Entrevista a Raúl Delgado Sayán
Perú21, 23 de agosto del 2026
Carlos Cabanillas León
Prevención del desastre. El ingeniero civil advierte que no nos hemos preparado para el fenómeno de El Niño ni para el inminente terremoto 8.8 que azotará Lima. Y advierte sobre un ignorado proyecto para reforzar la Costa Verde. Estamos advertidos.
¿Podemos compararnos con los terremotos de Colombia y Venezuela?
Ya no estamos hablando solo de construcciones informales. Ya no basta que digamos que el 70% de la población del Perú es informal, con autoconstrucción y casas informales. Hemos visto delante de nuestros ojos que edificios modernos se han venido abajo completamente. Eso nos está llevando a pensar qué cosa va a ocurrir cuando nos suceda lo que el Instituto Geofísico del Perú nos dice, con argumentos, por cierto, que vamos a tener un 8.8. Un 8.8 es 225 veces más grande que el 7.4 de Venezuela. Y 120 veces más grande que el de Colombia. Y eso que el de Colombia ha sido bien profundo. Entonces, nos tiene que llevar a pensar que estamos enfrentando un reto muchísimo mayor de lo que hemos visto ante nuestros ojos.
Y en una zona más poblada.
Y en una zona más densamente poblada. Lima es la ciudad número 23 en el mundo en densidad de población. El epicentro lo conocemos. Y probablemente sea muy parecido al que tuvimos hace 280 años. Este último que hemos tenido en Lurín, que ha sido muchísimo más bajo, pero es alrededor de más o menos unos 40 a 50 km hacia la costa, o sea hacia el mar, y más o menos unos 40 km de profundidad. Eso es lo que se llama el hipocentro, porque el epicentro es lo que proyectas hacia arriba, para ubicarlo físicamente.
Dice que la placa se mete unos 6 cm por año.
La tendencia de la placa Nazca en la subducción, o sea, el intento de meterse debajo de la placa continental, hoy en día se mide. Y la tendencia sabemos que es alrededor de 6 cm y medio por año. Y si uno lo multiplica por 280 años, que fue cuando tuvimos el último de 1746, nos da que tenemos como 17 metros de energía acumulada ahí, que es muchísimo. Eso permite establecer el famoso 8.8, que son como 240 millones de toneladas de TNT, que se van a liberar en un determinado momento en esa zona de ruptura. Tenemos que estar preparados para eso, porque es lo que vamos a tener.
¿El terremoto de 1746 probablemente fue un 8.8?
Registros en esa época no había como ahora. Pero probablemente ha sido eso o incluso un poquito más, 8.9. La pregunta es muy interesante porque, si hacemos un registro de todos los grandes terremotos, todos son entre 8.8 y 9.1. Nosotros ya estamos casi casi llegando históricamente al máximo de energía acumulada. Son 280 años.
El terremoto de Pisco no libera esa energía.
No, por dos razones. Primero, porque no es de la magnitud de lo que vamos a esperar. Pero, además, es otra zona de ruptura. Es la misma colisión de placas, pero en otro sitio, otra zona de aspereza.
Menos lo de Junín hace unas semanas y lo de Ayacucho hace unos días…
El problema de eso es que puede ser que sea un reacomodo entre las placas. Pero en la medida en que tú entras hacia la sierra o hacia la selva, el foco de donde se origina es mucho más profundo, porque la placa va hacia abajo. Normalmente, cuando se trata de sismos tectónicos, como los de las placas, la profundidad de la sierra como la de la selva es muchísimo más profunda que en la costa.
Menos destructivo.
Más disipación de ondas hasta llegar a la superficie. Se siente en un área mayor, pero en realidad la intensidad y magnitud que te llegan es sobre una mayor área. Lo que sorprende en el de Colombia es que, siendo tan profundo, 107 km de profundidad, sin embargo, ha causado tanto daño. Normalmente, los que ya están en esa profundidad no causan mucho. El de Venezuela es distinto, porque eso ya es una falla geológica que ellos tienen, entonces es de 10 km de profundidad prácticamente.
Compartimos placa con Colombia.
Es la misma placa. La placa Nazca va prácticamente desde el sur de Chile hasta Centroamérica. O sea, compartimos no solamente con Chile, con Ecuador, con Colombia. Perú es uno de los países de mayor riesgo sísmico en el mundo. Como Chile. Todos somos parte del cinturón de fuego del Pacífico hasta llegar a Asia. Pero nosotros hemos tenido más silencio sísmico que Chile.
