Tribuna Libre
Mile Cacic
La historia del último siglo nos muestra que donde quiera que el comunismo llegó al poder, se produjo un patrón repetido de represión, asesinatos, destrucción de la economía, pobreza y falta de libertad. Pero parece que mucha gente en el Perú no conoce esta trágica historia porque estuvimos a punto de elegir como presidente a un comunista farsante disfrazado de campesino que ofrecía resolver los problemas del país cambiando la constitución y aplicando las mismas recetas fracasadas de siempre: estatizar, expropiar, crear empresas públicas, reformar agraria, etc., recetas que han convertido a muchos países en museos vivientes de la miseria y falta de libertad.
La pobreza intelectual exhibida por Sánchez, a lo largo de la campaña y lo disparatado de sus propuestas, nos hacían pensar que nadie en su sano juicio votaría por esta opción, menos aún cuando venía acompañado de un lunático ex convicto que ofrecía secuestrar al rey de España, declararle la guerra a Chile y reemplazar al catolicismo por la Iglesia juanitunista, por un ex fiscal desequilibrado y corrupto que por más de 10 años se dedicó a encubrir a la hiper corrupta Odebrecht y una mujer que a duras penas balbuceaba incoherencias.
Sorprendentemente tuvieron muchos adherentes, sin embargo, pensar que todos ellos eran comunistas sería un error, probablemente menos del 7% lo eran o se identificaban como socialistas o caviares, mientras la gran mayoría solo eran personas mal informadas y de educación precaria que los comunistas, con su inmensa capacidad para mentir, engañar y tergiversar la verdad, los engañaron fácilmente ofreciéndoles soluciones milagrosas a sus problemas. Estas personas no tienen ni idea de lo que es el comunismo y por lo tanto tampoco entienden que un régimen como el que ofrecía Sánchez, los hubiera condenado a ellos, a sus hijos y nietos a la pobreza y al atraso. Son personas que renunciaron a tener pensamiento propio, que repiten slogans que no saben lo que significan y odian a gente a la que ni conocen porque les dijeron que son el enemigo. La mayoría de estas personas tampoco eran conscientes de la afinidad ideológica de Sánchez con SL y el Movadef, pero con sus votos poco informados hicieron posible que sus líderes lleguen al parlamento nacional como es el caso de Iber Maraví, César Tito Rojas, Moisés Chipana y Alejandro Mayén, entre otros. La presencia de estos sujetos en el parlamento es una afrenta a los miles de compatriotas asesinados por sus camaradas, a sus familiares, a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional. Permitir la participación en la vida política del país a personas que reivindican la ideología criminal que causó miles de muertos y destrucción es un insulto a la memoria de sus víctimas y una amenaza para el futuro del Perú y las nuevas generaciones.
Los movimientos de inspiración comunista y senderista deben ser proscritos para siempre de la vida política del país, como lo han hecho Polonia, República Checa, los países Bálticos, Corea o Rumania, países que al igual que Perú fueron víctimas de los horrores del comunismo. En el Perú no podemos olvidar y menos convivir con los delincuentes terroristas responsables de haber causado la muerte a más de 70,000 compatriotas, de haber asesinado autoridades en plazas públicas de Huamanga o Víctor Fajardo, con los despiadados criminales que masacraron las comunidades de Lucanamarca y Soras, con los que reclutaron niños por la fuerza, fusilaron a disidentes, dinamitaron torres eléctricas, destruyeron miles de familias y que hoy pretenden usar la democracia para destruirla desde dentro. Proscribir estos movimientos criminales es impedir que las ciudades sean asoladas nuevamente por la dinamita y el odio de los coches bomba, es impedir que comunidades enteras vuelvan a vivir bajo amenazas, juicios populares y ejecuciones públicas, es impedir éxodos masivos de comunidades serranas y selváticas que abandonaron sus tierras en busca de salvación en las ciudades.
En suma, proscribir a estas ideologías criminales y a sus adherentes es un mandato pendiente que tiene el país, es memoria y convicción de que en el Perú no permitiremos que estos asesinos vuelvan a cometer más crímenes ni que las futuras generaciones de peruanos tengan que vivir expuestas a la insanía de esta nefasta ideología.






