Juan Stoessel
Perú21, 4 de octubre del 2026
“Cuando se corrigen los problemas, los resultados se sienten. Pero mientras avanzamos en unas, retrocedemos en otras”.
Cuando hay gestión, el turismo avanza. El Centro de Convenciones de Lima (CCL) es un buen ejemplo. Inaugurado a fines de 2015, pasó más de una década sin operador. Mientras otros destinos competían por congresos y grandes eventos, nosotros teníamos el recinto prácticamente en desuso. El costo fue enorme. Un megaevento al mes, para 5,000 personas (el recinto tiene capacidad para 10,000), habría generado US$4 millones. En los últimos 11 años pudimos haber inyectado US$500 millones a la economía. Dejamos la oportunidad pasar.
Eso acaba de cambiar. El Gobierno adjudicó la operación del CCL a la empresa francesa GL Events Venues, uno de los grandes operadores mundiales del sector. Anuncian una inversión de US$104.7 millones para potenciar su operación y promoción. Es una excelente noticia para Lima y el Perú. El turismo de eventos es un gran generador de divisas. Quien viaja por un congreso, feria o evento gasta, en promedio, 50% más que un turista vacacional. Uno de cada tres hace un tour antes o después y cuatro de cada diez vuelven al destino.
Concesionar el CCL nos permitirá reinsertarnos en el circuito de grandes eventos internacionales, donde tenemos ventajas notables. Lima está estratégicamente ubicada en el centro de Sudamérica, tiene mar, una gastronomía de fama mundial y atractivos turísticos de primer nivel. Lo que nos faltaba era gestión.
Machu Picchu es otra señal alentadora. Desde que se implementaron cambios en la plataforma para frenar las reservas fantasma, la disponibilidad de boletos ha aumentado notoriamente. Cuando se corrigen los problemas, los resultados se sienten. Pero mientras avanzamos en unas, retrocedemos en otras.
Las conexiones internacionales en el Jorge Chávez vienen cayendo mes a mes. En julio retrocedieron 22.5%, según Ositran. Queremos convertir Lima en un hub regional, pero estamos haciendo más difícil que las aerolíneas nos conecten con el mundo. Lo advertimos: la tasa que se cobra a los pasajeros en conexión (TUUA) es una medida miope y contraproducente. Por recaudar una tasa, estamos poniendo en riesgo mucho más: pasajeros, rutas, consumo y turismo.
El viajero en tránsito también consume. Y puede convertirse en turista. El stopover, quedarse dos o tres días antes de continuar el viaje, podría traer miles de visitantes adicionales a Lima cada mes. Pero con la TUUA, hoy resulta inviable. Esperamos décadas para tener un nuevo aeropuerto. Hemos invertido millones. Ahora toca aprovecharlo.
El mensaje es simple: cuando gestionamos bien, el turismo avanza. Cuando ponemos trabas, nos frenamos solos.