No cuenta el terremoto del 70. Lejos de la costa.
Está muy lejos. Y no llegó a ser de esa magnitud. Si hay un 8.8 va a haber tsunami de todas maneras. Y me preocupa tremendamente la Costa Verde. Tenemos un proyecto de reforzamiento. Es una iniciativa puramente privada.
Son como andenes.
Sí, pero andenes es más en el acabado final. Lo que hace que soporte la carga que tiene el acantilado y las edificaciones son una serie de anclajes que queremos hacer dentro de un muro de protección, no solamente para el gran terremoto, sino para el tsunami; para evitar que el choque del tsunami, que es una energía tremenda sobre el propio acantilado, provoque una erosión y acelere la caída. Ese proyecto lo hemos presentado incluso en foros internacionales en Estados Unidos y Japón. Incluso, si uno va a la inteligencia artificial y le pregunta sobre el proyecto para salvar los acantilados de la Costa Verde, va a encontrar el proyecto.
Una señora llevó a su hija al malecón a ver el tsunami. Fue tendencia en redes.
Una barbaridad. Primero, que la gente cree que es una ola. Es una masa de agua que viene desde atrás. En las simulaciones que se han hecho, la altura de la masa oscila entre 12 y 15 metros. Y además, al golpear, sube porque lo que viene atrás lo sigue empujando. Que es más o menos la mitad, o sea que puede llegar hasta 18 o 20 metros con la subida. Y luego, en el proyecto, hacemos una curva hacia afuera. Ese proyecto de reforzamiento de la Costa Verde ya está. Y es un crimen que no se haga. Todos me decían: “Qué interesante, pero no hay plata”.
¿Cómo prepararnos para ese terremoto 8.8?
La primera prioridad es salvar la vida. Y tenemos que enseñarle a la población a salvar la vida. Hay población que vive en edificaciones modernas y bien hechas, que no estaría mal revisar. Pero yo me estoy preocupando porque hay 3 millones de peruanos que habitan en los cerros que circundan la ciudad y sobre suelos de muy baja capacidad resistente, que son los suelos arenosos.
Villa El Salvador, Villa María del Triunfo…
Lo que circunda la ciudad fundamentalmente, la periferia. Entonces, a esas personas que no leen diarios, que no leen redes y que, además, no tienen tampoco una gran capacidad de discernimiento sobre eso, hay que hacer como hacemos en el censo. En el censo los vamos a buscar en su propia realidad. Y les decimos: “¿Sabe qué? Su vivienda se va a caer. Va a ser como lo de Junín”. Entonces, enseñarles a salvar la vida. Que los del censo sean estudiantes de último grado de Ingeniería, como una especie de Secigra, que había antes en Medicina. Que hagan esa visita. Son prácticamente ya casi ingenieros. De repente ubicarles en su vivienda alguna zona que sea un poquito más tranquila.
¿Siempre es recomendable salir?
Mientras puedas. Todos los países sísmicos tienen un sistema de alerta temprana. México, Chile, Japón. Es la alerta que estamos mandando por teléfono. El problema es que no tenemos, como Ciudad de México, una lejanía tremenda con el mar. Entonces, no tenemos tanto preaviso.
¿Hay 10 segundos?
Hay 12 segundos. No está mal ir por el celular. Pero la gente reacciona más rápido con sirenas.
Tenemos 12 segundos. ¿Qué hacemos?
Vamos a la zona de protección. Normalmente, es el encuentro de columnas con vigas o acercarse a la placa del ascensor, no meterte adentro. Ahí hay un poco más de rigidez. En todos los edificios hay una ‘S’ de zona segura.
¿El triángulo de la vida es un mito?
No, no es un mito. Es una realidad, pero hay que tener cierta lógica en lo que vas a buscar con el triángulo de la vida. En primer lugar, yo creo que la mochila está bien. El pito es sumamente importante, el agua es sumamente importante, pero yo creo más en un casco. Ese que usan los motociclistas o en obras de construcción. La única parte del cuerpo que te puede matar es la cabeza. Si te cae algo en los brazos, se rompen, pero no te mata. Pero si te cae en la cabeza, te mata. Y no es protección de cabeza ponerse las manos. Eso no se ha dicho nunca, pero el casco es muy importante.
“DEBEMOS ACTUAR”
No quiero ser catastrofista, pero, así como puede haber un terremoto como el de 1746, podría haber un Niño como el de 1877.
