Fernando Barrios
Perú21, 1 de agosto del 2026
“El Perú enfrenta hoy una transición demográfica acelerada, un aumento sostenido de enfermedades crónicas y una revolución tecnológica que está transformando los sistemas de salud en el mundo”.
El nuevo gobierno tiene la oportunidad de impulsar una reforma que el Perú ha postergado durante décadas. La evidencia demuestra que el desafío ya no es administrar mejor Essalud, sino transformar su modelo para responder a las necesidades del siglo XXI.
El inicio de un nuevo gobierno ofrece una oportunidad que el Perú no debería desaprovechar: emprender las reformas estructurales que el país ha postergado durante décadas. Entre ellas, pocas son tan urgentes como la transformación de Essalud. No se trata simplemente de designar nuevas autoridades, asignar más presupuesto o construir algunos hospitales adicionales. El verdadero desafío consiste en replantear el modelo sobre el que opera la seguridad social peruana.
La evidencia es contundente. En menos de veinte años, Essalud pasó de atender 6.4 millones de asegurados a cerca de 13 millones. Sin embargo, durante ese mismo periodo su red asistencial permaneció prácticamente estancada. Hoy cuenta con menos de 400 establecimientos de salud, luego del cierre de cerca de un centenar de Unidades Básicas de Atención Primaria (UBAP), mientras que el número de hospitales de mayor complejidad prácticamente no ha variado. La demanda casi se duplicó; la capacidad de respuesta no.
Los recursos tampoco explican por sí solos esta situación. Entre 2006 y 2011, Essalud impulsó un importante esfuerzo de inversión que elevó el gasto de capital desde niveles cercanos al 1% hasta alrededor del 10% de sus ingresos operativos. Sin embargo, esa prioridad se fue diluyendo hasta representar hoy apenas entre 2% y 3%. Es decir, la institución dispone de mayores recursos, pero invierte proporcionalmente menos en ampliar y modernizar su capacidad instalada.
Los indicadores asistenciales reflejan claramente las consecuencias. En solo cuatro años, entre 2006 y 2010, las consultas externas crecieron 69%; en contraste, durante los siguientes quince años, el incremento fue de apenas 12%, pese al crecimiento sostenido de la población asegurada. Cuando la oferta deja de acompañar a la demanda, los ciudadanos buscan alternativas. No sorprende, entonces, que el porcentaje de personas que acuden primero a una farmacia o botica frente a un problema de salud haya pasado de 10.7% a 19.2%.
Estos datos muestran una realidad que el nuevo gobierno debe asumir desde el inicio: el problema de Essalud ya no es de presupuesto; tampoco es únicamente de gestión. Es, sobre todo, un problema de modelo. Continuar haciendo más de lo mismo producirá inevitablemente los mismos resultados.
El Perú enfrenta hoy una transición demográfica acelerada, un aumento sostenido de enfermedades crónicas y una revolución tecnológica que está transformando los sistemas de salud en el mundo. Responder a estos desafíos exige evolucionar de un modelo centrado en administrar hospitales hacia un modelo de gestión estratégica del riesgo en salud, donde el objetivo principal no sea operar establecimientos, sino garantizar que cada asegurado reciba una atención oportuna, continua y de calidad.
Ese cambio comienza por separar claramente los roles. Essalud debe consolidarse como asegurador y garante del acceso, definiendo estándares, financiando prestaciones y evaluando resultados. La provisión de los servicios, en cambio, debe organizarse bajo criterios de eficiencia, calidad, transparencia y accountability, aprovechando las capacidades disponibles sin prejuicios ideológicos. Lo importante no es quién presta el servicio, sino quién garantiza mejores resultados para el paciente.
En esa lógica, resulta indispensable retomar mecanismos que demostraron su potencial, como las Asociaciones Público-Privadas (APP). Los hospitales desarrollados bajo este esquema durante el periodo 2006-2010 evidenciaron que es posible acelerar inversiones, incorporar mejores estándares de gestión y ampliar la capacidad de atención, preservando plenamente el carácter público del aseguramiento. Renunciar a estas herramientas significaría desperdiciar una experiencia valiosa para cerrar brechas.
La inteligencia artificial, las historias clínicas interoperables, la analítica predictiva y la telemedicina deben ser los habilitadores de esta transformación. No se trata de digitalizar procesos; se trata de rediseñar la manera en que prevenimos enfermedades, gestionamos los recursos y cuidamos la salud de las personas.
Los primeros meses de un gobierno son el momento en que las grandes reformas aún son posibles. Después llegan las urgencias y la inercia. El verdadero legado de un gobierno no se medirá por la cantidad de hospitales que inaugure, sino por la capacidad de construir instituciones que sigan generando bienestar décadas después. La gran pregunta ya no es cómo gestionar mejor Essalud, sino si tendremos la decisión de transformar su modelo para garantizar la seguridad social que los peruanos merecen.






