Fernando Calmell del Solar
Expreso, 9 de junio del 2026
«Esta es la última oportunidad de apostar por un trabajo con estrategia, dedicado y a largo plazo, de reconstrucción del orgullo peruano, de volver a demostrar que es más libertad y menos burocracia lo que necesitamos como país. De lo contrario, nos encontramos nuevamente en cinco años contando voto por voto en la misma incertidumbre».
Una vez más, nos despertamos con incertidumbre. Al momento de escribir esta columna, la segunda vuelta arrojaba un “empate técnico”. La diferencia entre ambos candidatos no era suficiente para llenar el Estadio Nacional y, como no puedo adelantar el resultado hoy, en tono con el país, dividiré mi columna en dos partes.
La primera es que, en esta segunda vuelta, el material sí llegó a tiempo. No hubo demoras en la apertura de mesas, no hubo ampliación de horarios ni gente a la que no se le permitió votar. Como se esperaba, el conteo de votos ha sido más rápido, más simple y, en muchos lugares, gracias a la presencia de personeros, más ordenado.
Hasta ahí, bien. Pero lo que preocupa nuevamente es el conteo y cómo esos votos pasan de las actas al sistema de resultados. Al no haber permitido que el sistema sea auditado de manera transparente, nunca se pudo despejar la duda que, por errores de ellos, se generó en la primera vuelta.
Señores de la ONPE, ¿por qué más de 200 actas de Cusco se han demorado tanto en entrar? ¿Qué pasó con Loreto? Pero, sobre todo, ¿por qué la demora en las actas del extranjero? Tienen la oportunidad histórica de enmendar el papelón que hicieron en la primera vuelta y recobrar algo de credibilidad. Háganlo bien, que los peruanos merecemos tranquilidad.
El segundo punto es algo que no debería suceder y que, por el contrario, cada vez pasa con mayor intensidad. Ya hemos hablado de que la gran mayoría de peruanos no son comunistas ni creen en las ideas comunistas; por el contrario, sobreviven gracias al capitalismo informal.
Entonces me pregunto, y seguro ustedes también: ¿por qué en las regiones que tienen los índices más altos de pobreza y falta de desarrollo, donde hay más burocracia y mayor cantidad de corrupción, votan por candidatos que prometen más Estado, más burocracia y, por ende, más corrupción? ¿Por qué alguien que es asfixiado día a día por la incapacidad de sus autoridades sigue votando por candidatos que solo prometen revancha y basan su campaña en el odio y la división?
La respuesta es clara. Más del 80 % de los peruanos quiere un cambio de ciclo. Lo hemos dicho varias veces y, para la mayoría de los peruanos, lo que definen como “el sistema” no ha funcionado: este los mantiene marginados y los obliga a sobrevivir en la informalidad. Esa realidad es resultado del incansable trabajo diario que hacen la izquierda comunista y los caviares, que, sin importar si es época de elecciones o no —trabajan más cuando no lo es—, han ido construyendo esas ideas y han logrado personificar en el fujimorismo, en Keiko y en los grandes empresarios toda la culpa.
Amigos, la realidad real es que no importa cuánto se invierta en una campaña de algunos meses ni las fotos de ayuda social y donaciones: si se sigue haciendo lo mismo, esto no va a cambiar. Esta es la última oportunidad de apostar por un trabajo con estrategia, dedicado y a largo plazo, de reconstrucción del orgullo peruano, de volver a demostrar que es más libertad y menos burocracia lo que necesitamos como país. De lo contrario, nos encontraremos nuevamente en cinco años contando voto por voto en la misma incertidumbre.






