Jorge Yzusqui
Perú21, 29 de mayo del 2026
«La educación debería ser el gran tema del próximo gobierno: estabilidad en las políticas, reasignación del presupuesto hacia los aprendizajes y un sistema serio de evaluación y formación docente».
La evaluación ENLA 2025 debería haber provocado una conmoción nacional. Solo el 12.8% de los estudiantes de quinto de secundaria alcanza el nivel satisfactorio en Matemática y apenas el 11.3% en Comprensión Lectora. Nueve de cada 10 jóvenes terminan el colegio sin competencias básicas para enfrentar el futuro. Las brechas persisten y el estancamiento de los aprendizajes se ha normalizado silenciosamente.
Pero, la educación no figura entre las prioridades ciudadanas. Las encuestas de Ipsos muestran que los peruanos priorizan la delincuencia, la corrupción y el costo de vida, mientras la educación queda relegada a un segundo plano.
Parte de esta desconexión se explica porque un asalto o el alza de precios generan angustia instantánea; una mala educación revela sus costos años después, en menos oportunidades, menor productividad y mayor fragilidad institucional. A eso se suma que millones de familias enfrentan carencias más inmediatas —empleo, salud, seguridad— donde lo urgente no deja espacio para lo importante. Y cuando una tragedia educativa se repite año tras año sin reacción, la sociedad corre el riesgo de normalizarla.
Hay además un dato incómodo: el presupuesto educativo ha crecido sostenidamente en los últimos años y los resultados no mejoran. El problema no es de recursos, sino de prioridades: la inversión no se está dirigiendo a lo que realmente mueve los aprendizajes —formación docente, materiales pedagógicos, acompañamiento en aula—.
La educación debería ser el gran tema del próximo gobierno: estabilidad en las políticas, reasignación del presupuesto hacia los aprendizajes y un sistema serio de evaluación y formación docente. Sin eso, cada nueva evaluación será otro número que el país mirará un día y olvidará al siguiente.






