Rolando Arellano
El Comercio, 1 de noviembre del 2026
“Las regiones deben ser protagonistas en la construcción de una agenda nacional de crecimiento, aportando sus propias propuestas, prioridades y capacidades productivas”.
Si el Perú no crece en todas sus regiones, difícilmente podremos convertirnos en un país desarrollado. Tenemos enormes oportunidades en la minería, la agroindustria, el turismo y muchos otros sectores. Sin embargo, hay una pregunta que debemos poner sobre la mesa: ¿cómo convertimos el potencial de las regiones en crecimiento, empleo formal y bienestar para más peruanos?
Durante años, hemos hablado de descentralización en términos de distribución de recursos y presupuestos. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, en el 2025 los gobiernos regionales y locales concentraron el 61% de la inversión pública nacional. Sin embargo, tan importante como obtener el presupuesto es lograr que esas inversiones impulsen la actividad productiva y respondan a las necesidades de cada región.
El desarrollo del Perú no puede seguir pensándose únicamente desde Lima. Las regiones deben ser protagonistas en la construcción de una agenda nacional de crecimiento, aportando sus propias propuestas, prioridades y capacidades productivas. Esto implica conectar a las empresas grandes, medianas y pequeñas con nuevos mercados, inversiones y cadenas de valor.
También necesitamos una relación más cercana y efectiva entre el Estado y el sector privado. Las autoridades deben generar condiciones para la inversión y dar continuidad a los proyectos; mientras que las empresas, en tanto, deben involucrarse en el desarrollo de los territorios, integrar proveedores locales y contribuir a generar empleo. Mecanismos como obras por impuestos y las asociaciones público-privadas ofrecen oportunidades para trabajar juntos y acelerar soluciones.
Pero el crecimiento regional tampoco puede depender de unos pocos grandes proyectos o empresas. Su verdadero impacto se alcanza cuando una inversión abre oportunidades para muchos otros actores: cuando un productor local logra incorporarse a una cadena de suministro, cuando una pequeña empresa accede a nuevos clientes o cuando un emprendimiento puede expandirse gracias a una mejor conexión con los mercados. Así, el crecimiento deja de ser una cifra económica y comienza a convertirse en una oportunidad compartida.
Porque un país donde más peruanos encuentran oportunidades de progreso es también un país más unido, con una democracia más fuerte y mejores condiciones para construir un futuro compartido.
Precisamente por eso, CADE Ejecutivos 2026 vuelve al Cusco. No se trata solamente de realizar el principal foro empresarial del país fuera de Lima, sino de acercar la agenda empresarial nacional a las oportunidades, necesidades y voces de las regiones. Queremos que empresarios, autoridades y representantes regionales participen activamente en la definición de prioridades y en la construcción de propuestas y acuerdos que impulsen el crecimiento de sus territorios y del país.
Bajo el lema “Unidos para avanzar”, necesitamos fortalecer la articulación entre empresas, Estado, autoridades regionales, academia, sociedad civil y comunidades. Porque unirnos no significa pensar igual, sino identificar objetivos compartidos y asumir compromisos para alcanzarlos. Ningún sector ni región puede impulsar por sí solo el desarrollo que necesitamos. Las regiones no pueden ser espectadoras de las decisiones nacionales.






