Perú 21
24 de mayo del 2026
Roberto Sánchez ha advertido que en el primer día de su gobierno “echará” a Julio Velarde, actual presidente del Banco Central de Reserva (BCR), al acusarlo de gobernar únicamente para mantener contentos y felices a las empresas transnacionales y a una élite del país. Además, su plan de gobierno plantea cambiar el régimen económico de la Constitución que ha permitido fortalecer la autonomía del BCR.

Tras estas acusaciones y planteamientos, resulta oportuno identificar, de la manera más imparcial posible, cuál ha sido el resultado de la gestión de Velarde en la autoridad monetaria, así como los riesgos que implicaría vulnerar la autonomía del Banco Central mediante una modificación de la Carta Magna, especialmente con candidatos para presidir la institución como Óscar Dancourt o Alfonso López-Chau, que posean un perfil ideologizado.

Las estadísticas avalan que, gracias a la gestión de Julio Velarde y de su equipo en el BCR, el Perú es el país de la región (Sudamérica y México) que disfruta del periodo más largo de inflación continua de un solo dígito en los últimos 150 años.

Este hito favorece no a un grupo particular, sino a todos los ciudadanos y empresas que operan en el país. Que el Banco Central haya cumplido con su finalidad constitucional de preservar la estabilidad monetaria ha permitido que, en lo que va del siglo XXI (de 2001 a 2025) la moneda peruana se revalorice en 2%, una situación contraria a lo ocurrido en el mismo periodo con las divisas de Chile, Colombia, Brasil y México.
Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), en los últimos 25 años el peso chileno se depreció 50%, el peso colombiano 76%, el peso mexicano 106% y el real brasileño 138%.
Vale la pena recordar, por si alguien pretendiera menospreciar dicha apreciación del sol en este siglo, que 25 años antes la moneda peruana se depreció 6,289’625,799%. No es un error de digitación, nos depreciamos “seis mil doscientos ochenta y nueve millones seiscientos veinticinco mil setecientos noventa y nueve por ciento”.
Semejante desplome de la moneda peruana respondió al ascenso de la inflación a dos, tres y cuatro dígitos. Para evitar que las transacciones cotidianas requirieran montañas de billetes, en 1985 se le eliminaron tres ceros al sol de oro para convertirlo en el inti; posteriormente, en 1991, se le quitaron seis ceros a este último para dar paso al nuevo sol.
Al respecto, el economista peruano y profesor de Rutgers University, Roberto Chang, señaló que ningún país debería casarse con un banquero central, pero tampoco intentar arreglar una gestión exitosa como la de Velarde en el BCR, quien —según indicó— ha ejecutado una tarea que es la “envidia del mundo”.
“Hay mucha incertidumbre de lo que un eventual gobierno de izquierda quiere hacer, y una de las pocas garantías que existen en el Perú para que se mantenga cierta disciplina macroeconómica es quién maneja el Banco Central ahora”, precisó Chang.
“Los bancos centrales no solo hacen política con sus intervenciones de mercado, sino con su palabra y credibilidad. La presencia de Julio Velarde ha sido un activo valiosísimo en ese sentido en los últimos 20 años en defensa de la independencia y profesionalismo del banco”, dijo por su parte Diego Macera, director del BCR.
EL RIESGO DE TOCAR LA CONSTITUCIÓN
Para los economistas, remover a Velarde y cambiar la Constitución tienen un solo propósito: vulnerar la autonomía del Banco Central de Reserva para llevar a cabo las políticas populistas que propone el plan económico de Sánchez, las cuales en el pasado han generado inestabilidad macroeconómica, retroceso y pérdida de bienestar en los consumidores.
El plan de gobierno de Juntos por el Perú plantea una “revolución” basada en un mayor rol del Estado, cambios constitucionales y diversificación productiva. Cuestiona la privatización de empresas estatales de los años noventa y sostiene que el Estado debe recuperar capacidad empresarial, omitiendo que fueron esas políticas intervencionistas las que profundizaron la hiperinflación.
La aventura empresarial de la década de los 70 se financió con la acumulación de la deuda pública y, luego, de modo creciente, con la emisión inorgánica de la masa monetaria. Esta última, junto a la política de altos aranceles para proteger el mercado interno y los controles de capital, provocó una severa pérdida del PBI por habitante; una caída que tomó tres décadas revertir para recuperar el nivel de bienestar alcanzado en 1975.
Un trabajo de los economistas César Martinelli y Marco Vega explica que lo anterior se debió a la ineficiencia del sector público al asignar los recursos, lo que además redujo el espacio para el gasto privado. A ello se sumó que la actividad empresarial privada se contrajo drásticamente en un entorno de incertidumbre e intervencionismo discrecional.
Para retomar el rumbo, Macera explicó que la Constitución de 1993 le dotó de un blindaje institucional al BCR, prohibiéndole financiar al Gobierno central. Agregó que la autoridad monetaria tampoco puede establecer tipos de cambio diferenciados ni otorgar financiamientos sectoriales, entre otras malas prácticas del pasado.
Pero así como fue clave la Carta Magna, también lo ha sido el ejercerla con firmeza, tal como lo ha venido haciendo Velarde. Si bien la Constitución de 1979 también preveía la autonomía del Banco Central, los funcionarios de ese entonces solían ceder a los dictados del Poder Ejecutivo para financiar el déficit del sector público.
Hoy, sin embargo, entre las cartas barajadas para el directorio del BCR figuran Óscar Dancourt y Alfonso López-Chau.
El primero, exdirector del BCR en el periodo 2001-2006, formaba parte de los economistas heterodoxos que abogaban por que el Banco Central se ocupara también de impulsar la actividad económica o de dictar políticas de crédito; mientras que López-Chau se ha mostrado a favor de utilizar las reservas internacionales para fines ajenos a la política monetaria.






