Adriana Tudela
El Comercio, 20 de setiembre del 2026
“El mensaje que busca transmitir la muestra del LUM es que existía una equivalencia moral entre grupos terroristas y el Estado Peruano”.
La película “Gaslight” (1944) trata sobre un hombre que todas las noches atenuaba las luces de su casa a escondidas, haciéndole creer a su esposa que estaba alucinando el cambio de iluminación. Hoy, “gaslighting” se usa para identificar una forma de manipulación psicológica en la que una persona hace dudar a otra de su percepción de la realidad, distorsionando hechos sutil y reiteradamente.
El término describe muy bien lo que hace la izquierda con quienes observamos que en el LUM existe un relato que distorsiona lo ocurrido, pretendiendo hacernos creer que vemos fantasmas inexistentes. Se amparan en que lo mínimo indispensable para poder alegar rigor histórico está presente en la muestra para que pensemos que estamos alucinando, cuando no es así.
El mensaje que busca transmitir la muestra del LUM es que existía una equivalencia moral entre grupos terroristas y el Estado Peruano. Para captarlo, basta con analizar lo que se muestra, lo que no se muestra y los espacios dedicados a distintos hitos.
Por ejemplo, durante el recorrido no se define el marxismo-leninismo-maoísmo-pensamiento Gonzalo. No se desarrolla que el ideario de Sendero Luminoso glorificaba el uso de la violencia extrema contra civiles, especialmente contra el campesinado, ni que la consideraba una necesidad histórica y moral e incluso una herramienta pedagógica para su revolución.
Mientras que la ideología de Sendero no es señalada como principal causa, sí se afirma reiteradamente que el origen de la violencia política estuvo en las carencias generadas por el abandono del Estado. El recorrido incluso acaba con una gigantografía del muro que separa Las Casuarinas de Pamplona Alta.
El uso del espacio también es elocuente. La captura y el encarcelamiento de Abimael Guzmán no reciben el mismo protagonismo que el fin del gobierno de Alberto Fujimori, al que se dedica el gran panel “La lucha por la democracia y la justicia en el Perú de hoy”. No hay nada similar que destaque especialmente la captura de Guzmán como el principal hito de la lucha antisubversiva: incluso está ausente la simbólica foto de Guzmán con traje a rayas.
La realidad es que los terroristas atacaron al Perú en su totalidad, especialmente a los peruanos más pobres, para destruir al Estado e imponer un régimen totalitario. Sin embargo, el relato del LUM los presenta como insurgentes contra un Estado –cuya legitimidad cuestiona– que era responsable de la desigualdad y el abandono de la población que quedó atrapada en medio de esta lucha. Así, los equipara y diluye la responsabilidad de SL y el MRTA.
No se trata, pues, de un delirio colectivo. Los fantasmas del LUM sí existen.






