Raúl Benavides Ganoza
El Comercio, 23 de setiembre del 2026
“Tenemos que ampliar rápidamente la base de jóvenes capacitados para incorporarse a la minería formal”.
Un dato reciente debería llamarnos la atención: 9 de cada 10 trabajadores mineros evalúan cambiar de empleo, pese a que una amplia mayoría declara estar satisfecha con sus salarios y beneficios. A primera vista parece una contradicción. En realidad, refleja un fenómeno que está transformando el mercado laboral minero: hoy existe una fuerte competencia por trabajadores capacitados y con experiencia.
Hace pocos días, por iniciativa del Cetemin, nos reunimos representantes de más de 10 empresas del sector. El diagnóstico fue prácticamente unánime: la rotación de personal ha aumentado de manera inusual. Los trabajadores reciben ofertas de otras empresas mineras, encuentran oportunidades en el extranjero y, en algunos casos, son atraídos también por la minería informal.
El fenómeno tiene una explicación. Los buenos precios internacionales de los metales han impulsado la actividad y el empleo. La minería formal peruana ha alcanzado este año un máximo histórico de 287.537 trabajadores. A ello se suma la reactivación de las exploraciones y de nuevos proyectos, que necesitarán todavía más personal calificado.
Pero la competencia por ese talento ya no es solamente nacional. Países mineros como Chile, Canadá, Australia y Estados Unidos enfrentan también importantes necesidades de trabajadores especializados. El profesional y el técnico peruano son apreciados fuera del país y tienen cada vez mayores posibilidades de migrar hacia mercados que ofrecen buenas condiciones laborales.
Esto debería ser motivo de orgullo. Durante décadas, la minería peruana ha desarrollado profesionales, técnicos y trabajadores especializados de muy buen nivel. Hoy ese talento es reconocido internacionalmente. Pero ese reconocimiento plantea también un desafío: ¿quién reemplazará a los que se van?
La respuesta no puede limitarse a competir entre empresas por los mismos trabajadores. Tenemos que ampliar rápidamente la base de jóvenes capacitados para incorporarse a la minería formal.
Aquí existe una oportunidad que el país no debería desperdiciar. Miles de jóvenes tienen dificultades para acceder a empleos formales, estables y bien remunerados, mientras la minería necesita personas preparadas para trabajar. Tenemos, por un lado, demanda de talento y, por otro, jóvenes que buscan una oportunidad. Lo que falta es construir el puente entre ambos.
Las empresas mineras deberían involucrarse más directamente en la formación de esos jóvenes, incluso financiando programas que desarrollen las competencias que realmente requiere la industria. Al mismo tiempo, debemos revisar la exigencia de experiencia previa para posiciones en las que esa experiencia puede complementarse mediante simuladores, realidad virtual, visores 3D y prácticas supervisadas en condiciones similares a las del trabajo real.
Los institutos técnicos tienen también una enorme responsabilidad. Deben responder con rapidez a las nuevas necesidades del mercado, ofreciendo programas cortos, exigentes y estrechamente vinculados con las empresas para cubrir sus demandas de trabajadores.
La escasez de trabajadores mineros no tiene por qué convertirse solamente en un problema. Puede ser una extraordinaria oportunidad para formar a una nueva generación de técnicos peruanos y ofrecerles empleos formales y bien remunerados.
La demanda ya existe. El talento también. Lo que necesitamos es formar ese talento antes de que la oportunidad se nos escape.






