
Ilustración Nano Banana
Juan Infante Alosilla
Director en Fábrica de Empresarios
5 de mayo de 2026
Glosado por Lampadia
El país que queremos no es uno con trincheras opuestas.
Eso no es un país, es un campo de batalla; y en un campo de batalla no se construye nada. Tenemos que salir de esta guerra o los próximos 5 años la sociedad peruana se degradará aún más.
La política es el arte de lo posible y lo posible llama a negociar acuerdos, no a gritar adjetivos; sin embargo, los últimos años nos hemos llenado de ellos.
No hay postura que se salve: “derecha bruta y achorada”, “caviarada”, “izquierda radical”, “cojudignos”, “capitalistas”, “comunistas”, “feministas”, “pro gay”, “pro familia”, “cívicos”, “mafiosos”, “terrucos”, “asesinos”, “corruptos”, etc.
Sustantivos y adjetivos han mutado a insultos, en el extremo ser decente y honesto se ha convertido en un malos ejemplos y peores palabras.
La idea es descalificar al otro a través de un adjetivo y crear una masa articulada que no piense: hay que repetir una y otra vez las palabras en tono de insulto descalificador y hacer que los seguidores lo hagan también.
“Nosotros somos los buenos”; los otros, “los malos”.
No hables con ese, no lo escuches, no llegues a ningún acuerdo, no participes; arrincona a tu rival en lugar de buscar acuerdos para la gobernabilidad del país.
En esa guerra nada se resuelve, al contrario, todo se sigue deteriorando. No se cuestiona si los que nos representan están cumpliendo una labor positiva, si resuelven lo que necesitamos que resuelvan, lo importante es que nos mantengan con la euforia del insulto.
Mientras descalificamos a todos y la tribuna grita, las agendas particulares se van haciendo camino. No importa el bien común, importa el “toma y daca” que permite: sacar normas con nombre y apellido, negociar contratos direccionados, robarle al Estado. Y esto no ocurre solo en el gobierno central; todo está corrompido.
¿En cuántos bandos está dividido el Perú? En el típico espectro político hay tres bandos: derecha, centro, izquierda. Los opuestos se insultan entre ellos, pero negocian por lo bajo y ambos insultan al centro. El centro hace ascos tanto a la derecha como a la izquierda. Como nadie tiene mayoría parlamentaria, ninguna decisión en los últimos años ha sido duradera; ni siquiera la que define al presidente.
¿Sigue siendo el Perú un país centralista? La verdad, no tanto; pero en las regiones parecen no enterarse de que los gobiernos regionales y locales ya manejan el 37% de los recursos y lo están haciendo pésimo. Es más fácil culpar de su pobre desarrollo a la capital en lugar de abogar por el surgimiento de mejores equipos de gobierno y esto empeora en las instancias de gobierno local.
Podrían reclamarle a Lima que trasladen recursos humanos y conocimiento de gestión, pero eso no ocurre. El resultado: dinero que se malutiliza y un gran porcentaje de regiones descabezadas, sin liderazgo y con sus propias riñas internas.
¿El Gobierno Central es culpable? Quizás lo que ocurre es que sus instituciones no cambiaron, a pesar del traslado presupuestal. Los ministerios deberían estar asesorando permanentemente a las instancias de gobierno regional y local, pero eso no ocurre. No ocurre nada. No hay política regional ni municipal de empleo, desarrollo económico, cuidado a la mujer, educación o salud. Por otro lado, la burguesía local y los nuevos ricos no han desarrollado un compromiso por el desarrollo de su terruño. Generan riqueza, pero no le devuelven nada al lugar que se lo permite.
¿Seguimos insultándonos o cambiamos? Los peruanos deberíamos ser mejor gobernados. No podemos seguir desperdiciando los recursos de nuestro Estado. No solo es el dinero; son también los millones de empleados de nuestro aparato público, la infraestructura actual y la que requerimos. Necesitamos líderes en lo público y líderes en el sector empresarial. El rendimiento de nuestros recursos es bajísimo y no hacemos nada.
La segunda vuelta
Todo hace indicar que vamos a tener que elegir entre los dos extremos candidatos con mayor resistencia: Fujimori y Sánchez. Su débil votación ha sido suficiente para ponerlos ahí. Ahora tienen que conquistar el voto de una población tres veces mayor. El insulto ya no sirve. No sirve para ganar y no servirá para gobernar.
Ganará la candidata o el candidato que teja puentes con mayor destreza: puentes con el centro al cual han denigrado. Es posible que incluso necesiten entregarles el premierato para garantizar la gobernabilidad: es la única manera de obtener mayoría en el flamante Senado.
Quien realmente quiera ser presidente para ganar va a tener que comprometerse a ceder poder, amistarse con quienes sus partidarios han insultado sistemáticamente y reformatear a sus huestes. ¿Lo hará Fujimori o será Sánchez?
Y quien gane, tendrá que honrar sus compromisos asumidos para ganar, si es que no quiere pasar a la lista de presidentes que no terminaron su mandato.
Para no pecar de ingenuo, quien gane tendrá la tentación de romper sus acuerdos, se lo pedirán sus propios cuadros, y aliarse con el extremo derrotado y ahí sí, seguiremos dando tumbos viendo cómo se desarma todo el Estado.
Ahora, te pido que respondas ¿qué país quieres?
Lampadia






