Carlos E. Aramburú
Para Lampadia
El 29 de mayo el INEI presentó los resultados preliminares del censo 2025. Es probable que debido a la tensa coyuntura electoral, esta nueva información haya pasado desapercibida. Por ello es importante analizar no sólo los cambios demográficos, sino también sus implicancias para las políticas públicas.

A continuación, presentamos algunos de los resultados más relevantes de este censo.
Seguimos creciendo. La población total sin incluir a los compatriotas que residen en el extranjero es de 34,157,665 personas.
Desde el censo anterior en 2017, la población creció en 2,920,347 habitantes. Es decir, un promedio de 365,000 personas por año, a una tasa de 1.1% anual, ligeramente superior a la del periodo intercensal anterior que fue del 1%. La inmigración extranjera, especialmente de Venezuela, ha compensado el menor crecimiento poblacional debido al descenso de la fecundidad y a una mayor mortalidad durante la pandemia.
Teniendo en cuenta que este crecimiento demográfico está compuesto por migrantes jóvenes extranjeros y por recién nacidos, habrá que tener en cuenta sus demandas por trabajo y vivienda para los primeros y de atención de salud materno-infantil y educación inicial para los segundos.

Otro dato relevante del censo 2025 es el cambio en la composición por edad. Los menores de 15 años que representaban el 26.5% de la población en 2017 pasaron a conformar el 22.9% en 2025.
Ello supone que la población de niños y adolescentes ha disminuido en más de medio millón de personas que hace ocho años.
Este proceso responde a un rápido descenso de la fecundidad; en 1966 la fecundidad llegaba a casi siete hijos por mujer al final de su vida reproductiva y en 2023 es de sólo 1.8 hijos por mujer.
Ésta es una tendencia global que permite a los padres contar con mayores recursos para un menor número de hijos.
Sin embargo, en centros poblados alejados, el menor número de niños supone no contar con escuelas y maestros para ellos, pues la normativa del sector educación establece un número mínimo aproximado de cuatro niños por aula para abrir o mantener una escuela rural.
En centros poblados dispersos de la región andina y de la Amazonia, la caída de la natalidad puede dificultar el logro de una cobertura educativa universal.
En cuanto a la composición por sexo, predominan las mujeres con una tasa de masculinidad de 97.5 hombres por cada 100 mujeres.

Esto se debe principalmente a la mayor longevidad de las mujeres frente a los hombres.
En departamentos amazónicos como Madre de Dios, San Martín y Ucayali predominan los hombres por las migraciones de colonización y la explotación informal del oro y otras actividades ilícitas.
Por el contrario, en departamentos norteños como Cajamarca la Libertad y Lambayeque hay un mayor predominio de mujeres probablemente por la emigración de varones.
Finalmente el grupo etáreo con mayor crecimiento en la última década ha sido de los mayores de 60 años que han pasado del 11.7% al 14.8% de la población total.
Lo que equivale a 1’410,298 adultos mayores adicionales.
Para 2050 se estima que la población adulto mayor será más de 9.5 millones de personas constituyendo casi el 24% de la población total.
El envejecimiento demográfico es en el Perú uno de los retos más importantes del futuro próximo, no solamente porque la mayoría de estos adultos mayores carecerán de pensiones de jubilación y otros beneficios sociales, así como porque la mayoría serán mujeres sobre todo en la cohorte de mayores de 80 años muchas de las cuales sólo dependerá de sus ahorros para sobrevivir.
En las regiones el proceso de envejecimiento responde a dos mecanismos distintos; en el caso de Puno, Huancavelica y Ancash se explica por la emigración de gente joven en busca de mejores oportunidades. Por el contrario, en el caso de Moquegua, Arequipa y Lima el envejecimiento responde a las mejores condiciones de vida y la menor mortalidad.
Otro dato Importante es la tasa de dependencia total, la que mide la proporción entre la población en edad de trabajar y la que por su edad no debería trabajar.
A nivel nacional hay 60 personas dependientes por cada 100 personas en edad laboral.
Las regiones con más altas tasas de dependencia son Loreto, Amazonas y Ucayali por su mayor natalidad. Estas regiones tienen una mayor demanda insatisfecha de planificación familiar, por ello debe reforzarse este tipo de servicios.
En cuanto a la migración interna, el censo señala que ha aumentado;
21% de las personas viven en un departamento diferente al de su nacimiento.
Lima sigue siendo el mayor polo de atracción, con un saldo migratorio positivo de 2.4 millones de personas.
Arequipa Tacna y San Martín también atraen migrantes, pero mucho menos que Lima.
Esto significa que la descentralización no ha funcionado por lo menos desde el punto de vista demográfico.
Concluyendo, la sociedad peruana está atravesando la etapa final de su transición demográfica que se acelerará en las próximas décadas y que quizás es el mayor reto para las políticas públicas.
Esperemos que el nuevo gobierno tenga en cuenta esta evidencia al revisar y actualizar los programas sociales.
Lampadia






