Fausto Salinas Lovón
Para Lampadia
Al cierre de este artículo, el conteo de la segunda vuelta presidencial peruana está al 98.258%. El 50.004% de los votos favorecen a KF versus el 49.994 para RS. Faltan los votos en manos de los jurados electorales. Las proyecciones indican que KF ganaría la elección. Nos preguntamos entonces ¿qué es lo que toca hacer?

Aunque la respuesta es obvia y lo que toca hacer es esperar el resultado oficial para saber quién finalmente dirigirá los destinos del país, deberíamos empezar a entender el sentido del voto recibido antes que la euforia de la victoria y el enojo de la derrota aumenten la división político / social de nuestro país.
El voto ha sido, en términos mayoritarios y generales, directamente proporcional a la modernidad, el mercado y el bienestar tangible o potencial. Mientras más cercano se está o se tiene la posibilidad de acceder a todo ello, el peruano de Lima, Ica, Trujillo, Lambayeque, Piura y sobre todo el peruano que vive en el extranjero, ha optado por la alternativa promercado. Mientras más alejado se encuentra nuestro compatriota de la modernidad, de los beneficios del mercado y está más arraigado en sus tradiciones rurales y en su encono hacia Lima y la costa, más ha creído en la alternativa anti-mercado.
No cabe entonces que desde la euforia de la victoria o el enojo de la derrota olvidemos estos mensajes y construyamos trincheras para dividir aún más el país, cuando lo que urge es TENDER PUENTES entre uno y otro lado, en una y otra dirección.
No se trata solamente de buscar la gobernabilidad política con alianzas en el Congreso. No se trata solamente de buscar ministros o gabinetes fuera de la tienda política. Eso es lo de menos y lo más fácil.
No se trata sola o principalmente de eso, se trata de acercar esos dos países a los que la política divide, pero la historia une.
Se trata de acercar al Perú por encima de la división que los políticos y los agitadores quieran generar. No se trata de comenzar el ataque desde la efímera superioridad de una pálida victoria electoral o peor aún, desde la miopía, el prejuicio, la ignorancia o la arrogancia de quienes obtengan la victoria.
Tampoco se trata de dinamitar el país en base al relato de un fraude para conseguir nuevos “intis” o “bryans”.
Se trata de tender puentes para entender al “otro peruano” que no votó por mí. Al peruano que está en la otra acera, por encima y a pesar de su dirigente. Para saber sus razones, confrontar sus ideas con argumentos no con prejuicios, para entenderlo.
Harán mucho daño al país aquellos que alienten la construcción de trincheras y sigan viendo al “otro peruano” como el enemigo al cual derrotar.
Harán mucho daño quienes respondan a la derrota con violencia.
También harán mucho daño si actúan así desde el poder y el gobierno. Los liderazgos deben advertir que la experiencia de la política peruana reciente exige puentes y no trincheras.
El Perú necesita un camino compartido, no una batalla sin fin entre las fuerzas políticas que descuide los verdaderos problemas de la Nación.
Lampadia






