Carlos E. Gálvez Pinillos
Expresidente de la SNMPE
Para Lampadia
Hace poco acabamos de disfrutar el Simposio Minero, cuya virtud principal fue abrir espacio a todos los sectores de la economía. Esto permitió exposiciones y discusiones con mirada multisectorial, los avances y las sinergias resultantes.
Extraordinario apreciar los progresos de la agroindustria, que ha pasado de exportar unos US$600 millones al año en el 2000, a más de US$15 mil millones en el 2025.

Esto no es fruto del azar, sino el resultado de aplicar una buena estrategia en Ica y en La Libertad, quienes concentran el 37% de nuestra agroexportación; para pasar de una agricultura tradicional, a una moderna, orientada a nuevos productos desarrollados con las mejores prácticas en el campo y la máxima disciplina en la operación.
A pesar de ser la agroindustria, un sector tan vilipendiado por sus detractores en la izquierda, esta se ha convertido en un caso emblemático de éxito; con el que le hemos ganado la delantera a quienes estaban bien posicionados como primeros productores de arándanos, uvas, espárragos, mangos y nos venimos acercando a los primeros puestos en palta.
Hemos diversificado mercados, pasando de USA y Europa en el 2000, a 115 mercados, que pasan por USA, Países Bajos, China, Chile y México, entre otros, con 540 variedades de productos.
Si comenzamos por lo más básico: Tradicionalmente, los trabajadores que vivían dispersos alrededor de los campos, eran transportados diariamente de pie en camiones, tal como se transporta al ganado. Hoy, luego de apoyar a los transportistas con contratos y financiamiento, estos han adquirido algunas flotas de ómnibus, en los que moviliza cómodamente sentados a los trabajadores.
En Ica, en particular, hay pleno empleo y lo normal es que se contrate a la pareja de esposos, con lo que constituyen un ingreso familiar interesante. Se está construyendo, con programas privados, viviendas con agua, saneamiento y electricidad para 15 mil familias y se les está dotando de un club familiar para su esparcimiento.
Lo dicho significa un cambio cualitativo en la calidad de vida y en el estatus socioeconómico familiar.
Pocos imaginan que, en el trabajo de campo, se están utilizando las tecnologías más sofisticadas para obtener una producción competitiva y productiva, para productos de la más alta calidad.
Constantemente se monitorean las condiciones del clima, del suelo y su humedad y la dosificación de agua que requiere la planta.
Se analiza cotidianamente, en laboratorio, las hojas y ramas de las plantas, para controlar los nutrientes requeridos y aportárselos de inmediato, de ser el caso.
El resultado, no podría ser de otra forma, es un producto óptimo, para que cuente con la aceptación en los mercados más exigentes.
Un dato impactante, es que, una de las empresas agroindustriales, administra 200 mil panales de abejas; no para producir miel, sino para polinizar el campo.
Por las especificaciones requeridas, en muchos casos, la siembra no se hace en suelo natural, sino en macetas que contienen un material importado de alta calidad.
Al tiempo de la cosecha, se hace un monitoreo de los frutos en pequeños contenedores, tomando a los frutos contenidos en cada uno, 20 fotografías; información que se analiza para controlar la calidad.
Al tiempo del despacho, se controla la temperatura de los contenedores y los niveles de etano autogenerados, impidiendo que excedan los límites permitidos, desde el embarque y durante todo el tiempo de travesía, hasta su destino final; de tal forma que se pueda garantizar la calidad del producto cuando llegue a la mesa del consumidor final y brinde la mayor satisfacción.
Por esta somera descripción, podemos comprender el salto cualitativo que la tecnología nos ha brindado en volumen y calidad, para aprovechar la ventana de mercado que nuestro comportamiento climático permite, respecto a los otros países productores. Con esto, optimizamos nuestra llegada a los mercados, sin afectar negativamente los precios.
Por la forma de trabajo descrita y la alta tecnología empleada es que, el Perú, ha pasado de ser un ilustre desconocido en el mercado frutícola, a ser uno de los países más destacados.
Y, todo esto se ha logrado, trabajando en una extensión de 250 mil hectáreas.
Bueno pues, con los proyectos hidráulicos y de irrigación Majes-Siguas II y Chavimochic III, tenemos la posibilidad de incorporar otras 250 mil hectáreas y duplicar nuestra producción, captando nuevos mercados.
Ante estos resultados, tenemos quienes no comprenden el círculo virtuoso de la productividad del capital en manos del sector privado y el impacto positivo que ha generado la reinversión en tecnología en el campo.
Además que, este crecimiento exponencial de la industria agroexportadora, ha permitido oportunidades de trabajo bien remuneradas, calidad de vida, a quienes de otra forma, jamás hubieran salido de la pobreza y, mayor recaudación tributaria, a partir de un mayor tamaño de la economía.
Importante saber que, en el VRAEM, contamos con otras 220 mil hectáreas, con suelos de muy alta calidad y un clima extraordinario, asíncrono respecto al de nuestras actuales zonas agroexportadoras; por lo que no compiten en cuanto al ciclo productivo. Debemos construir la infraestructura carretera y de conectividad para llegar a los puertos de exportación.
Pero, que nos quede claro que, ¡el Perú es una maravilla, que aún no estamos poniendo en valor!
Lampadia






