvo para un mínimo 0.5%).
Ello ocurrirá a pesar de que el acuerdo no ha sido aún aprobado ni revisado plenamente por el Parlamento y la Corte europeos. Si bien la provisionalidad implica un riesgo si no hubiera ratificación europea, las interacciones y el valor generados en el lapso del interinato disminuirán considerablemente esa posibilidad.
Bajo esas condiciones los productos del MERCOSUR accederán a un mercado de 450 millones de consumidores generando integración creciente entre la segunda y la sexta economía del mundo (el MERCOSUR) sumando hoy alrededor del 20% del PBI global. Aquélla se expresa en creación y vigorización de cadenas de suministro, expansión de servicios, incremento de beneficios para las PYMES involucradas, creciente inversión extranjera (especialmente para el MERCOSUR) y potenciación tecnológica.
En un escenario global que tiende a comprimir el espacio interactivo, la nueva relación entre el MERCOSUR y la Unión Europea contribuirá a expandir ese espacio. La presidenta de la Comisión Europea, urgida de diversificación generada por la fricción norteamericana, ha otorgado a ese factor extraordinaria importancia: se trataría del “más extenso acuerdo de libre comercio en el mundo” (un entusiasmo que obvia el acuerdo logrado con India, un mercado mayor).
Y lo mismo ocurre con el MERCOSUR que desea depender menos del comercio con China (su principal socio) abriendo a sus miembros el horizonte estratégico que se merecen. Al punto que algunos andinos quieren sumarse a pesar del Sr. Sánchez.
Lampadia






