Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
Acabamos de recibir dos señales contradictorias; por un lado, el dato del nivel de pobreza monetaria del Perú de 25.7% a diciembre 2025 y, por otro, el mensaje del candidato Roberto Sánchez, diciendo: “No queremos crecimiento económico, queremos desarrollo humano”.
Discúlpeme el lector por decir una tautología pero, la única forma de combatir la pobreza es creando riqueza. No hay más. Por eso tuve que revisar la hoja de vida del candidato Sánchez y encontré que estudió psicología en la UNMSM y una maestría en políticas sociales en la PUCP.
Lamentablemente, su contacto con los conceptos económicos es muy distante, si no nulo. En su actividad laboral, hasta antes de ser elegido congresista, fue gerente de administración y finanzas de la Municipalidad Provincial de Huaura, gerente de capital humano de la Municipalidad Distrital de San Borja y gerente de desarrollo social de la Municipalidad Provincial de Huaral. Ahora se entiende por qué nuestra gestión de gobierno es tan mala. ¿Qué hace un psicólogo sin experiencia ni conocimiento previo, de gerente de finanzas y administración de una municipalidad? Obviamente, aunque es una cuota política o pura corrupción, así lo hacen.
Pero nuestra preocupación central radica en que, después de rebotar a un nivel de pobreza de 30.1% en 2020, sólo la hemos reducido a 25.7% a diciembre 2025.
Es indiscutible, que aquí está el sello y “las mejores habilidades” del gobierno de Castillo/Boluarte y lo que les quedó a Jerí y Balcázar, todos ellos con el apoyo del prófugo Cerrón.
Lo cierto es que, del 2021 a la fecha, la tasa promedio de reducción acumulada de la pobreza ha sido de (0.2%) por año, con lo que necesitaríamos ocho siglos para llegar a un nivel de pobreza de 5%. Si eliminamos ese primer año, la tasa promedio acumulada del 2022 a la fecha, mejora a (2.23%) por año y, si seguimos ese ritmo, necesitaríamos 73 años para que el nivel de pobreza llegue a ese 5%. El Perú pues, requiere reducir pobreza a una tasa de (10%) por año, para lograr ese 5% en 16 años.
¿Cómo le podríamos hacer entender a un psicólogo estos datos? Por eso, al más puro estilo del “incluir para crecer” del presidiario Humala, Sánchez repite, no buscar crecimiento económico, sino “desarrollo humano”. Este candidato no ha tocado un libro de economía en su vida y, ¿así pretende gobernar un país y mejorar el índice de desarrollo humano?
La receta básica de un gobierno de reconstrucción, como el que necesitamos, es:
- Establecer como objetivos, que el nivel de pobreza no exceda al 5% de la población, al igual que el nivel de anemia infantil y, el plazo para alcanzarlo.
- Identificar las condiciones de educación, salud, nutrición y seguridad que debemos lograr para ser competitivos.
- Fijarnos un crecimiento del ingreso per cápita de, al menos, 6.0% por año.
- Asegurar agua potable, desagüe y plantas de tratamiento de agua residual en todo el país.
- Definir el tamaño y diseño del Estado, para lograr estos objetivos.
- Profesionalizar la gestión pública y estructurarla en base a meritocracia.
- Establecer qué actividades económicas se constituyen en pilares de la economía y en activos estratégicos.
- Dejar claras y estables las reglas, para emprender y hacer empresa.
- Desterrar la corrupción. Para esto, es taxativo impedir que, quien tenga antecedentes policiales, sentencias judiciales condenatorias o antecedentes de actos de inmoralidad, puedan acceder al Estado.
Un elemento indispensable es, que se debe reducir al mínimo las instituciones conducidas por gestión política. La conducción debe ser técnica, profesional, meritocrática y sostenida en el largo plazo.
Así como el Banco Central de Reserva, la Superintendencia de Banca y Seguros, la SUNAT, ESSALUD, PROINVERSIÓN, la Fiscalía y el Poder Judicial, entre otras, deben de constituirse sin sesgo político y responder a objetivos de Estado.
No plantearse estos pocos objetivos, traerá como consecuencia que, dentro de treinta años, las próximas generaciones se pregunten, qué se hizo mal, qué se hizo con toda la riqueza creada durante ese tiempo y quién es el responsable de tan mala gestión.

Imagen generada por Grok
Todos los peruanos sabemos, que desde 1990 y, especialmente desde la constitución de 1993, el Perú ha tenido un despegue económico importante, pero que, por mala gestión del Estado y mucha corrupción, los beneficios de un Estado lleno de recursos, no llegaron al ciudadano. Las regiones no tienen agua, desagüe, infraestructura y servicios educativos y de salud decentes, a pesar de todo el dinero transferido a sus gobiernos regionales y locales. Muchos Palacios Municipales y Regionales, muchos monumentos horrorosos y hasta piscina olímpica en Echarate, pero sin agua para la higiene diaria.
En las condiciones mencionadas, qué difícil resulta explicarle al ciudadano humilde, que su región y municipalidad sí recibió mucho dinero, pero que sus autoridades se las robaron y que, por eso están sufriendo las consecuencias.
Las magnitudes del robo son inmensas y las modalidades del mismo, de lo más variadas.
Pero, aun así, y con las pruebas a la vista, muchos siguen creyendo que un parlanchín les resolverá los problemas.
¡Ya ni los datos duros los convencen! ¿Habrá que cambiar el relato?
Lampadia






