Memoria no es historia
Sebastião Mendonça, autor del libro ¿Por qué fracasó Sendero?
Para Lampadia
Historia es una disciplina de las ciencias sociales, es una ciencia basada en evidencias. El propósito de la historia como ciencia es explicar el pasado a través de una investigación exhaustiva de la evidencia documental u oral accesible, del análisis crítico de las fuentes, y del trabajo con metodologías coherentes y transparentes. Fue creada por Tucídides, en el siglo V A.C., con su obra: La Guerra de Peloponeso.
La memoria es una interpretación de los hechos históricos, es un instrumento político que puede servir para unir o desunir a las naciones.

Lo inadecuado es cuando un gobierno o un grupo de intelectuales presentan su versión politizada de la memoria como se fuera la “única verdad histórica”.
Memoria es una versión que busca legitimizar a algunos actores y a deslegitimizar a otros.
Como todo instrumento político, las memorias seleccionan qué hechos mostrar, destacar y celebrar, y qué hechos dejar en la sombra, minimizar o condenar.
Lo sucedido en el Perú, en este siglo, respecto a violencia terrorista, no es una excepción.
En los últimos 30 años se han realizado centenas de estudios académicos sobre el uso político de la memoria. Ese nuevo campo de la ciencia política tiene gran relevancia para entender la política peruana en este siglo, pues la memoria se ha vuelto no solo un instrumento de lucha por el poder sino también por acceso a recursos financieros de organismos internacionales.
El uso de la memoria para fines políticos se ha transformado en un campo que se presenta como neutral, desinteresado, objetivo y moralmente superior, cuando en realidad es una modalidad de disputa por la hegemonía de los discursos políticos.
Esa forma de lucha política se ha fortalecido después del colapso del discurso marxista tradicional.
Con la caída del muro de Berlín, el ataque a las instituciones ya no podía tener por base la crítica a la sociedad de clases.
La base del nuevo discurso debería ser un juicio moral de las instituciones, debilitando el componente ético de su legitimidad.
En la experiencia internacional, ya estudiada, se ha constatado que las interpretaciones de la historia han sido utilizadas para estabilizar o desestabilizar estructuras políticas, para mantener o subvertir el poder, para unir o dividir a las naciones.
Por ello es tan importante revisar cómo se ha construido la actual memoria de la lucha antiterrorista, quienes lideraron el proceso, qué objetivos políticos los guiaron, y quienes fueron excluidos.

Los defensores de la memoria predominante hoy atacan a sus críticos como negacionistas, como quienes buscan negar hechos históricos. Así alejan la discusión de las interpretaciones usadas para articular su versión particular de los hechos.
En Perú no se debe aplicar métodos basados en casos de gobiernos represivos, tipo Sudáfrica, Argentina o Chile, o en guerras civiles como en los Balcanes o entre Israel y Palestina.
El Perú necesita construir una memoria con métodos que recojan la especificidad del conflicto provocado por el terrorismo en los años 80 y 90.
El Perú necesita una memoria que no ahonde las divisiones y desencuentros, sino que refuerce la unidad nacional, que rescate a los actores, historias y valores que posibilitaron derrotar al terrorismo, vivir en paz y recuperar a la vigencia de los derechos humanos.
El Perú requiere una aproximación metodológica específica. La recuperación de los derechos humanos en el Perú no fue resultado de la caída de un gobierno autoritario, o de la firma de un tratado de paz.
Los datos disponibles en los medios y documentos confirman que en 1995 las violaciones de los derechos humanos se redujeron a menos del 10% del promedio en los años 80, y que para 1998, las violaciones de los derechos humanos ya se habían reducido a menos de 1/25 de lo anterior.
En el caso del Perú, se puede afirmar con bastante seguridad que la recuperación de los derechos humanos fue resultado de la derrota del terrorismo.
Este no fue el caso de los países que fueron usados como modelo para crear el enfoque de construir memoria a partir de los derechos humanos.
Este hecho real no debe ser minimizado en la memoria que el Perú necesita entregar a las nuevas generaciones.
La población y las instituciones del Perú necesitan entender y valorar como aquella generación logró recuperar la vigencia de los derechos humanos para los peruanos.
Lamentablemente, la memoria construida en este siglo aporta muy poco al entendimiento de ese fenómeno.
No es difícil entender porque solo uno de diez peruanos valora a la CVR.
El conocimiento necesario para escribir la memoria no los tiene quienes han asistido el drama desde la platea.
Ese conocimiento lo tienen quienes vivieron el drama.
Ellos han pensado sobre la violencia, mientras luchaban contra Sendero Luminoso en los campos y ciudades del Perú.
Fuera por necesidad o por patriotismo, ellos arriesgaban sus vidas a diario.
Cada mañana han tenido que pensar en cómo sobrevivir un día más y, si posible, lograr una pequeña victoria contra el terror.
El conocimiento sobre cómo el Perú logró recuperar los derechos humanos para sus ciudadanos está distribuido en las cabezas de esas personas, y son miles.
Técnicamente, esto se llama cognición distribuida. Está en las reflexiones de sus horas más difíciles, revisando sus experiencias para encontrar una forma de derrotar a los terroristas, hacer justicia a los muertos, disminuir el temor de los vivos, y entregar un futuro mejor a los niños peruanos.
El Perú necesita recuperar ese conocimiento mientras los protagonistas estén vivos. Si no lo hace en ese tiempo, ese conocimiento vivencial se perderá como ha sucedido inúmeras veces en la historia de la humanidad.
Si no lo hace, las fantasías ideologizadas sustituirán las experiencias vividas.
El Perú no necesita reconciliarse con los terroristas. El Perú necesita reconciliarse con aquellos que recuperaron la paz y los derechos humanos para el país.
El Perú necesita unidad social y un conocimiento compartido de las dificultades y aciertos que hicieron posible la pacificación.
Lampadia






