Iván Arenas
Perú21, 18 de setiembre del 2026
“Con facultades o no, el fujimorismo keikista ha encontrado la mina de oro de la insensatez en la izquierda más allá de la izquierda, es decir en Juntos Por el Perú “.
A dos semanas de haber tomado el mando de la primera magistratura, uno ya podía asegurar que Keiko Fujimori no sería Alberto y —por tanto— todo cambio o reforma, completa o parcial de cualquier cosa, se iba a cocer en el horno de la “real politik”; y esta nos indica que el fujimorismo no tiene mayoría en la Cámara de Diputados, pero sí puede mandar en el Senado debido a su alianza tácita con Renovación Popular.
Dos tipos de analistas leyeron mal a Keiko Fujimori y en general al gobierno naranja. Los que se afanaron que regresaba la dictadura desde el primer día de gobierno; y los que creyeron ver la continuidad del albertismo desde la primera hora. Mala suerte, ¡fallaron!
Con esas dos lecturas, con esas dos anteojeras ideológicas anteriores, se apresuraron a proyectar lo que haría o no el fujimorismo keikista, gobierno que, todo indica, parece hacer de la parsimonia y la lentitud una estrategia gubernamental que por ahora le rinde aparentes victorias a pesar de las idas y venidas. Es mejor pisar lento y seguro en el fango de la política.
La delegación de facultades es un ejemplo de cómo el fujimorismo construye y construirá su estrategia frente a una oposición que es incapaz de ser una oposición leal, una oposición de la “real politik”. Los naranjas se han tomado su tiempo (demasiado, dirían algunos), han movilizado a sus voceros y han organizado un relato que repiten día y noche (“obstruccionistas”); con el añadido que han encontrado la cuadratura al círculo a la interpretación en el Senado: una de sus comisiones —la de Constitución, en manos del fujimorismo— decidirá que sí tiene la función de modificar las materias que contiene el proyecto legislativo de facultades.
El Gobierno está hecho con el absoluto convencimiento de que no son mayoría y, por tanto, no pueden actuar a empujones o a la fuerza (como lo hizo el albertismo); el fujimorismo basa en la paciencia y la realidad una forma válida de hacer tactismo y estrategia.
Pero con facultades o no, el fujimorismo keikista ha encontrado la mina de oro de la insensatez en la izquierda más allá de la izquierda, es decir en Juntos Por el Perú. Uno de sus voceros insiste en reducir a la nada a uno de los héroes nacionales de la juventud: “Lord Velarde”, acaso el hombre que mantiene organizada la economía.
Keiko es hoy la verticalidad de un poder lento, pero poder al fin. Es presidenta y PCM a la vez. Corrige a sus ministros a falta de una línea política. Aprende a ser presidenta. Necesita reformas, que se cocerán lentas, para un Estado inepto. La oposición terminará, así no quiera, otorgando facultades. Están entre la espada y la pared y cayeron en el juego.






