Ismael Benavides
Expreso, 10 de julio del 2026
Keiko Fujimori tiene el enorme reto de no solo hacer un buen gobierno, sino dejar huella y mantener fuerte esa marca de fábrica que es el fujimorismo, que ha logrado sobrevivir después de 25 años, cuatro elecciones presidenciales, la carcelería de ella y de su padre, escándalos mediáticos, y una incesante narrativa en contra por los caviares y los medios de comunicación que crearon la figura del anti-fujimorismo. Querámoslo o no, el fujimorismo es la Constitución de 1993, el capitalismo popular, el apoyo a los más necesitados, la libertad de empresa y la solidez macroeconómica.
El Perú no siempre es grato con sus gobernantes, le pasó a Fujimori, y más recientemente a Alan García, que después de haber ganado la primera vuelta en el 2006 con 24.3% y haber hecho un excelente gobierno, solo obtuvo 5.8% en el 2016, caso digno de estudiar y analizar por los politólogos. Keiko llega a pesar de la fuerte carga negativa, cómo ocurrió con García en el 2006, y solo con hechos e identificándose con la población logrará refutar a la izquierda.
Fuerza popular tiene un plan de gobierno coherente y bien estructurado con metas de orden, de economía y de lo social, y los sintetiza en una visión:
“Al 2031 El Perú será un Perú con Orden y sin corrupción, con instituciones sólidas, reglas claras y autoridades que rindan cuentas, y un Estado al servicio de la población, eficiente y orientado a resultados. Un país que crece con estabilidad impulsa la inversión privada y el emprendimiento, y genera empleo digno y formal. Un Perú integrado donde todas las personas accedan a servicios públicos de calidad, seguridad, salud, educación y oportunidades reales de desarrollo, consolidándose como un país confiable para vivir, para trabajar, para emprender y para invertir”.
Una visión “neoliberal” dirían sin fundamento los caviares y la izquierda recalcitrante, pero la tarea que tiene el Gobierno de Fuerza Popular es enorme. Las buenas cifras macroeconómicas engañan, muchas de ellas positivas gracias a Julio Velarde, a quien Keiko acaba de ratificar. Pero 20 años de gobiernos de izquierda, con excepción de García 2, nos han dejado una pesada herencia, no solo un estado burocratizado, costoso e inepto, sino 25.7% de pobreza y 32.8% de pobladores vulnerables que apenas superan el nivel de pobreza. Es esta la población a la que apeló la izquierda capitalizando su frustración, con sus cantos de sirena. Keiko debe entender sus ansias de mejoría e identificarse con esas aspiraciones viviendo con empatía sus tribulaciones y dedicando a ellos los mayore recursos y sus mejores esfuerzos.
5 años son un largo período, y los planes de gobierno suelen frustrarse en parte, y por lo mismo el gobernante y su equipo deben priorizar lo que es indispensable para lograr sus objetivos. El periodo tampoco estará exento de sorpresas “events, dear boy, events”, célebre frase de Winston Churchill, que sintetiza que los gobiernos están sujetos a eventos inesperados, una crisis, un escándalo o un desastre natural y el mejor de los planes puede fracasar. En el Perú los eventos están a la vuelta de la esquina y no dejan de sorprendernos, un congreso dividido incapaz de llegar a consensos puede detonar eventos inesperados, cómo lo puede ser un Niño extremo, o una crisis financiera internacional. A pesar de las vicisitudes, si el pueblo percibe a una Keiko cercana, comunicativa y empática, o la ve con botas rescatando pobladores de una inundación, superará los eventos negativos y todos los antis que tiene hasta hoy, y logrará mantener su visión para el Perú que será la verdadera medición de sus resultados para el 2031.






