Adriana Tudela
El Comercio, 1 de noviembre del 2026
“Francia, lejos de ser un estandarte de ‘neoliberalismo’, se ha convertido en la meca del estado de bienestar socialista. Les da a los franceses todo lo que la izquierda siempre reclama”.
Las últimas semanas, incendiarias protestas han sacudido París y otras ciudades de Francia, dejando a su paso monumentos históricos vandalizados, comercios saqueados y espacios públicos destruidos con una violencia indiscriminada.
Si bien las manifestaciones empezaron con estudiantes que exigían mayor gasto público para la educación, estas fueron cooptadas por grupos de izquierda radical que ampliaron el pliego de reclamos y las convirtieron en un vehículo de agitación política.
Denuncian que 10 años de “neoliberalismo” y supuestos recortes presupuestales bajo el mando de Emmanuel Macron han generado el alza en el costo de vida y exigen, a través de un chantaje violento, más gasto público. El problema está en que Francia necesita hacer precisamente lo contrario.
Si bien el gobierno de Macron anunció recortes presupuestales, estos no han llegado a aprobarse ni a aplicarse. Así que la austeridad fiscal y la responsabilidad financiera, que son de absoluta necesidad para sanear la economía francesa, no son realmente la razón de estas protestas.
Francia, lejos de ser un estandarte de “neoliberalismo”, se ha convertido en la meca del estado de bienestar socialista. Les da a los franceses todo lo que la izquierda siempre reclama: salud y educación pública gratuitas, pensiones de jubilación altas –muy por encima del promedio europeo– y un sinfín de prestaciones sociales que equivalen al 30% de su PBI.
Asimismo, subsidia a diversas industrias y mantiene varias empresas nacionalizadas. Su gasto público representa más del 57% de su PBI –lo cual supera la recaudación tributaria– y su deuda asciende al 119% de su PBI. Es decir, está ocurriendo lo que inevitablemente sucede cuando se aplican las recetas económicas socialistas: se gasta mucho más de lo que se produce y, como no alcanza, recurren al endeudamiento y a aumentar los impuestos para continuar con el despilfarro.
Durante años los franceses han estado tan ocupados en redistribuir los recursos que se están quedando sin recursos que repartir. No se han preocupado por sentar las bases que permiten la generación de riqueza, la cual únicamente puede ser producida por la libre iniciativa privada. Como dijo célebremente Margaret Thatcher: el problema del socialismo es que eventualmente se queda sin dinero ajeno para gastar.
Ahora, si tienen uno de los Estados asistencialistas más grandes de Europa, ¿por qué protestan? Porque la izquierda, incapaz de asumir el fracaso de un modelo que no crea sino que destruye la riqueza que pretende repartir, busca culpables y termina haciendo de la destrucción no solo su receta económica, sino su método político. Así lo demuestran las brutales escenas que el mundo entero ha visto.






