James de La Torre
Co Autor de ‘El crecimiento silencioso de la economía peruana 1821 – 2025’
Flamante colaborador de Lampadia

Hace unos días tuve el honor de publicar un libro que escribí en coautoría con el Dr. Richard Webb, ex-presidente en dos ocasiones del BCRP. La obra lleva por título ‘El crecimiento silencioso de la economía peruana, 1821-2025’ y lo que procura es -precisamente- entender las enormes transformaciones que experimentó el país durante su vida republicana. Estos son procesos que normalmente han sido pasados por alto, dado que la historia se suele enfocar en los acontecimientos macro-políticos.
Como en una novela de detectives, el libro parte de un enigma y su objetivo es resolverlo.
En nuestro caso, el punto de partida fue la base de datos presentada por el profesor de la Universidad del Pacifico, Bruno Seminario (1958-2021).
Por largos años, Seminario se dedicó a reconstruir las cuentas nacionales para comprender la historia de nuestro país más integralmente.
Basta con señalar que -antes de su aporte- los datos registrados (minería, comercio exterior y finanzas del Estado) sólo representaban alrededor del 20% de la economía.
‘El resto’ (la agricultura de consumo interno y el sector servicios, por ejemplo) ha sido tratado como un acápite, cuando era en realidad la mayor parte.
Por ejemplo, la historia del Perú entre 1840 y 1870 se circunscribe casi exclusivamente al guano, cuando este recurso -ni siquiera en sus mejores años- aportó el 10% de la producción nacional.
Un primer hallazgo general fue la explosión de la producción total del país.
Estandarizando las cifras a dólares de 1979, el Perú pasó de producir $156 M en 1821 a $65,160 M en el 2025.
Es decir, el tamaño de la economía se multiplicó casi 420 veces (para ponerlo en perspectiva, la población sólo lo hizo 20).
Lo que empezó como una pequeña magdalena se convirtió en una torta de bodas. ¿Cómo así un país con severas deficiencias -ampliamente conocidas- como una constante inestabilidad política, dictaduras, persecuciones, polarización, alta informalidad, profunda desigualdad, pobre nivel educativo y sin base industrial pudo expandirse de esa manera?
Para dimensionar el dato, conviene compararlo con el crecimiento de otros países en el mismo periodo.
El incremento productivo señalado se traduce en una tasa de crecimiento de 2.9% anual, la misma que supera el promedio mundial (2.4%) y la mayoría de regiones del planeta:
África Subsahariana (2.0%),
Europa Occidental (2.0%),
Europa Oriental (2.2%),
Asia del Sur y Sudeste Asiático (2.3%),
Asia Oriental (2.3%),
Medio Oriente y Norte de África (2.8%).
Tal resultado contradice una impresión general con la que se ha solido escribir nuestra historia: todo el mundo avanzó, menos nosotros.
Evidentemente, la constatación no debe conducir a una mirada triunfalista, pero sí a cuestionar la tónica con la que narramos nuestra historia.
A pesar de los obstáculos previamente mencionados y de una Guerra del Pacífico que destruyó totalmente siete décadas de esfuerzo, la población nacional persistió y puso en marcha fuerzas de crecimiento insospechadas.
En estos 200 años, algunos gobiernos aportaron, otros estorbaron, pero el Perú siguió su curso.
El libro busca poner en primer plano al peruano de a pie, al campesino olvidado por el Estado que ahorró e invirtió lo poco que ganaba, al migrante que se vio obligado a autoconstruir su vivienda y a crear su propio empleo.
Millones de peruanos anónimos tuvieron agencia activa y no fueron meramente arrastrados por los vaivenes de las altas esferas del poder.
En tiempos inciertos como el actual, en que el piso político se mueve, esperamos transmitir un mensaje de esperanza de cara al futuro. Es importante y mucho se ha escrito sobre los errores que cometimos como país, pero es momento también de reconocer nuestros logros para delinear nuevos horizontes y construir sobre lo avanzado.
En próximas columnas espero compartir algunas reflexiones acerca de qué motores hicieron posible estos cambios.
Asimismo, plantear otras preguntas que despierten curiosidad intelectual en torno a números que no siempre se condicen con nuestras percepciones.
Por ejemplo,
¿Cómo así la agricultura de consumo interno pudo multiplicarse más de 100 veces y ser más dinámica que la de exportación? Y, al mismo tiempo,
¿Cómo compatibilizar estas cifras de crecimiento con una pobreza todavía existente y visible en campos y ciudades?
Para encontrar explicaciones será necesario romper con ideas preconcebidas (‘sabidurías convencionales’ diría Galbraith) sobre nuestra historia.
Lampadia






