Aldo Mariátegui
Perú21, 2 de noviembre del 2026
“Ser un fiscal no consiste en acusar por acusar, buscar cualquier argumento para mantener un caso que ya no tiene fundamentos”.
Ser un fiscal no consiste en acusar por acusar, buscar cualquier argumento para mantener un caso que ya no tiene fundamentos, acosar por años a los investigados, negarse a admitir cualquier error y enmendarlo. Un fiscal profesional de verdad no actúa por móviles políticos, ni por populismos mediáticos, ni por ser el centro de las noticias. Eso NO es ser un fiscal, sino un exhibicionista politizado. Un fiscal es un funcionario público que investiga y eventualmente acusa, siempre con fundamentos y presumiendo la inocencia ante todo, para que la justicia se imponga cuando se debe defender a la sociedad de aquellos que delinquen. Un fiscal no es un inquisidor medieval que sin cesar asedia inocentes (lo peor de todo es que muchas veces lo hace a sabiendas de que lo son) ni tampoco un títere de las ONG o de supuestos periodistas que en realidad son activistas políticos.
Lo mismo sucede con un juez, a quien la sociedad le ha encargado la sagrada misión de impartir justicia. Un juez no es una mesa de partes de la Fiscalía. Un juez no es el protagonista de un show para que lo aplaudan las ONG. Un juez no es un actor político ni alguien que se debe dejar intimidar por lo “políticamente correcto”, el populismo mediático o un fiscal agresivo.
Un juez y un fiscal son profesionales contratados como funcionarios públicos, pagados, por ende, con los impuestos de los contribuyentes para que generen justicia en nuestra sociedad, no otra cosa.
Después de leer ayer el estupendo informe de Perú21 sobre las actuaciones del fiscal JD Pérez y el juez Zúñiga Urday en el caso Briceño, uno se pregunta cómo estos dos pudieron llegar a ocupar puestos en donde la misión primordial es buscar la justicia bajo parámetros de profesionalismo, buena fe y apego a la verdad. Tanto Pérez como Zúñiga Urday degradaron sus profesiones respectivas de abogados, fiscal y juez al no haberse comportado como debían. Es una vergüenza que Zúñiga Urday siga aún en la magistratura, laborando en Arequipa.






