Madeleine Osterling
Expreso, 17 de junio del 2026
Ganar una elección – y esta fue particularmente difícil – es apenas el primer paso. Fujimori tiene por delante una inmensa tarea. Los primeros cien días que tradicionalmente suelen ser los de luna de miel, no serán tan dulces. Heredará un Estado débil y una burocracia hipertrofiada durante los gobiernos de Vizcarra, Castillo y Boluarte que además de ineficiente, mostrará una profunda hostilidad hacia todo lo que represente el fujimorismo.
Por ello, la conformación de su primer gabinete será crucial. Necesitará ministros competentes, pero sobre todo operadores políticos con experiencia, capaces de gestionar conflictos, construir alianzas y capacidad de ejecutar. En especial, requerirá un Premier astuto, firme y valiente, con la autoridad suficiente para liderar una profunda reorganización del Estado.
No se trata de una cacería de brujas ni de una revancha política, se trata de asegurar que los mandos medios – aquellos funcionarios que muchas veces ejercen el verdadero poder dentro de los ministerios y se comportan como pequeños reyezuelos de sus sectores – estén alineados con los objetivos de la administración. No se puede gobernar con una burocracia dedicada a sabotear, ralentizar o bloquear decisiones
Espero que Keiko no caiga en la tentación de pagar favores políticos con ministerios, embajadas o puestos públicos. Quienes apoyaron a FP desde el inicio de la campaña, deberían darse por suficientemente recompensados con un Perú mejor gobernado y con instituciones que funcionen. La gestión pública no puede convertirse en un sistema de premios para los “leales”.
Asimismo, sería un error asumir que un empresario exitoso necesariamente será un buen ministro. Muchos conocen perfectamente los problemas de sus sectores y son expertos diagnosticando los problemas, pero no funcionan como ministros. La banda es una gran tentación, pero desafortunadamente la mayoría tiene poca capacidad para dimensionar la complejidad del aparato público. El Estado es pantagruélico. No se gestiona como una empresa privada, está llenos de controles y restricciones. Un gasto aparentemente razonable puede terminar convertido en una denuncia administrativa o penal. Quien no entiende esa realidad corre el riesgo de fracasar rápidamente, con el respectivo costo para el país
Pero quizás la tarea más importante sea sanar al Perú. La actitud asumida por Sánchez y sus satélites es penosa y muy preocupante. Negarse a aceptar los resultados y amenazar con incendiar el país es la actitud de un enemigo, de un prepotente con tufillo de dictador. Es la misma postura que adoptaron sus personeros durante el proceso electoral: no eran dos peruanos compitiendo, eran dos opositores acérrimos, dos países distintos, dos visiones irreconciliables del Perú.
Fujimori tiene la responsabilidad de cerrar las brechas y evitar que las diferencias y el resentimiento sigan siendo explotadas como armas políticas por la izquierda. Para lograrlo necesitara resultados concretos desde el primer año. Infraestructura, conectividad y servicios públicos tienen que convertirse en prioridades absolutas. Si es necesario recurrir a las FF.AA. para acelerar la construcción de obras estratégicas, debería hacerlo, firme, como lo hizo su padre.
El caso del sur del país es muy ilustrativo. Varias regiones reciben importantes recursos provenientes del canon minero pero sus ciudadanos rara vez perciben sus beneficios, debido a la incapacidad de gestión o corrupción de sus autoridades, sin embargo, los azuzadores políticos suelen responsabilizar exclusivamente a “la capital”. Durante años la izquierda ha construido un relato que sataniza a Lima: la causa de todos los males. Frente a ello, el gobierno tendrá que hacer un enorme esfuerzo de comunicación, priorizando las radios locales y provinciales, medios que se han dedicado a lavar el cerebro a un alto porcentaje de la población rural. Hay que combatir las narrativas y mentiras desde el día uno. Es indispensable hacer una campaña para captar a la mayor parte de radios de provincias, cuestan poco y hacen un daño inconmensurable.
Mucho que hacer para cumplir con lo ofrecido y cambiar el país.






