Fernando Calmell del Solar
Expreso, 14 de julio del 2026
Decir que el país está estancado es subestimar lo que viene pasando. La realidad es que, en muchos aspectos, el país está en retroceso. La falta de gestión del Ejecutivo, desde el Gobierno central y, sobre todo, desde los gobiernos regionales y municipales, ha logrado que, en los últimos 15 años, en lo único que hayamos crecido sea en delincuencia, inseguridad y pobreza multidimensional. Y, claro, también en burocracia, planillas y tramitología, que ahogan a los peruanos y al desarrollo.
La salud y la educación están en estado de emergencia y, a pesar de que los presupuestos destinados a estos sectores han crecido exponencialmente en los últimos años, no mejoran. Cuanto más dinero ingresa, más se destina a burocracia, planillas y servicios que no se traducen en mejoras en la calidad de vida de los peruanos.
En el Perú sí hay dinero, pero la inoperancia, el abandono y la corrupción se han apoderado del país.
Entonces, ¿qué nos queda por hacer para creer y crecer? Para lograr que el país vuelva a un crecimiento anual del 10 % y que, con ello, se reduzcan la pobreza, la anemia y muchos otros problemas, será necesario ejecutar cuanto antes las grandes obras que permitan el desarrollo.
Pero, para poder ejecutar estas grandes obras, lo primero que se deberá lograr es desenredar el nudo burocrático de normas y trampas muy bien planificadas por los caviares dentro del Estado. También se tendrá que luchar contra algo más complicado: la falta de interés de muchas autoridades por ejecutar bien y sin coimas.
¿Y cómo se desenreda el nudo? Una alternativa es mediante las facultades delegadas por el Congreso, pero todos sabemos que eso podrá tomar tiempo y que no necesariamente ayudará a solucionar el problema de la gestión regional y municipal.
Entonces, ¿qué se puede hacer? Apelar al Fenómeno de El Niño y a la realidad de los distintos sectores que están en emergencia.
Así es: el nuevo Gobierno tiene la oportunidad de terminar con el ciclo del abandono y la pobreza y empezar a dar pasos hacia un cambio de ciclo, si y solo si actúa, ejecuta sin miedo y trabaja mediante decretos de urgencia que le permitan utilizar la Constitución y las leyes para pasar por encima de toda la corrupción y la inoperancia estatal instaladas.
Nos queda claro que saldrán los enemigos del desarrollo —los izquierdistas, comunistas y caviares oenegeros— a gritar y patalear, pero no se debe sucumbir a sus griteríos, al acoso mediático ni a sus amenazas de tomar las calles, ponerse las zapatillas y recurrir a la «protesta social» manipulada por intereses económicos.
Ningún peruano con sentido común saldrá a protestar ni se opondrá a tener un Estado que brinde soluciones tangibles e inmediatas.
Amigos, la realidad es esa: no solo hay que hablar sin miedo; hay que salir y ejecutar sin miedo por el bien del país.
La inversión pública debe liderar y abrir el camino, pero la inversión privada debe acompañarla y ser la que sostenga el desarrollo en el tiempo.