El clima está definiendo otro ecosistema. Somos uno de los países que van a cambiar más por la cercanía a la línea ecuatorial.
Hemos tenido Niño desde los moche, pero nunca estamos preparados. Esta lluvia ha demostrado nuestras falencias.
Sí. Y vamos a volver a tenerlo. Deberíamos estar pensando cómo vamos a enfrentar El Niño de 2030 o 2031. Hay un problema grande con el drenaje. La gente le echa la culpa a Sedapal o a la municipalidad, pero el drenaje debe ser independiente del desagüe, si no, colapsa. Tiene que tener su propia evacuación.
Los puentes de aeropuertos se pueden caer.
Son puentes temporales. Pero el puente en realidad no es que se cae por la naturaleza misma del puente. Los puentes fallan porque fallan los apoyos. Donde hay que mirar fundamentalmente es en los apoyos. Porque el tablero del puente, o sea la parte de arriba, no se va a caer porque sí. A no ser que el caudal del río crezca hasta la parte baja del puente. Ahí sí lo barre.
El Estado es muy lento para lidiar con El Niño. Usted escribe que es un país de trámites.
Esa fue una frase que acuñó el presidente Belaunde. Una persona le preguntó cuál era su peor recuerdo de sus gobiernos, y dijo: “El Perú es un país de trámites”. Y ahora es peor. Si viera ahora.
El Estado ha vuelto a crecer en burocracia.
Yo no entiendo por qué, con la inteligencia artificial, aumenta la burocracia en lugar de disminuir.
Dice que la naturaleza avisa, pero los peruanos no hacemos caso.
Dios es peruano. Pero lo estamos haciendo trabajar sobretiempo. A Dios le gusta que recemos, pero debemos actuar. Lo prioritario en este momento es tener un comando unificado.
Un Comando Niño o un Comando Terremoto, como el Comando Vacuna.
Me refiero a la toma de decisiones. Un comando único. Tenemos dos o tres meses para prevención, más allá de la descolmatación de los ríos, que es importante, pero no una solución definitiva. Podemos desviar sobrecauces en el río Piura. Deberían comprar equipo de bombeo especializado en manejar, más que agua, lodo. Y que sean bombas autocebantes. Y hay que hacer canales de recolección y evacuación fuera de la ciudad. Tienes que evitar el agua estancada que debilita viviendas y genera enfermedades. Un terremoto de 8.8 con tsunami puede generar pérdidas de US$70,000 u US$80,000 millones. En cambio, El Niño, que es terrible porque, además, afecta la agricultura, en cuanto a daño de infraestructura podría llegar a US$7,000 millones.
Pero le costó 9 puntos del PBI a Belaunde. El Niño es inevitable. ¿El terremoto también?
Ahora nuestro PBI es más alto. El Niño ya está programado. El terremoto no, pero estamos llegando al límite del aguante, al límite de la acumulación de energía.
¿Es la profecía de santa Rosa?
A santa Rosita dejémosla tranquila; es del año mil quinientos y pico. En ese entonces los terremotos eran actos de Dios, eran desastres naturales. Hoy no existe el desastre natural. Son fenómenos naturales extremos. Los desastres los hace el hombre por no prepararse para soportarlos.
“Ese tsunami de 1746 nos dio los acantilados que hoy tenemos”
¿Sirven las mallas?
Las mallas no sirven para nada. Nuestro proyecto es para reforzar el acantilado desde abajo. Hay que echar el talud. Y así le quitamos peso porque, cuidado: parte del suelo del acantilado es desmonte del Zanjón. No es terreno muy duro. Y luego va un muro de 18 metros pegado a la pista. Le ponemos unos anclajes dentro de la tierra con un bulbo de concreto al final, para desarrollar una resistencia de 100 toneladas por cada uno. Y con eso estoy conteniendo la tendencia al desplome del propio acantilado. Y así ya no importaría qué altura tienen los edificios de arriba.
¿Cómo fue el tsunami de 1746 en la Costa Verde?
La Costa Verde que hoy tú ves no es la que existía en 1746. Si te fijas en todo el recorrido de la costa peruana, no vas a encontrar nada parecido. La bajada hacia el mar es más suave. En el retorno, el tsunami se llevó todo eso, cortó…
¿La Costa Verde es así por el tsunami de 1746?
Exacto. Ese tsunami de 1746 nos dio los acantilados que hoy día tenemos. Mañana habrá otro corte, salvo que reforcemos la Costa Verde.






