Aldo Mariátegui
Perú21, 21 de setiembre del 2026
“A cuenta de este tan criminal e indignante incidente en el Liceo Naval, pocos recuerdan el bullying que motivó que Bryce Echenique deje de estudiar en el colegio Santa María”.
A cuenta de este tan criminal e indignante incidente en el colegio Liceo Naval, pocos recuerdan el episodio de bullying que motivó que nuestro escritor Bryce Echenique deje de estudiar en el colegio Santa María. Eso sucedió en 1952, cuando un instructor premilitar imbécil ordenó que le hagan dos ‘callejones oscuros’ seguidos (linchamiento por sus 120 compañeros en una especie de corredor humano). Un Bryce de 13 años acabó en una clínica (más por nervios que por lesiones serias) y la noticia en El Comercio. Bryce contó años después el incidente en su obra No me esperen en abril.
Los sádicos chiquillos psicópatas que hicieron esa barbaridad merecen un duro castigo, pero también caben algunas atingencias:
1) Horrendo que los rostros y nombres de menores de edad hayan circulado por todos lados. Incluso parece que varios de los así nombrados son inocentes por ajenos a la agresión.
2) Horrible la histeria que una vez mostró gran parte de nuestra prensa y las redes en la web con el incidente. Me recordó excesos peruanos pasados, como el cargamontón mediático —y hasta golpista— contra Merino (donde hasta se puso en el altar de la patria a dos chiquillos vándalos que entonces lamentablemente fallecieron), la incitación y el aplauso del cierre del Congreso por Vizcarra, la crucifixión de Iván Thays por escribir en El País que no le gustaba la comida peruana, etcétera.
3) Nada de tratos especiales a los autores, pero los códigos de las prisiones (y nuestro ‘reformatorio’ de Maranga no reforma a nadie, sino que es un mini-Lurigancho) establecen que los violadores presos sean también violados, peor aún que aquí la tentación para hacerlo va a incrementarse por morbo, cuestiones raciales/socioeconómicas, etcétera. Van a tener que aislarlos para evitar ultrajes.
4) Como la izquierda odia especialmente a la Marina, tampoco hay que caer ingenuamente en su juego de satanizar a esa institución por este incidente.
5) Sentí mucha vergüenza ajena con ese padre desquiciado que agredió a la prensa.






