James de La Torre
Co Autor de ‘El crecimiento silencioso de la economía peruana 1821 – 2025’
Para Lampadia
Cuando leemos la historia, parece que todo progreso es mérito de quien ostentaba el poder de turno. Análogamente, toda crisis se atribuye a un responsable concreto. Desde luego, el manejo político implica yerros y aciertos; pero no todo avance o estancamiento tiene responsables internos, sobre todo en economías pequeñas y abiertas como la nuestra. Esta observación ha servido tanto para pinchar globos de éxito como para justificar fracasos. Por eso, aunque no deja de ser cierta, es preciso tomarla con pinzas.
En ese sentido, el presente artículo examina la incidencia del escenario mundial en el desarrollo de la economía peruana desde una perspectiva de muy largo plazo, sin personificar méritos ni culpas.
En concreto, el análisis abarca los más de doscientos años transcurridos desde la independencia.
Lo primero a destacar es que cualquier progreso en la historia de nuestro país desde 1821 está inevitablemente ligado a las transformaciones de la economía global.
Como muestra el Gráfico 1, el Perú inicia su vida republicana justo cuando la revolución productiva mundial daba sus primeros frutos.
Ambos procesos nacieron casi mellizos.
Gráfico 1. PBI mundial, 1-2022 (en dólares de 2017).

Fuente: Maddison Project Database (2023).
Previamente, la vida económica a lo largo del planeta prácticamente no había experimentado transformaciones tan profundas. Aunque los números del Maddison Project lo ilustran de manera contundente, el fenómeno también es descrito por diversos historiadores.
Por ejemplo, el neerlandés Jan Luiten van Zanden (2014) afirma que, antes de 1820, la mayoría de sociedades vivía al borde del hambre y que recién desde entonces empezaron a registrarse avances en salarios reales, educación o salud.
Algo similar propone el historiador británico Gregory Clark: “El habitante promedio del mundo de 1800 no estaba en mejor situación que la persona promedio de 100.000 a. C.” (2007, p. 1).
Algunos autores denominan este proceso ‘revolución industrial’. Aunque las innovaciones manufactureras tuvieron impactos significativos, la etiqueta esconde una serie de revoluciones productivas más amplias, no necesariamente circunscritas al campo de la manufactura. Pero esto será materia de otro artículo.
Digamos por lo pronto que la explosión económica global impactó en el Perú por medio de cuatro canales.
(1) Potenció la oferta. La llegada continua de tecnología y nuevos conocimientos de gestión empresarial impulsó la capacidad productiva del país.
(2) Aumentó la demanda. Aparecieron países con creciente capacidad adquisitiva como mercados potenciales, hasta entonces inexistentes en la práctica. Repentinamente, se crearon y ampliaron las oportunidades de intercambio comercial.
(3) Explosión conectiva internacional. Barcos, contenedores, aviones, telefonía e internet facilitaron la comunicación a escala global; es decir, las distancias se redujeron en términos de tiempo y dinero.
(4) Articulación interna. La tecnología de las carreteras, automóviles, camiones, teléfonos e internet llegó como un regalo del mundo. En el plano económico, agilizaron la circulación de bienes y servicios, sobre todo en el mundo rural que por fin pudo acceder a herramientas de hierro, fertilizantes, cercos, sistemas de riego modernos y pequeños tractores. En el plano humano, la conexión alivió el dolor de la distancia entre, por ejemplo, una migrante en Lima y su madre en una comunidad remota de los Andes.
Este empuje global no solo tuvo efectos en términos de PBI o ingresos, sino también sobre el bienestar y las condiciones de vida.
Un caso ilustrativo es el de las ciencias médicas, cuyos avances hicieron posible tratar y curar enfermedades que antes eran letales.
Estos adelantos llegaron a nuestro país, aumentaron la esperanza de vida al nacer y redujeron indicadores como la mortalidad infantil.
Avances similares se produjeron en materia de alfabetización y electricidad, antes reservada para la vida urbana.
El Gráfico 2 resume algunas de estas tendencias.
Gráfico I.11. Algunos indicadores de la evolución socioeconómica mundial.

Elaboración propia con base en Our World in Data (2024).[1]
El Perú formó parte de este ciclo extraordinario de transformaciones y tenerlo presente será fundamental cuando examinemos nuestra historia.
Sin duda, las decisiones y omisiones políticas importan, pero no son -de ninguna manera- el único factor que explica el desarrollo de los pueblos. Las economías nacionales son como botes navegando por un río. El ritmo de avance de cada uno depende de la estructura de la embarcación (el marco institucional), de la pericia de sus conductores (la macropolítica), pero también de una corriente que los arrastra y que ninguno controla por completo.
Lampadia
[1] La expectativa de vida en el mundo es de 71 años; en Perú, de 76. La proporción mundial de personas con capacidad de leer y escribir creció hasta los 87 puntos porcentuales, mientras que en el Perú superó los 94. En lo estrictamente productivo, el avance del Perú también fue superior al promedio del mundo. En doscientos años, el PBI per cápita global se multiplicó cerca de 15 veces, mientras que el peruano lo hizo más de 18.






