Fernando Calmell del Solar
Expreso, 23 de junio del 2026
«Hoy el fujimorismo tiene el deber de llamar a los mejores, pero a los mejores que sepan ejecutar, no actuar; que sepan delegar y no «articular». Hoy tiene la oportunidad de dar los primero pasos para el cambio de ciclo que los peruanos, los que votaron por ella y lo que no, exigen».
Existen en la vida algunos hechos trascendentales que marcan puntos de no retorno. Hoy ya se escucha a algunos atrevidos que, sumando el resultado de Colombia y lo ocurrido en el Perú, dan por hecho un cambio de vientos, un cambio de marea definitivo. No se puede negar que existen señales en la economía, a través de los mercados, en el reconocimiento internacional y en la confianza de empresarios que, viendo un mapa de Sudamérica de derechas, están cantando victoria.
Pero, amigos, no hay que celebrar antes de tiempo. Se ha logrado un hito que puede desencadenar un verdadero cambio, pero no deben dejarse llevar por opinólogos que ya celebran victoria ajena. Uno de los indicadores que utilizan para creer que el enemigo ha sido derrotado es la falta de protesta radical ante la victoria del fujimorismo. La paupérrima y deslucida marcha convocada por Sánchez el viernes pasado deja en evidencia que no estamos ante un gran líder, sino ante un oportunista que, apalancado por los mismos de siempre, rozó la gloria, pero se desplomó tan rápido como subió.
A esta falsa sensación de victoria se suma el cambio de discurso de esa prensa que durante años se dedicó a torpedear la democracia y proteger su cuota de poder, hablando de “dictadura de los votos”, “pactos mafiosos” y “repartijas” cada vez que algo iba en contra de sus intereses, pero que ahora, sin ningún desparpajo, reclama un gabinete multipartidario por el bien del país. Sí, los mismos que hoy exigen equilibrio de fuerzas entre el Ejecutivo y el Congreso fueron los que incentivaron con su narrativa el golpe de Estado de Vizcarra y el cierre del Congreso.
Amigos, esto ya lo vivimos en el Perú y en Sudamérica hace casi diez años. La hipocresía y la sobonería existirán siempre de parte de muchos caviares, emprendejos y mercaderes prontuariados en búsqueda de preservar su poder dentro de los aparatos que ellos crearon, dentro del sistema de justicia y otros espacios, para sobrevivir con plata de todos los peruanos; pero, en el momento en que puedan, se volverán de nuevo hacia la izquierda.
El país necesita cambios sustanciales para garantizar que todos los peruanos tengan una mejor calidad de vida. Esos cambios, con fuerza y firmeza, son necesarios para acabar con el crimen organizado, la falta de salud, la pésima educación y la desigualdad general del país. Al hacerlos, se remecerán estructuras de “amigos” y enemigos, pero no se pueden hacer de a poquitos ni siendo políticamente correctos.
Ejecutar esos cambios significará dejar sin alimento a los caviares y, sobre todo, sin fuerza a los comunistas ideológicos, que están calculando muy bien, como saben hacerlo, que colgarse de un sombrero vacío no les dará réditos para la verdadera batalla que se dará después del 28 de julio, con miras a capturar el poder regional y municipal.
Hoy el fujimorismo tiene el deber de llamar a los mejores, pero a los mejores que sepan ejecutar, no actuar; que sepan delegar y no “articular”. Hoy tiene la oportunidad de dar los primeros pasos para el cambio de ciclo que los peruanos, los que votaron por ella y los que no, exigen.






